Los Padaung: de tradición a imposición

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Bienvenidos a Tailandia pasajeros, al país de la libertad (según su significado en el idioma thai). Disfrutarán de unas playas paradisíacas, de multitud de cosas para llevar (no se olvide de regatear con los vendedores, les encanta) y paisajes de lo más variopintos: grandes ciudades como Bangkok o poblados en los que la gente aún va en elefante.
Pero centrémonos en
Mae Hong Son, en el norte de este exótico país, donde se funde con Myanmar, la antigua Birmania. Nos adentramos en la selva y…por fin llegamos; se trata de un poblado padaung, de los pocos que quedan por estas fértiles tierras. El lugar no rozaría lo asombroso si no fuera porque habitan las famosas mujeres jirafa, las ya mencionadas padaung que, en birmano, significa mujeres de cuello largo. Este nombre no les agrada mucho ya que les recuerda a su pasado, en el cual, procedentes del sureste de Myanmar, fueron obligadas a abandonar ese país por culpa de una guerrilla. Asimismo, el gobierno tailandés les permitió instalarse en este lugar fronterizo. Por ello prefieren que se les llame kayan, etnia a la que actualmente pertenecen y de la que quedan no mucho más de doce aldeas.

A simple vista, su modo de vida podría ser de lo más tradicional, dedicado al cultivo y otras actividades dignas de este entorno como cualquier otra tribu. Pero no es así. El hecho de que las mujeres porten unos vistosos anillos de metal rodeándoles el cuello les ha trastocado su apaciguada existencia. Hay varias leyendas acerca del génesis de esta tradición. Una de ellas expresa que todo comenzó porque les servía de defensa ante el ataque de un tigre por ser éste siempre directo a la yugular. Pero todas las fuentes consultadas la han desmentido, además si no la parte varonil de la tribu también debería llevarlos. Otra teoría los sitúa también como modo defensivo, pero esta vez para que no les hicieran esclavas, ya que al no poder realizar muchos movimientos, no se les consideraría útiles. En cualquier caso, lo que está claro es que el ponerse estos aros en el cuello es símbolo de belleza, riqueza y, es sabido, que a mayor número de anillos, mayor reputación y consideración social. No solo llevan estos adornos en el cuello, sino también en brazos y tobillos aunque los daños no son ni mucho menos los mismos.

Se cree que el hecho de llevar tantos collares, por la fuerza las vértebras del cuello irían separándose, pero no es así, sino que es tan simple como que oprimen tanto la clavícula hacia abajo y la cavidad de las costillas que se crea el efecto de cuello alargado. Tradicionalmente no todas las mujeres pueden ser bendecidas con este “don”, sino únicamente las que naciesen con la luna llena de agosto. Y como es un orgullo, los futuros padres echan las cuentas para que el nacimiento coincida en estas fechas.

Aunque, lejos de toda tradición, lo que prima ahora es la recaudación de beneficios. Sí, como lo oyen. Las grandes empresas de viajes se han enterado de lo que renta esta peculiar forma de vida como modo de atraer a turistas. Y si hace unos años era prácticamente imposible acceder a estas aldeas, hoy están sus puertas abiertas por la módica cantidad de diez euros. Ya desde pequeñas, se les obliga a las niñas a llevar los aros, ya no importa si nació con luna llena o cuarto menguante. Se han dado cuenta de que estas tribus están en peligro de extinción ya que quedan unas 120 mujeres de la etnia kayan que llevan collares enteros y se han decidido a explotarlas. Ya lo saben: o se meten bien en su papel y son simpáticos con los turistas que no paran de echar fotos, o se quedan sin recompensa y no podrán alimentar a su familia. Incluso a estos pequeños poblados, lejos de toda la civilización ha llegado la burbuja ruin del ánimo de lucro, es decir, esos “valores” que caracterizan a los países desarrollados.

De alguna manera es otra forma de esclavitud, esta vez bajo el yugo de la globalización, de un mundo cada vez más interconectado, tanto es así que incluso los países vecinos las quieren pedir “prestadas” para campañas de publicidad; ya se sabe que un champú vendería mucho más si quien lo tiene sostenido es una fémina de aire primitivo. He aquí que las fuerzas del mercado ya no poseen límites. ¿Quien les iba a decir que iban a caer bajo sus garras, a ellos que aún viven en poblados de paja?

Cuando verdaderamente encuentran la tranquilidad es al caer la noche, lejos de las miradas y los flashes curiosos de los turistas, cuando pueden despojarse de ese rol que les acompaña la mayor parte del día. Pero no de esos peculiares collares, esos les acompañarán siempre. Corren peligro de asfixia si se desprenden de ellos, ya que el cuello no tiene estabilidad por sí mismo.

Es al caer el sol cuando pueden echar el telón y dejar el teatro para el día siguiente. Cuando pueden quitarse los aros, frotarlos con limón para limpiarlos y aliviarse las heridas producidas por el roce. Esos aros de metal que un día se pusieron orgullosas de su cultura, pero que hoy es puro marketing.
 

2 Comentarios

  1. esto es lo peor ke he visto y escuchado en toda mi p… vida no se en lo ke piensa la gente cuando ser hacen estas cosas yo lo respeto pero joder ke fuerte ke es

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