Los malos negocios con el Arsenal

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Los equipos siempre acuden al mercado en busca de las mismas premisas: bueno, bonito y, a poder ser, barato. No hemos sido prolíficos en este aspecto ya que nos han colado taras y retales con los que malamente el club ha deambulado por su historia. Reciente es el despilfarro encarnado por Ibra, pero no muy lejos se encuentran los malos negocios con el Arsenal: Henry, Overmars o Petit simbolizan el mal ojo que tenemos cuando miramos más allá de la Masía.

Mentiría si dijese que no se han hecho buenos fichajes. Ejemplos de sobra, actuales y pasados, esquivan mi pesimismo, pero han sido los más caros los que han agujereado los bolsillos del club, no dejando más beneficio que su corto paso por el campo. El Arsenal ha sido uno de los que más nos ha vendido plata a precio de oro, frotándose las manos cada vez que uno de sus ojeadores ofrecía sueños invencibles a nuestros filiales. La fuga de talentos encuentra en Londres su aposento: tuvimos a Cesc y no supimos retenerlo, teniendo ahora que tirar de billetera cuando sólo poseemos calderilla. No es buen negocio, no.

Wenger es un ser sobrevalorado, pero no es tonto: Henry sólo vino al Barça una vez exprimido y a precio de estrella. Arsène es consciente de que sus futbolistas acabarán saliendo, todos se cansan de no saborear las mieles del triunfo. No es comparable el caso de Fábregas, pero seamos conscientes de lo que esperamos del catalán y cifremos en ello la cuantía del desembolso. Por ahí abajo anda un Thiago que, si no tiene sitio, volará como ya hizo el gunner. Sería triste que, dentro de unos años, andáramos persiguiendo una fruta de nuestro huerto.

Foto: AP
Texto: Elaboración propia

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