Los Simpson, 25 años de risas amarillas

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Parafraseando al legendario Troy McClure, al que recordarán de otros especiales de la Fox como Cirugía plástica alienígena o Las cinco fabulosas semanas del show de Chevy Chase, “hoy rendimos homenaje a una familia de dibujos animados, popular y no-prehistórica”. Corría el año 1987: Aretha Franklin se había convertido en la primera mujer que ingresaba en el Rock and Roll Home of Fame, España celebraba el nacimiento de sus prestigiosos premios Goya y la URSS acababa de lanzar la nave Soyuz al espacio exterior. Poco después, el 19 de abril, El show de Tracy Ullman emitía por primera vez un pequeño corto de animación cuyo estreno, que no pasó de discreto, se convertiría con el paso del tiempo en una de las efemérides más recordadas en la historia de la televisión.

Con aquellos dos minutos primigenios, en los que Homer y Marge traumatizan a sus hijos mientras les arropan en la cama, muy pocos pudieron intuir que Matt Groening había dado en el clavo. Por entonces, aquel treintañero de Portland sólo era conocido por la tira cómica Life in Hell, un tebeo autopublicado que luego dio el salto a pequeñas revistas y diarios independientes como Wet Magazine o Los Angeles Reader. Sin embargo, aquellas historietas despertaron la curiosidad del productor James L. Brooks, responsable de series como El show de Andy Griffith o Taxi, que pensó en los dibujos de Groening para incluirlos en El Show de Tracy Ullman, “garantizada tribuna nacional de chistes psicológicos y números musicales”.

En un primer momento, Brooks estaba interesado en hacer pequeñas adaptaciones animadas de Life in Hell, pero Groening ya tenía en la cabeza su propia idea de familia disfuncional. Según cuenta la leyenda, el dibujante realizó unos bocetos, inspirados en sus padres y hermanos, justo antes de reunirse con el productor, que aceptó la idea a regañadientes. Así nacieron Los Simpson, un clan irrepetible y que ahora, convertido en icono global, celebra 25 años en lo más alto de la cúspide catódica.

Cortos, primeros éxitos y el salto a los episodios de veinte minutos

A lo largo de dos años y medio, los cortos de Los Simpson sirvieron para presentar a algunos personajes secundarios –Krusty, Rasca y Pica, el abuelo- y definir el espíritu crítico de una ficción que trataba de sacudir los cimientos del ‘american way of life’. Las 48 piezas encierran joyas como “Hora de cenar“, donde Marge señala que la mesa debe ser un lugar de comunicación, a lo que Homer responde encendiendo el televisor; “La tercera guerra mundial“, con un simulacro de ataque nuclear; “Una historia en el zoo“, con una impagable similitud entre los Simpson y una familia de monos; “Terapia familiar“, donde un psicólogo pierde los nervios ante el comportamiento de Homer, Bart y Lisa; o “El museo de arte“, que desvela los intereses de Marge por el mundo de la pintura, luego reflejados en múltiples episodios largos como “Pinceles con grandeza”-.

Matt Groening

Descubrir estos cortos es una delicia para cualquier aficionado de la serie, una invitación a curiosear en el bloc de notas donde Groening perfiló los entresijos de su criatura más celebrada. Homer era aún más paleto, pero también se preocupaba más por el cuidado de sus hijos; Marge jugaba un rol decididamente secundario, casi inexistente; Lisa no era un cerebrito, sino que su comportamiento resultaba tan vulgar que no desentonaba en el 742 de Evergreen Terrace; Bart se planteaba disyuntivas mentales agudas como “¿Qué es la mente? ¿Es sólo un sistema de impulsos o es algo tangible?”… Hasta la pequeña Maggie habló en un par de ocasiones en estas piezas de pocos segundos de duración.

Dejando a un lado las diferencias conceptuales respecto a Los Simpson que todos conocemos, los cortos tuvieron tan buena acogida que se ganaron el derecho de dar el salto a las ligas mayores: el 17 de diciembre de 1989, tras cinco meses de preparación exhaustiva, se emitió el primer capítulo de 21 minutos, “Sin blanca Navidad”, en el que la familia da la bienvenida a Pequeño Ayudante de Santa Claus, un galgo incapaz de ganar una sola carrera en el canódromo de Springfield.

