Los robos atemorizan a los propietarios de galgos

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El robo de galgos se ha convertido en la peor de las pesadillas de los propietarios de estos canes ya que lo sufren de manera reiterada sin ninguna protección. El mercado negro que se ha creado alrededor de este animal ha aumentado llegando a registrarse en 2013, según los últimos datos que ofreció el SEPRONA, 328 galgos robados en España, lo que correspondería a un 50,08% del total de perros robados.

DSC_1903La temporada de caza de esta modalidad, es de octubre a febrero, y es en esos meses cuando más robos se producen. A éstos se incluyen agosto y septiembre puesto que las personas que realizan este tipo de robos normalmente tienen un único fin, probarlos y venderlos para cazar durante esa temporada.

El miedo al robo está a la orden del día y las medidas que los propietarios toman para prevenirlos se vuelven cada vez más seguras. Sin embargo, aunque se instalan cámaras de seguridad, bunkers, vallas con electricidad… todo queda inútil cuando un profesional sitúa a sus galgos en el punto de mira.

Se pueden definir dos tipos de robo: el selectivo, en el cual saben perfectamente qué galgo quieren, bien sea por trayectoria como por logros; o el robo aleatorio, en el que roban todos los galgos de una cuadra y después los prueban.

El primero lo suelen llevar a cabo personas metódicas, con el interés de cubrir o criar de ese perro robado. Actualmente con el Libro de Registro creado por la Federación Española de Galgos, la cría para la competición está muy regulada. Un perro descendiente de un galgo robado, no podrá competir. Gracias al Libro de Registro, casos como la “Operación Duplicado” quedaron al descubierto cuando el ADN de un perro inscrito, coincidía con los genes de un perro robado.

El robo aleatorio es quizá el más común y el mayor causante de los abandonos de galgos en nuestro país. Cuando un ladrón roba en una cuadra, lo primero que hace es quitar el microchip a esos perros y después correrles una liebre. El que no les gusta, lo dejan abandonado en el campo y el que da la talla, lo venden. Si nos ponemos en la piel de un galgo que ha sido sacado de su hábitat y separado de su dueño, podremos comprender que una vez suelto no se deje coger por un extraño. De ahí que también una gran cantidad de estos galgos queden abandonados en el campo.

Esta práctica está llegando incluso a los galgos de compañía. En las últimas semanas se han detectado varios intentos de robo en las calles de Alicante. En muchos casos, además, se trata de ejemplares que han sido adoptados tras haber sido abandonados con la finalización del periodo de caza. Es decir, la vida de algunos galgos puede acabar en una lamentable espiral de abandono-adopción-robo.

¿Hasta dónde va a llegar esto? El colectivo galguero pide ayuda a voces porque recuperar un galgo robado es casi imposible. Piden más medidas contra este tipo de actos, sanciones más severas para quienes lo realizan y que el robo de galgos se declare delito y no un hurto, como es considerado en la actualidad.

Fotografías: Melisa Vara

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