Los problemas de Francia

0
1750

Nicolas Sarkozy ha resultado vencedor de las elecciones presidenciales francesas. Eso no es una novedad, pero tal vez lo sean las claves con las que pretende sacar a Francia de los problemas endémicos que presenta.

Las claves
Primeramente las grandes ganas de cambio. Pese a que los franceses han elegido a un candidato del mismo partido de la derecha que ha gobernado hasta ahora con Jakes Chirac, las ganas por ese cambio se ven en la apabullante participación en ambas vueltas de los comicios. En la segunda rozó el 84 %, una cifra que no se alcanzaba desde 1988.

El cambio también ha venido por la izquierda. Parece que la derrota socialista no ha sido en vano porque Ségolène Royal, para bien o para mal, ha conseguido sacar una campaña sin el respaldo explícito de los llamados “elefantes” del Partido Socialista francés, y ha conseguido levar a éste de viaje al centro. Ha cuestionado medidas de iniciativa socialista como la jornada de las 35 horas semanales, que ha sido desastrosa en tanto en cuanto los sueldos han bajado. Los socialistas esperan que este empuje – recordemos que en las pasadas elecciones el PS no consiguió pasar a la segunda vuelta – sirva para conseguir algo más consustancial en las próximas legislativas.

La Francia que va a encontrar Sarkozy
Francia es una de las potencias industriales del mundo. Exportó en su día la revolución, la idea de ciudadanía y la división ideológica de izquierda y derecha. Este idealismo ha cambiado algo en esta campaña. Los candidatos se han vuelto algo más pragmáticos. Se ha extendido la famosa “tercera vía” de Tony Blair que consiste en una especie de equilibrio entre el rendimiento de las empresas y a la vez reforzar los derechos sociales dentro de lo que en Europa conocemos como “estado del bienestar”. Se empieza, con esta praxis, a responsabilizar al individuo y no a la colectividad como tradicionalmente ha hecho la izquierda.

Por otra parte, Francia es miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Es una de las grandes potencias nucleares del mundo y su población se siente orgullosa de ello. Es, así, el país más nuclearizado del mundo y, pese a ello, los franceses no tienen conciencia del peligro que ello conlleva.

Entre lo peor se encuentra su deuda pública que es, euro arriba, euro abajo, de un billón (con “b”) de euros. Este tema ha estado en el centro de la campaña. Sólo los intereses que genera tal deuda consumen casi el cien por cien de la recaudación por el impuesto de la renta.

En 2005 hubo numerosos altercados en los barrios del extrarradio parisino. Estos barrios son un conglomerado de inmigrantes de primera y segunda generación o de franceses de bajo nivel económico. Este tipo de altercados son, y han sido, habituales en Francia, pero no al nivel de 2005, con sus correspondientes secuelas en 2006 y 2007. Ello sigue en aumento justo ahora que Sarkozy ha ganado las elecciones. Tal vez no favorezca a solucionar el problema que en su etapa de ministro del Interior Sarkozy llamase “escoria” a los que generaron los altercados.

Por otra parte, Francia tiene un nivel de paro del 10 por cien, aproximadamente, desde la década de los 80. El Estado es una mole inmensa si se cuenta con el dato de que todo francés directa o indirectamente vive de él. Podemos decir que Francia es un dinosaurio: grande y fuerte, pero difícil de mover. Las multinacionales francesas funcionan muy bien. No lo hace la pequeña y mediana empresa. El estado galo sufre, igual que España, las deslocalizaciones.

Su “no” al tratado por el que se establece una constitución para Europa ha dejado una cosa clara: El peso de Francia en Europa, el tratado está en un punto de no retorno desde el referendo. Las causas de su negativa son complejas: división del Partido Socialista, negativa a la ampliación…

Sarkozy era el candidato que se negaba a la entrada de Turquía en la Unión Europea y el que ha prometido renegociar el texto europeo de una forma más sencilla y que se acabe aprobando en el parlamento y no por la fórmula del referéndum.

El programa de Sarkozy
En principio, todo el centro-derecha europeo pone el acento en la reducción de los impuestos, pero no se deja claro ni cuando ni a quién. Sarkozy pretende limitar la presión fiscal al 50% más o menos. Propone que el que quiera trabajar más de 35 horas se le pague como horas extraordinarias. Se quiere, de esta manera, hacer que Francia produzca: no se obliga a subir por ley la jornada a 40 horas y de paso se incentiva el trabajo. Otra propuesta es la eliminación del impuesto de sucesión para patrimonios pequeños y medianos. Se quiere crear un contrato único de trabajo a tiempo indefinido, aunque se facilita el despido.

En Francia, como hemos dicho, todo el mundo cobra algún tipo de salario social. El nuevo presidente propone que se siga pagando pero que haya una compensación por lo que reciben, esto es, la realización de algún tipo de trabajo para el Estado. repetís.

Fuente de las imágenes:
www.agoravox.fr
www.elpais.es
www.fafouin.net

Dejar respuesta