Los que NO y los que SÍ

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El director del diario El País nos habla en la Facultad de Ciencias de la Información sobre la interpretación social a través de los medios de comunicación, y apenas van doscientas personas a verle. Algo está pasando. La preocupación de los presentes se traduce en preguntas sobre la situación política en Venezuela, y su respuesta es contundente, o no: nuestros intereses empresariales –por un lado— el futuro de ese país sin libertad de prensa —por otro—…sí, pero no.

Eso es posicionarse. Pero también eso es lo de menos. La preocupación real de los alumnos estaba más cerca, y si de repente a uno de ellos le dan el micrófono y tiene que improvisar una pregunta hubiera dicho: “¿Cómo ve usted el intrusismo en nuestra profesión?”. Sinceramente, esto sí me preocupa. Porque dan ganas de responder: “Pues mira, chico, con semejantes preguntas veo el intrusismo como lo más natural del mundo”.

¿De verdad que no os preocupa lo que piense Javier Moreno sobre cómo está la sociedad española? ¿No tenéis ganas de saber qué hace El País con la que está cayendo?

Diría por un lado que hay que trabajar y estar en un medio el tiempo suficiente como para que el sentido de la perspicacia o de lo que suele llamarse ‘olfato periodístico’ se desarrolle. Pero por otro lado quiero pensar que no, que hay gente que dispone de esa inquietud, de esa curiosidad por saber qué está pasando realmente.

A pesar de mi buena voluntad las cifras apuntan lo contrario. Según el EGM, de un universo total de personas mayores de 14 años, los jóvenes de 20 a 24 años entre los que se encuentran la mayoría de los universitarios, sólo suponen algo más del 7% de los lectores de diarios, cifras similares para la penetración (cuando terminemos con las risas seguimos) en este sector de edad. Si descontamos la prensa gratuita de consumo instantáneo y los diarios deportivos, que como son tantos y tan fáciles de leer, al menos uno a la semana cae, nos quedamos frente a algo muy triste. No leemos nada, no nos interesa nada de lo que pase, apenas dos datos para tirarnos el pastel en alguna conversación casual que, si de verdad merezca la pena, lo suyo es que no profundice tanto no sea que alguien se ponga pedante. Sólo nos quedamos con la frase hecha, con lo anecdótico del “¿Por qué no te callas?”, con el comentario ocurrente de algún contertuliano exconcursante de Gran Hermano y venido a más, que nos parece de lo más acertado a pesar de su simpleza, con el resumen de noticias que escuchamos a las horas en punto en la radio entre el número dos y el Top One.

Para colmo las clases de la facultad tampoco es que nos interesen mucho. Nos interesa más aprobar, las kalimotxadas y el guapo o la guapa de la tercera fila. Y aprobar. Insisto. No vemos demasiada utilidad a lo que estamos aprendiendo, no nos gusta el profesor, habla demasiado rápido, tenemos sueño, ‘me aburro’.

Dados los sumandos anteriores el resultado es que con nuestro título debajo del brazo apenas podemos encontrar trabajo como teleoperadores o como becarios advenedizos.

Pues bien, yo creo que la cosa es mejor aún. No niego lo anterior pero creo que quien quiere puede. Creo que hay gente que en la anterior descripción no se reconoce. Que hubiera tenido grandes preguntas para el director de El País, interesantes, corrosivas y comprometedoras.  Creo que hay gente que está profundamente preocupada por la situación española, que lee diariamente uno o varios periódicos, que se informa y contrainforma. Gente que dispone de la suficiente inquietud como para leer algo de historia y saber de qué polvos han venido estos lodos. Aunque luego no lo cuente en ninguna conversación, ni lo suelte en algún blog o lo utilice para ligar, porque si a esa persona le sirve, fenomenal. Como también creo que hay quien viene a la facultad a aprender. Aprender, con mayúsculas. Que disfruta de sus clases, que se interesa por la materia y que, rayando el summum del atrevimiento, ¡utiliza la bibliografía para ampliar la materia! Esta gente, que cuando termina la carrera es trabajadora y tenaz, siempre encuentra trabajo. Más tarde o más temprano dará con algo que le guste y recompense. No es que sean optimistas, es que se lo merecen. “Gente con suerte”, que diría alguno, pero los que no la tienen son aquellos que se mueren esperándola.

Datos Del Estudio General de Medios, Año Móvil Abril2006-Mayo 2007.
Fuente de la imagen:

http://www.aimc.es/aimc.php?izq=egm.swf&pag_html=si&op=cuatro&dch=02egm/24.html

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