Y arrancan ocho temporadas de ensueño

La recepción de la serie fue apoteósica. La Fox, que nunca había tenido una ficción propia entre las treinta con mejor audiencia de la televisión estadounidense, comenzó a intuir la joya que albergaba en sus manos. Aquella primera temporada se compuso de trece capítulos y dejó momentos emblemáticos como la definición de ‘kwyjibo’ -en “Bart, el genio”-; el homenaje a Patton -“Bart, el general”-; el triste dúo de Lisa y Murphy Encías Sangrantes -“El blues de la Mona Lisa”-; la escena de Homer y Marge a lo Oficial y Caballero -“Jacques, el rompecorazones”-; y, por supuesto, el primer encontronazo entre el vástago de Los Simpson y Robert Underdunk Terwilliger Jr., más conocido como Actor secundario Bob -“Krusty entra en chirona”-.

La revolución había llegado y los temblores se notaban por todas partes. Al contrario de lo que ocurriría posteriormente, cuando Homer se erigiera en personaje principal de la serie, las primeras temporadas estuvieron protagonizadas por Bart, que durante un corto periodo de tiempo se convirtió en uno de los niños más queridos/odiados de Norteamérica. Se vendieron 2.000 millones de dólares en camisetas con frases ofensivas y otros productos de ‘merchandising’, sin olvidar la aparición de The Simpsons sing the blues, un álbum del que se rescatan canciones tan pegadizas como la inolvidable “Do the Bartman” o “School days”, versión del tema inmortalizado por Chuck Berry.

Bart haciendo de las suyas

Para la segunda temporada, los responsables de la cadena decidieron apostar fuerte por Los Simpson y moverlos a la noche de los jueves, donde deberían competir con El show de Bill Cosby, gran gigante de la época. Aquella decisión no gustó nada a Groening y Brooks, pero en la práctica supuso el despegue definitivo de la serie, que cosechó muy buenos números en una de las franjas horarias más disputadas. Tras un par de capítulos algo insulsos, los espectadores pudieron disfrutar del primer especial de Halloween, “La casa-árbol del terror”, con una maravillosa adaptación de “El cuervo”, poema clásico de Edgar Allan Poe.

A esta temporada también pertenecen escenas inolvidables como el señor Burns escupiendo un trozo de Guiñitos, el pez mutante –“Dos coches en cada garaje y tres ojos en cada pez”-; la caída de Homer por la Garganta de Springfield –“Bart, el temerario”-; el tributo a Alfred Hitchcok con el martillazo de Maggie a Homer -“Rasca, Pica y Marge”-;  el maravilloso viaje al pasado, al ritmo de los Carpenters y su “Close to you”, para conocer el noviazgo de Homer y Marge –“Así como éramos”-; y la primera aparición de Herb, el hermano de Homer –“Tiene derecho a permanecer muerto”-.

Los vientos parecían favorables, pero el lado más conservador de Estados Unidos también se hizo escuchar, criticando los preceptos de una serie que transmitía “modelos peligrosos” a los más pequeños. Muchos colegios prohibieron la vestimenta de cualquier prenda alusiva a Los Simpson, algunas congregaciones religiosas pusieron el grito en el cielo –nunca mejor dicho- y hasta la clase política se mojó en el asunto. En octubre de 1990, en una entrevista concedida a la revista People, la primera dama Barbara Bush aseguró que Los Simpson eran “la cosa más tonta” que había visto en su vida; meses más tarde, durante un mitin electoral celebrado en enero de 1992, George Bush afirmó: “Vamos a seguir trabajando para que las familias americanas se parezcan más a Los Walton y menos a Los Simpson”.

Los Walton era otra serie de ficción, ambientada en la Virginia rural durante la Gran Depresión, en donde los miembros de una familia luchaban unidos por salir adelante frente a la adversidad. El tiro le salió por la culata a Bush con esta referencia, ya que el final de su mandato había coincidido con una crisis económica muy dura en la tierra del Tío Sam y los guionistas de Los Simpson aprovecharon la primera oportunidad para vengarse: en el capítulo inicial de la tercera temporada, “Papá, loco de atar”, Bart toma la palabra y espeta: “¡Hey, ya somos como Los Walton! Nosotros también estamos rezando para salir de la Depresión”.

