Los mejores cómics de 2011

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El pequeño Christian - Blutch

Olvidado injustamente por el gran público, el cómic disfruta hoy en España de una riqueza y una variedad nunca antes conocidas. Tanto es así que, a la hora de escoger los mejores títulos del año, son muchos y muy buenos los libros que se quedan sin su justo y merecido reconocimiento. En todo caso, aquí están los diez tebeos más destacados de 2011 para La Huella Digital.

1. El pequeño Christian (Norma), de Blutch.
Trazo nervioso, sucio y de singular belleza para una obra que sólo puede describirse como cautivadora. El francés Christian Hincker, alias Blutch, ofrece una perspectiva de la niñez muy alejada de las narraciones habituales: no hay nostalgia por el pasado, sino la representación descarnada de una época que no siempre fue tan bonita como suele recordarse.

2. Cuadernos ucranianos (Sins Entido), de Igort.
Historia en imágenes, representación desnuda de una de las mayores atrocidades cometidas por el hombre, y todo narrado con el talento gráfico de uno de los mejores dibujantes que ha dado Italia en los últimos treinta años. Igor Tuveri, Igort, da voz en esta obra a los supervivientes del ‘Holodomor’, hambruna provocada en la década de los treinta por la Unión Soviética que segó la vida de un cuarto de la población ucraniana.

3. El Héroe (Astiberri), de David Rubín.
Ya no basta con matar al León de Nemea, capturar al Jabalí de Erimanto o vencer a las Amazonas en un duelo a muerte. Heracles es ahora un tipo moderno que circula en una moto de gran cilindrada, escucha en el iPod sus canciones favoritas y aparece en revistas consagradas al cotilleo. El responsable de tamaño anacronismo es el gallego David Rubín, que se postula como uno de los grandes favoritos para el premio a la Mejor Obra de Autor Español en el próximo Salón del Cómic de Barcelona.

4. Polina (Diábolo), de Bastien Vivès.
Del autor francés sorprenden varios aspectos: para empezar, su insultante juventud -apenas 27 años-; por otro lado, su habilidad para captar las inquietudes de su generación; un poco más allá, la delicadeza que exhibe en el tratamiento de las relaciones personales; y por último, su infinita capacidad creativa. Polina ha sido uno de los múltiples trabajos que de Vivès se han publicado en España a lo largo de 2011, pero este título pasional y emotivo merece toda clase de parabienes. La protagonista, una bailarina que sueña con llegar a profesional, llevará a cabo un doloroso proceso de crecimiento personal y artístico, definido desde su más tierna infancia por la figura implacable del profesor Nikita Bojinski.

5. La marcha del cangrejo (Dibbuks), de Arthur de Pins.
De sobra conocido por obras como Zombillenium o Pecados veniales, De Pins ha dado un giro más filosófico y espiritual en La marcha del cangrejo, donde estos pequeños crustáceos se plantean ciertos dilemas que, en muchas ocasiones, bien podrían corresponderse con los que asaltan a diario a muchas personas de este planeta.

6. Españistán (Glénat), de Aleix Saló.
¿Qué fue antes, la gallina o el huevo? En el caso de Aleix Saló, su único propósito era hacer un buen cómic que denunciara la España de charanga y pandereta, de especulación y fraude, de corrupción y pelotazos inmobiliarios. Para promocionar el tebeo, nada mejor que un vídeo de animación distribuido por todas las redes sociales. Las viñetas resultaban de un humor ácido y gamberro, hilarante en última instancia, pero el pequeño corto arrasó en internet y a día de hoy suma cuatro millones de visitas en Youtube. Poco importa si las ventas del libro no tuvieron la misma relevancia, porque el cómic español necesita más autores como este joven de Ripollet.

Españistán – Aleix Saló
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7. Castro (Norma), de Reinhard Kleist.
Nada resulta más difícil que saber guardar las distancias, mantenerse en el punto equidistante que permite ver las cosas sin apasionamientos o rechazos, pero el alemán Reinhard Kleist lo consigue en esta biografía ilustrada del líder de la Revolución cubana, una obra en la que se muestra la vena política del histórico dirigente comunista, pero también su perfil más íntimo y desconocido.

8. 3 relatos. La historia secreta del hombre gigante (Norma), de Matt Kindt.
Cualquier niño -y también algún que otro adulto- se ha preguntado en más de una ocasión cómo vive un gigante, qué come, dónde duerme o cómo se las ingenia para alimentarse. Pero más allá de la inocente curiosidad, la vida no podría resultar nada sencilla para un hombre que midiera veinte metros de altura. No se trata ya de las inconveniencias derivadas de su fabulosa condición física, sino de la incomprensión y la marginación de las que sería objeto por parte de aquellos que se hacen llamar sus semejantes. Esta es la idea que Matt Kindt desarrolla en su último cómic, donde narra la vida de Craig Pressgang, un hombre de increíble estatura y cuya existencia se desgrana en los recuerdos de tres mujeres muy especiales: su madre, su esposa y su hija.

9. Monstruos (Ponent Mon), de Ken Dahl.
Parecía imposible, pero Ken Dahl -alias artístico del dibujante Gabby Schulz- consigue que los herpes resulten simpáticos en las viñetas de Monstruos, un cómic donde el autor plasma sus experiencias con esta enfermedad. De marcado acento biográfico, la obra juega en ocasiones con un humor bastante negro, pero no deja de ser el relato de un hombre desesperado y cuya afección destroza sus relaciones sociales y amorosas.

Monstruos - Ken Dahl

10. Mujeres y copas (autoeditado), de Juarma.
‘Enfant terrible’ del cómic español, Juarma es un soplo de aire fresco y una colleja en toda regla para nuestros cerebros adormecidos. Este joven dibujante, fanzinero por convicción y antropólogo por vocación, destripa sin bisturí los estómagos agradecidos de una sociedad cada vez más aborregada. Mujeres y copas es sólo un ejemplo, otro más, de la maestría que atesora Juarma a la hora de sacar a la luz toda una serie de comportamientos que no por habituales dejan de ser menos absurdos.

Imágenes cedidas por Norma y Ponent Mon

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