Los orígenes del tecno: el Detroit de Dan Sicko

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Alpha Decay - Techno Rebels cubierta
Un videodj en acción. Cubierta de Techno Rebels. Fuente: web Alpha Decay

Cuando hace unos quince años escribí el ensayo De ruidos y baile sobre los orígenes de la música electrónica (Primer Premio de Ensayo Cincuentenario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, 2006), poca bibliografía existía sobre la música tecno, y era preciso bucear en la librería Argonauta o en las bibliotecas anglosajonas para encontrar alguna publicación. Una de ellas era justamente el Techno Rebels : The Renegades of Electronic Funk de Dan Sicko, la obra de la que nos ocupamos, que se publicó en 1999, tuvo una segunda edición revisada en 2010 y, en 2019, acaba de ser traducida al español por Héctor Castells para Alpha Decay con el título Techno Rebels: Los renegados del funk electrónico.

Es cierto que, con los años, se han publicado ya más libros sobre música electrónica, bastantes, incluso, podríamos decir, y también en español, como, entre otros, los varios de Simon Reynolds, traducidos desde Argentina por Caja Negra, el de Alex Ross que tanto éxito tuvo (El ruido eterno / The rest is noise, Seix Barral, 2009), la traducción del de Martin Supper (Música electrónica y música con ordenador, Alianza, 2004) y el Loops de Javier Blánquez (dir.), que justamente hace pocos meses ha sido reeditado por Reservoir Books y continuado con un segundo volumen, Loops 2 (la primera edición de Loops, allá por el año 2000, incluía un disco compacto con una selección musical en los ejemplares de FNAC, pero la de ahora incluye un nuevo capítulo sobre la electrónica en España —»del bakalao al trap, 1980-2017″— y da una lista de reproducción en la página web promocional hecha por la editorial. Si el tiempo diera para ello, habrá una reseña del Loops 2 en La Huella…).

Me viene también a la memoria, muy a cuento con el de Sicko, el de Marco Mancassola, Last Love Parade: Storia della cultura dance, della musica elettronica e dei miei anni (Mondadori, 2005), donde, como si fuera una novela, se narra el desarrollo histórico de la electrónica por un joven partícipe. Y algo similar va a hacer Dan Sicko en Techno Rebels, pues a su labor investigadora, a la documentación y entrevistas que realizó o que leyó, se suman sus vivencias personales por el Detroit de finales de los ochenta y principios de los noventa.

Leyendo el libro, es inevitable preguntarse si asistiría él a las fiestas de instituto que menciona:  ¿bailó en las pistas de los clubes donde pincharon los innovators y escuchó los primeros discos tecno en las emisoras de radio de la época? No tengo la certeza de ello, pero yo diría que sí, y esto es lo que convierte a este libro en algo distinto: Techno Rebels es un libro escrito por un apasionado del tecno y por un testigo de lo que sucedió allí. Sería como contar la escena discotequera del Madrid de los 90 por alguien que la hubiera vivido: Omen, New World, Over Drive, Attica, Die Mäuer, Palladium, Tropic Costa… Esto es lo que hace Dan Sicko para Detroit, dedicar un libro a un género, el tecno, que nació y se desarrolló allí, pero también contar la historia decadente de la ciudad del motor, su crisis postindustrial y su abandono.

Una vez dicho esto, entremos en el libro: la obra narra la aparición y desarrollo del techno (o tecno, que ya podemos adaptar el anglicismo) en Detroit. Maticemos: en Detroit, pues a Sicko le interesaba mucho documentar la difusión en Estados Unidos y narrar una historia del tecno, no de la música electrónica, pues esta comienza mucho antes y tendrá otros desarrollos (académicos y populares) en Europa o Japón que aquí no se abordan.

Se podría decir que lo narrado es una parte de la música de baile, pues el libro se refiere casi en exclusiva al tecno y no tanto a otros estilos, que solo menciona secundariamente (en este sentido, una mayor conexión con lo que sucedía en los mismos años con el house o el hip hop en Chicago y Nueva York habría dado un panorama más completo).

Otra carencia se indica expresamente en el prólogo: se omite lo referido a tecnología, sintetizadores, a pesar de que será precisamente el uso de esos nuevos instrumentos y programas lo que creará nuevos sonidos.

