Los medios de comunicación y la criminalidad

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Probablemente la primera etapa de la comunicación fue la era de los signos y las señales que ocurrió en los inicios de la prehistoria, anterior al lenguaje. Los antropólogos opinan que el hombre prehistórico entró en la era del habla y del lenguaje alrededor de 40 mil años atrás. Para el hombre de Cromañón, el lenguaje ya era de uso común. Hace 5 mil años se produjo la transformación hacia la era de la escritura, la que se constituyó en una herramienta del progreso humano. Llegar a la escritura significó pasar antes por las representaciones pictóricas que reflejaban ideas, hasta la utilización de letras, que significarán sonidos específicos.
Otro gran logro humano a favor de la comunicación, se produjo en el siglo XV, con la aparición de la Imprenta de tipos móviles, que reemplazó a los manuscritos. La idea fue concebida por el orfebre,
Johann Gutenberg, quién después de muchas pruebas, descubrió un sistema único para hacer los caracteres de la imprenta.

En el siglo XVII, la publicación de periódicos era común en varios países de Europa occidental y se generalizó extendiéndose a las Colonias americanas. Pero a partir de los inicios del siglo XX, los periódicos, revistas y libros leídos en el mundo, produjeron cambios en el modo de actuar y sentir de los hombres. La eficacia de la letra impresa fue contundente, y se demostró sin rival, hasta la aparición de otros medios masivos de comunicación que compitieron en la divulgación de la información. Por tanto, es en el siglo XX con los avances tecnológicos, el cine, la televisión y al final del siglo con Internet cuando de verdad tiene sentido hablar de medios de comunicación de masas.

Ya desde el siglo XVIII sabemos que las autoridades y la prensa colaboraban estrechamente favoreciéndose mutuamente puesto que era de gran utilidad para la policía difundir y pedir colaboración a los ciudadanos para que aportaran pistas relacionadas con los delitos y para la incipiente prensa porque aumentaba sus tiradas gracias además a la disminución del índice de analfabetismo, que en esa época alcanzaba como el 20-30% de la burguesía, el clero y la nobleza en los países centro europeos aunque este porcentaje se elevaba al 80 u 90% de los artesanos, agricultores y resto de las clases bajas.

Como la narración de los delitos siempre ha tenido mucha aceptación entre las clases medias, aquella fructífera colaboración fue incrementándose favorecida por la tecnología y ha ido aumentado hasta nuestros días a pesar de la dura competencia que hoy tiene, en sus dos aspectos fundamentales, expuestos a continuación con varios ejemplos, casi todos muy conocidos:

Capitulo 1 – Colaboración en la Delincuencia común
Podemos remontarnos nada menos que al oeste americano donde ya las autoridades encontraron útil esta colaboración que consistía en difundir información tendente a encontrar y detener forajidos con la publicación de avisos en la prensa, aunque lo que más nos ha llegado de aquella época tan cinematográfica de la colonización americana hayan sido los famosos pasquines que se encabezaban por un llamativo ‘WANTED’ sobre la imagen de los delincuentes peligrosos, ofreciendo suculentas recompensas por información que facilitara su captura. Estos se colocaban en los lugares de más paso o afluencia de buscavidas que, mayormente atraídos por el dinero de las recompensas y muchas veces organizados en bandas, se dedicaban a encontrar, delatar o directamente asesinar a estos fugitivos de la justicia que a su vez eran también sus competidores de fechorías.

A finales del siglo XIX, la prensa escrita ya está bastante más extendida y en el Londres de 1888 la población esta alarmada por la aparición del primer asesino en serie conocido, el sanguinario Jack the Ripper (el destripador) que cometió sus crímenes en el empobrecido barrio de Whitechapel en Londres. La policía recurre a la prensa pidiendo pistas que les ayuden a identificar al asesino pero a pesar de todos los esfuerzos lo único que se consigue es aumentar su popularidad y ridiculizar a la policía a la que incluso envió un par de cartas. Muchas son las hipótesis que circularon sobre él y sus, al menos 5 asesinatos pero lo cierto es que nunca fue atrapado. Con los medios de todo tipo que hoy se tienen, si esto ocurriera en nuestros días, ¿sería posible detenerle? Lógicamente eso nunca se sabrá y por tanto todo son conjeturas, pero los autores de un estudio reciente dirigido por la responsable de análisis de Scotland Yard, Laura Richards, responden con rotundidad que sí.