Aparte de hacer frente a las críticas vertidas por los sectores más retrógrados de Estados Unidos, aquella tercera temporada de la serie vio la apertura del Zurdorium –“Cuando Flanders fracasó”-; el reencuentro de Krusty con su padre, el rabino Krustofski –“De tal palo, tal payaso”-; el sarcasmo de Homer en la descacharrante historia “El flameado de Moe”; los sueños de Homer en el país del chocolate –“Burns vende la central”-; el trabajo de Homer como representante de la seductora ‘countrygirl’ Lurleen Lumpkin –“Coronel Homer”-; y la segunda y última aparición hasta la fecha de Herb –“Hermano, ¿me prestas dos monedas?”-

Los Simpson crean escuela: aparecen Beavis y Butthead

La cuarta temporada se estrenó a lo grande en septiembre de 1992, pero antes se debe mencionar otro hecho muy significativo que tuvo lugar en esas mismas fechas: la llegada de Beavis y Butthead. Mike Judge se aprovechó del camino abierto por Los Simpson y creó su propia serie de animación destinada a un público adulto. Aquí no había un núcleo familiar, sino un par de descerebrados que escuchan ‘heavy metal’ y pasan el día sentados frente al televisor. El lenguaje, muy subido de tono, dejaba al descubierto la inocencia de la familia amarilla y sus vecinos de Springfield.

Beavis & Butthead

El gran mérito de Groening consistió en idear un formato inexistente, veinte minutos de ficción animada capaz de entretener a padres e hijos. Las situaciones apelaban a la vida real, lo que enganchaba a los adultos, pero conservaban la suficiente irracionalidad como para atrapar también a los más jóvenes. Como en todo inicio, los primeros pasos se hicieron con cautela, ya que los límites de lo aceptable y lo censurable aún no estaban claramente definidos. Judge no tuvo que preocuparse de estos corsés, pues la MTV era una cadena lo suficientemente rompedora como para aceptar esa clase de contenidos incendiarios.

Con todo, y valorando las diferencias entre una y otra serie, nadie puede negar el ascendente de Los Simpson sobre Beavis y Butthead. Como tampoco se puede negar la influencia, mucho más obvia, en obras posteriores como South Park (Trey Parker y Matt Stone, 1997), Padre de Familia (Seth MacFarlane, 1998), Futurama (Groening, 1999), los programas del canal Adult Swim (2001), Padre Made in USA (MacFarlane, 2005) o El show de Cleveland (MacFarlane, 2009).  Si el ‘blues’ es el origen de todas las músicas modernas, Los Simpson fueron el Big Bang de los dibujos animados gamberros.

Más temporadas y más capítulos míticos

Como apuntábamos hace unos párrafos, el inicio de la cuarta temporada fue sencillamente espectacular: “Kampamento Krusty”, con Barney Gamble al grito de “¡Queremos ver a Kresta!” y Homer implorando que Bart no sea el causante de la rebelión. Tampoco se debe olvidar la aparición estelar de Dios –“dentadura perfecta, olía bien…Lo que se dice un tipo con clase”- en “Homer el hereje”; el pluriempleo de Homer en “El señor Quitanieves”; la llegada de Lisa a la familia Simpson –“La primera palabra de Lisa”-; la estrafalaria reforma del sistema de transportes de Springfield –“Marge contra el monorraíl”-; y la arrasadora aparición de Gabbo –“Krusty es kancelado”-.

Entre los episodios más tiernos de Los Simpson se encuentra el que inauguró la quinta temporada, “El cuarteto vocal de Homer”, una adaptación libre de la biografía de los Beatles en la que el padre de familia alcanza el éxito musical junto a Barney, el director Seymour Skinner y el tendero Apu Nahasapeemapetilon, los cuatro miembros de los Solfamidas.

El segundo capítulo se tituló “El cabo del miedo”, una versión de la película homónima dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Robert de Niro. El villano no es otro que el Actor secundario Bob, quien ha salido de la cárcel con la firme intención de matar a Bart. Además del cambio de nombre de la familia, que pasará a llamarse Los Thompson tras entrar en el programa de protección de testigos, este episodio contempla los primeros rastrillazos de Bob.

Otros momentos a guardar en el álbum son las pesadillas del señor Burns por la pérdida de su osito Bobo –un homenaje al Rosebud de Ciudadano Kane-; los problemas de Marge con las tragaperras –“Springfield, o cómo aprendí a amar el juego legalizado”-; o el viaje interestelar de Homer en “Homer en el espacio exterior”.

