Los reyes son los padres

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Imagínense por un momento que soy un farsante. Si han leído los artículos que me han publicado en esta revista, pueden ir poniéndose en situación. Haciendo una lectura atenta, pueden descubrir un pastel curioso: observen con horror que no hay un único Alberto Amor, sino varios. Si ya les sobraba con uno, tomen mil tazas.
Ejemplo al canto: piensen por un momento que me lo inventé todo en “Caliente, caliente”. ¿Se imaginan que les confieso que mi pareja es en realidad un negro de dos metros llamado Salamu? Senegalés muy dotado, para más señas. La cosa tendría su gracia ¿no? Resultaría que todo ese rollo de los roles sexuales que me monto es mentira, que lo he inventado para que se adapte a mi discurso.

O piensen por un momento que no tengo pareja, que en realidad vivo con un compañero de piso desastre y cabronazo que se deja por ahí sus moneditas. Aquí la víctima sería el menda. O que resulte que en realidad sí vivo en pareja. Pero con hijo, hipoteca y vacaciones en el mar cuando se tercia. Y es el púber (catorce años y un despiste que te rilas) quien deja sus monedas por todas partes, para disgusto de sus sufridos padres.

Todo esto puede suceder, y más. No hay que asustarse. Incluso puedo complicarlo aún más, aunque no querría liarles demasiado. Puedo confesar que no sólo invento situaciones, sino discursos. Vamos, que a lo mejor nos encontramos que lo que digo no lo comparto ni por asomo, o en un porcentaje nimio, en alguno o en todos los artículos aludidos. ¿Serían por eso más o menos malos?

Siento ser yo el que tenga que darles la mala noticia de que los Reyes no vienen de Oriente, sino de El Corte Inglés más cercano con las cajas de oro, incienso y mirra bajo el brazo.

Una columna o artículo de opinión es obra de un autor que puede tomar como ingredientes muchas cosas. La voz del artículo no tiene por qué ser la suya, también puede haber por medio un personaje, y no necesariamente el mismo siempre. Unas veces puede ser el que suscribe, otras un irónico zascandil. Otras un gruñón cascarrabias y faltón. Pero eso no significa que lo que viertas en la página sea tu propia opinión siempre. Todo esto depende del ánimo o la inventiva del momento. Lo mismo que madres hay más de una, también hay muchas variables que nos pueden llevar hasta el final.

Tampoco tiene que amoldarse a las mismas reglas que una noticia periodística. No se juega con las mismas armas ni en la misma liga. La opinión u opiniones vertidas pueden ser del autor, el de carne y hueso. Pero también es posible que estén dispuestas para otros fines, con un alto porcentaje de inventiva. Por eso hay que andarse con ojo. El que escribe puede estar urdiendo trampas en cada línea. Hasta su tono puede variar dentro de un mismo texto, adoptando una postura de esquizofrenia contradictoria que dejará al lector un poco despistado, huérfano de certezas y verdades.

Si nos volvemos a mi caso, hay que decir que mi cabeza no está muy allá que digamos. Si tienen en cuenta que no debería haberme drogado tanto en algunas épocas de mi vida, pues les recomendaría que fuesen con cuidado. No hay que tomarme muy en serio. Cuando se mezcla literatura con actualidad, con opinión, o con cualquier otra cosa, tengan por seguro cuál de ellas será la vencedora. Si no lo han adivinado todavía: la literatura.

No duden ni un segundo cuál será mi primera opción, como la de otros muchos, si hay que elegir entre la verdad y la leyenda; entre verdad y literatura.

Fuentes de la imágenes:
http://3.bp.blogspot.com/_QRNtVAJv0Ro/StnPVejGVYI/AAAAAAAAAVY/rAK28knoaqU/s400/dia-de-la-madre-mafalda.jpg
http://img.webme.com/pic/a/aprenderalacan/amoralarte.jpg

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