Los sueños orientales de Gustave Moreau

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El arte europeo de finales del siglo XIX acababa de sufrir la revolución impresionista y los pintores simbolistas ya se estaban preparando para una contrarrevolución, entre comillas. Su concepto de la luz, su alteración de la realidad objetiva y la omnipresencia del mundo de los sueños, pronto les convirtieron en un movimiento. El Simbolismo pretenderá, pues, restaurar el significado de arte, que se había perdido en cierto modo para ellos durante la explosión del Impresionismo. El movimiento se decanta por la fantasía, la intimidad y el color como forma de expresión. Pues bien, la obra de Gustave Moreau, reconocido simbolista, se anticipó varias décadas a la proclamación oficial de esta estética por Jean Moréas en 1886. Por ello, muchas veces es considerado precursor del Simbolismo y su obra fue revalorizada en el siglo XX por los artistas surrealistas.

Hoy, la Fundación MAPFRE acoge, hasta el 7 de enero, la exposición  “Gustave Moreau. Sueños de Oriente”, donde se ofrece una visión completa sobre la obra de este pintor por primera vez en España. A priori, sin verla ya pinta bien: la comisaria que organiza la muestra es Marie-Cécile Forest, directora del Musée Nacional Gustave Moreau, y cuenta con las colaboraciones del Musée D’Orsay de París y el Musée des Meaux-Arts de Dijon. La exposición reúne más de 150  obras, entre pinturas, pasteles, acuarelas y dibujos, del que es considerado el creador fundamental de las iconografías del esteticismo. Moreau representa a la perfección personajes mitológicos en recónditos paisajes orientales, que curiosamente Gustave jamás visitó. El artista utilizaba de una forma magistral sus fuentes documentales pero su imaginación y su enorme capacidad creativa jugaban el papel principal.

Gustave Moreau era un verdadero apasionado y un auténtico admirador de las culturas orientales, que fueron fuente de inspiración desde sus comienzos. El recorrido de la muestra se inicia con sus obras tempranas Darius aprés la bataille d’Arbeilles , de la que se presentan los estudios preparatorios, y La Cantique des Cantiques. Ambos lienzos, pintados en  1853, ponen de manifiesto un orientalismo difuso y romántico. En 1859, cuando Moreau regresa a Francia de Italia, comienza su periodo de madurez donde combina el clasicismo florentino con el ensueño de Oriente. De esta época, destaca Le triomphe d’Alexandre le Grand, en el que el pintor quiso representar la altanería de la aristocracia india. La exposición tiene otras dos grandes protagonistas: la mujer maldita y las heroínas castradoras como Salomé, Judith o Dadila. El último apartado de la selección se dedica a la importancia de la documentación en su obra, fotografías, documentos y diversos álbumnes donde tomaba sus apuntes.

A posteriori, después de contemplar la recopilación de obras, la utilización del color como forma de expresión deja perplejo a cualquier espectador que se decida a acercarse. Además, muchos de los estudios preparatorios que acompañan a los lienzos destacan sobremanera por encima de la propia obra.

Fotografía de Salomé: www.masdearte.com
Fotografía de
Júpiter y Sémele:
 www.sacred-texts.com

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