Seth MacFarlane, alumno aventajado de Matt Groening

De viaje a la sexta temporada nos encontramos con “Bart oscuro”, una parodia de La ventana indiscreta; el desliz erótico-festivo de Homer con la canguro Ashley Brant en “Homer, hombre malo”; la proclamación de Homer como El Elegido de la Sagrada Orden de los Canteros –“Homer, el grande”-; la canción del señor Burns y su amor por los animales en “Dos docenas y un galgo”; y finalmente, la primera parte del único capítulo doble de Los Simpson, “¿Quién disparó al señor Burns?”.

El misterio se resolvería al comienzo de la séptima temporada y, como dijo en su día Troy McClure, “luego se supo que había sido el bebé… Ejem”. También asistimos al descreimiento espiritual de Bart –“Bart vende su alma”-; la renuncia de Lisa a los alimentos de origen animal –“Lisa, la vegetariana”-; el reto de Homer de engordar hasta los 135 kilos para conseguir la incapacidad –“Homer tamaño king-size”-; la primera aparición de la mamá de Homer –“Madre Simpson”-; el “Espectacular episodio 138”, en el que se ofrecen datos tan interesantes como:

– ¿Qué pone en la caja registradora cuando Maggie pasa por el escáner? La respuesta es “NRA4EVER”, uno de los cientos de mensajes de extrema derecha insertados en todas las producciones del dibujante Matt Groening.

– ¿Qué personajes populares de Los Simpson han fallecido este año (1995)? Si han contestado Murphy Encías Sangrantes y el doctor Marvin Monroe, se equivocan, nunca fueron populares.

“Dos malos vecinos” supuso otra oportunidad de patear el culo de George Bush; en este capítulo, el ex presidente se muda con su mujer frente a la casa de los Simpson, algo que no le sienta nada bien a Homer. Asimismo, Lisa tratará de descubrir la verdad oculta de Jebediah Springfield, que en realidad era un sanguinario pirata llamado Hans Sprungfeld –“Lisa, la iconoclasta”-. Por si fuera poco, todavía quedaba el homenaje general de la serie al mundo del cine con “22 cortometrajes sobre Springfield”, donde se puede ver una genial parodia de Pulp Fiction protagonizada por el jefe de policía, Clancy Wiggum; el ladrón Chester Turley, Snake; y el dueño de la tienda de antigüedades militares, Herman Larson.

La última temporada a examen es la octava, que en su interior encierra el traslado de los Simpson a Cypres Creek, donde Homer trabajará para el supervillano Hank Scorpio –“Sólo se muda dos veces”-; la aparición de Larry, el hijo secreto del señor Burns –“De tal palo, tal palillo”-; el estallido de furia reprimida de Ned Flanders –“El huracán Neddy”-; el cameo de los agentes Mulder y Scully en “Los expedientes Springfield”; la hilarante parodia de Mary Poppins –“Simpsonescalifragilísticoespiali (gruñido de disgusto) doso”-; la lucha de Homer contra la Ley Seca y el agente Rex Banner –“Homer contra la enmienda 18”-; o el corto pero intenso protagonismo de Frank Grimes en “El enemigo de Homer”.

Homer, el Simpson más famoso

El fin de la época dorada: la llegada de Mike Scully

Sería injusto culparle sólo a él por el declive de la serie, pero lo cierto es que la llegada de Mike Scully, ‘showrunner’ entre 1997 y 2000, significó la pérdida del encanto Simpson. Mucho se ha discutido sobre el cambio en el carácter de los personajes, especialmente en el caso de Homer, que pasó de actuar como un tonto de buen corazón a comportarse como un miembro del elenco de Jackass. Tampoco pasó desapercibida la mutación de las estructuras narrativas, antes basadas en principios lógicos y fuertemente ligados a la realidad, mientras que a partir de 1998 se fueron haciendo más y más inverosímiles.