A pesar de ello, las doscientas treinta páginas del libro cumplen sobradamente sus objetivos: dividido en siete capítulos —algunos de ellos, reescritos o añadidos en la segunda edición, poco antes de que el autor muriera de cáncer—, aborda la música anterior a la aparición del tecno: influencias, especialmente europeas, de Kraftwerk y del italo disco, así como del hip hop, funk, electro; las fiestas de instituto de Detroit como fenómeno social, clausuradas ante el aumento de violencia, pero revividas durante el breve intervalo del Music Institute (1988-89), y la aparición de los sellos discográficos de Atkins, Saunderson y May (Metroplex, KMS, Transmat), al  que seguirá luego +8 de Hawtin/Larkin/Acquaviva.

El paso del tecno de Estados Unidos a Europa es otro de los puntos fundamentales del libro. Aunque se menciona la escena rave de Bélgica y Holanda, la perspectiva es claramente anglosajona y focaliza lo sucedido en Londres, debido a los lazos comerciales, los contactos de las discográficas, la mayor facilidad de la distribución y los viajes de djs a ciudades estadounidenses. Esto es cierto, pero deja a un lado lo sucedido en otros países (la primavera del amor e Ibiza aparecen mencionadas de refilón), así como la labor de otras discotecas del Reino Unido como Shoom, Ministry of Sound, etc., o djs como Danny Rampling y grupos como KLF (también en ruta por Norteamérica). Menciona, en cambio, The Haçienda de Mánchester, Warp de Sheffield con su serie AI y, ya al final del libro, la discoteca-sello Tresor de Berlín (que en 2019 ha superado los trescientos títulos), pero no el sello Interfisch o el club UFO donde se lanzaron los primeros discos house y tecno. No obstante, con la llegada del tecno a Alemania se produce una nueva etapa, el inicio de «la descentralización del techno» (p. 203), con un paisaje fragmentado en el que se sucederán rápidamente estilos: la cantidad de información pasa a ser desbordante.

Recapitulando, Techno Rebels es un libro ejemplar por dos aspectos: uno, por mostrar el trasfondo social cambiante de una nueva música, actualización sintetizada del soul, también con su lado espiritual y no solo mecanicista, y, dos, por dar una visión de la historia del tecno de finales de los ochenta y principios de los noventa contada desde dentro.

Tiene carencias en su exposición, inevitablemente, pues es imposible contar la historia de la música de baile sin querer desviarse del circuito de Detroit, y es imposible recoger toda la documentación del momento, por más que el autor debió de contar con una excelente colección de vinilos y siguió la pista de los djs y productores en sellos y revistas.

A este respecto, el tiempo también ha hecho mella: el libro se detiene en 1999~2010 y, tras esa fecha, las primeras generaciones de músicos de Detroit han evolucionado —como muestran los últimos trabajos de Carl Craig y Jeff Mills, tendentes al jazz e incluso a la música orquestal— o bien han surgido otras nuevas, que recogen el testigo de la tríada innovadora con nuevos matices, como por ejemplo Actress.

Asimismo el modo de documentar aquel periodo ha cambiado: hoy podemos comprar los lanzamientos de Transmat en línea o seguir a Carl Craig y Jeff Mills por Twitter (@carlcraignet, @DJJeffMills) para saber qué piensan ellos mismos de sus discos o de los orígenes del tecno, si no escribirles directamente; el canal es, así, más directo. Pero no debemos olvidar que esta es ya otra historia del tecno, la que se está haciendo hoy y continuará por largo tiempo.

Cerramos esta reseña con una felicitación a Alpha Decay por haber publicado este título y sumarlo a los otros interesantísimos de su catálogo, como Der Klang der Familie: Berlín, el techno y la caída del muro (2015) y The New Analog: cómo escuchar y reconectarnos en el mundo digital (2017). También por su cuidada edición, aunque sea inevitable que se hayan deslizado algunas erratas. Con ánimo constructivo, señalamos unas pocas por si pudieran corregirse en una próxima edición: p. 112, sus excéntrico estilo; p. 116, Reino Unidos, p. 181, a través d la música. También habría sido recomendable añadir un índice de nombres citados.

Recomendamos, pues, este libro para todo aquel aficionado a la música de nuestros días.

 

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