Ya en el siglo XX, uno de los más dramáticos ejemplos de la importancia de los medios de comunicación en la ayuda a la policía, ocurrió en 1971 en New Jersey. Un oscuro y ultraconservador contable de 46 años llamado John List cometió el horrendo asesinato de su mujer, sus 3 hijos y su madre rodeando el crimen de una simbología completamente fanática e irracional, confesando su crimen y huyendo a algún lugar de Estados Unidos. Desde el punto de vista de la autoría, el caso era sencillo ya que el criminal antes de desaparecer dejo una carta manuscrita dirigida al pastor de la iglesia local declarándose autor y ‘justificando’ los hechos por miedo a que, ante la situación de paro en que se encontraba, su familia sufriera problemas económicos y su creencia de que todo ello les llevaría además a olvidarse de sus “deberes religiosos …”. El caso permaneció archivado en las estancias policiales hasta que 15 años después se revisó y se encargó a los especialistas en esculturas forenses un molde partiendo de las fotografías que se tenían de John List ‘añadiendole’ 18 años a la imagen para establecer el rostro que debería tener el asesino tanto tiempo después. Se le dio esta escultura y el resto de la información disponible a los responsables del programa de TV “America’s most Wanted“ para intentar que su difusión permitiera localizar al parricida. De forma asombrosa, esto dio resultado y una familia le identificó como su amable vecino, lo que condujo a su inmediata detención ¡¡casi 20 años después de cometidos los hechos!!. No hay duda que fue un gran éxito de colaboración.

Muchos años más tarde, su equivalente en la España de los primeros años noventa fue Paco Lobatón con su programa en TVE ¿Quien sabe donde?, que consiguió gran éxito de audiencia. Este programa resolvió también numerosos casos de personas desaparecidas. Independientemente de las que lo estaban por decisión propia, rencillas familiares o fallecidas lo cierto es que algunas, llevadas al programa por iniciativa de la policía fueron encontradas o se facilitaron pistas para su localización de manera similar al caso anteriormente narrado.

Pero los medios, y en particular la prensa, radio y la televisión no son la panacea y a pesar de las buenas intenciones para ayudar a resolver delitos, no siempre han conseguido resultados positivos. La publicidad dada a la desaparición en Portugal de la niña británica Madeleine McCann no ha conseguido hasta hoy encontrarla viva ni muerta.

La pequeña Madeleine desapareció la tarde del jueves 3 de mayo de 2007. La niña inglesa, de entonces tres años de edad, estaba de vacaciones con sus padres y hermanos en un hotel de Praia da Luz, en el Algarve, Portugal y desapareció de un apartamento ubicado en la zona central del lugar, donde estaba alojada su familia. El apartamento había sido alquilado en el resort Mark Warner, para la temporada estival. Según investigación de la policía portuguesa, ésta concluyó en que Madeleine había sido dejada sin supervisión de un adulto mientras se encontraba con sus hermanos gemelos menores, niño y niña, de 2 años de edad, y que podría haber sido secuestrada, aunque luego aceptaron la posibilidad de que en realidad esté muerta, cosa que los padres no aceptan, aferrándose a la esperanza, lógica por otra parte, de que no se ha encontrado el cuerpo. La investigación implicó a demostró las diferencias de metodologías por cada una de ellas, profusamente aireadas por la prensa, la radio y la televisión respecto a aspectos tales como la cantidad y tipo de información que se debía dar al público en este caso para que no perjudicara la investigación. Sin embargo, a pesar de las múltiples pistas sobre supuestos avistamientos de Madeleine en Portugal y en otros lugares, la policía y la investigación al respecto no parecían tener teorías claras. Esta desaparición tomó notoriedad debido a la cobertura de los medios periodísticos y también a la implicación activa de los padres, en la publicación del caso y a varias campañas llevadas a cabo por celebridades internacionales.

Próximo capítulo: Colaboración contra la corrupción y delitos políticos

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