El gran error de Scully y su equipo de guionistas fue dejarse intimidar por el éxito de otros productos, como los mencionados South Park, Futurama o Padre de Familia. De hecho, Homer dejó de ser Homer y se convirtió en Peter Griffin; Marge abandonó su papel de Madre –así, con mayúsculas- para transformarse en un personaje tan inestable como el resto de sus seres queridos, muy al estilo de Lois Griffin o Francine Smith; el señor Burns pasó de ser un hombre malvado a un bufón de corte; Bart se ha ido diluyendo en la indeterminación, viéndose muy superado por Stewie Griffin. La comparación con Padre de Familia tampoco es un elogio, ya que esta serie lleva varios años de capa caída y no parece capaz de remontar el vuelo.

Y ya puestos a señalar errores, uno de los más imperdonables fue Los Simpson: la película, un subproducto hueco que no hizo justicia a la herencia de la serie. Aquello parecía el canto del cisne, una medida desesperada para exprimir la teta antes de que se acabara la leche. ¿Cómo habían podido tener tanta falta de visión? Mike Judge se mostró mucho más perspicaz con Beavis y Butthead recorren América (1996), al igual que Trey Parker y Matt Stone con el lanzamiento de South Park: más grande, más largo y sin cortes (1999), un filme tras el que han llegado los mejores capítulos de la serie protagonizada por Stan, Kyle, Kenny y Cartman.

Por supuesto, no todo ha sido malo en estas últimas quince temporadas. Algo bueno debe haber en una ficción que acaba de cumplir 500 capítulos en antena y ha renovado por dos años más su estancia en la parrilla catódica. Otra teoría al respecto es la que presentó en 2007 el escritor y crítico de televisión Hernán Casciari, que en su extinto blog Espoiler planteó la evolución de los espectadores como detonante del paulatino desinterés por Los Simpson.

 “Matt Groening nos enseñó a ser otra clase de televidentes: más exigentes, más necesitados del humor sutil, mejor preparados para la barrabasada y el delirio. No son sus personajes los que decaen, sino nosotros quienes hacemos a un lado una época maravillosa para buscar el recambio y poder crecer –también- como espectadores”, afirmó Casciari, que tampoco dudaba en defender las bondades actuales de la serie: “La construcción del humor de The Simpsons, en las temporadas 17 y 18, es robusta y goza de la misma excelente salud de otras épocas. El que ha cambiado, y mucho, es el público espectador, que necesita un poco más de lo que la familia amarilla le ha dado siempre”.

Sea como fuere, y partiendo de la base de que todos tengan un poco de razón, Los Simpson ya no son Los Simpson que conocimos desde finales de los ochenta y hasta mediados de los noventa. Pero poco importa. Así lo demuestran las reposiciones constantes en Antena 3, sintonizadas a diario por millones de personas que ya han visto treinta veces el mismo episodio. Es como escuchar las batallitas del abuelo, que a veces resultan más entretenidas y otras algo más indigestas, pero al final se las recuerda con cariño. Homer, Marge, Bart, Lisa y Maggie se han convertido en parte de nuestra propia familia, y por eso se les invita a ocupar su lugar en el salón cuando llega la hora de almorzar.

Imágenes: Fox/Gage Skidmore

 

4 Comentarios

  1. Da un poco de pena pensar en qué se ha convertido una de las mejores series de todos los tiempos.

    El bajón coincide además con el fallecimiento de Carlos Revilla, que fue probablemente el mejor doblador de Homer que ha habido (dicho por el propio Matt Groening).

    El artículo es fantástico Julio, como enorme fan de los Simpson no puedo más que aplaudir.

  2. Mil gracias Alex!

    Tenemos que quedarnos con lo bueno. Yo sigo viendo sin parar esas ocho primeras temporadas, y también algunos capítulos de la 9, la 10 y la 11. Pero luego, cada semana, saco un rato y me veo el último episodio que ha salido. Es como una droga, no se puede dejar a Los Simpson.

    Y coincido con lo de Revilla. Después de él, nada ha sido igual. Me pasa lo mismo con el señor Burns, uno de mis personajes favoritos. Nunca pude tragar su cambio de voz.

    En todo caso, le debemos mucho a Groening. Mi vida tiene dos pilares fundamentales: el fútbol y Los Simpson.

  3. Ah, como curiosidad, en la caja registradora de la intro aparece: 847.63, que es el gasto medio que llevaba, hace unos años, un bebé de su edad.

  4. Jajajaja, ya lo sé, pero en el “Espectacular episodio 138” ponen de cachondeo lo de “NRA4EVER”. Es como cuando entran en la oficina de Groening y aparece un tío calvo y con un parche en el ojo.

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