Los jíbaros y la cultura de la muerte

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La muerte es contradicción.

Una de las primeras lecciones que uno aprende en el colegio es que todo ser vivo nace, crece, se reproduce y muere. El concepto muerte es indisociable del concepto vida. Pero esto ya es pura contradicción. Como indica el antropólogo catalán Manuel Delgado “No se puede estar muerto. Si estás muerto no estás”.

La fascinación y el respeto por la muerte son comunes a todas las culturas. La mayoría supedita el uso que hace de la vida presente a la idea que confiere al “más allá”. A lo largo de la historia, hombres y mujeres con raíces y creencias divergentes han desarrollado múltiples interpretaciones para un estado verificable pero no experimental como es la muerte. Lo que para algunos es la puerta a la verdadera existencia para otros no es más que un proceso transformador o, simplemente la destrucción total. La figura de shamanes, brujos o espiritistas, capaces de establecer contactos con el otro mundo, ha sido frecuente en muchas comunidades. Pero finalmente, no importa cuán idílica sea la concepción que uno tenga de la “otra vida” porque todas pretenden eludirla mientras sea posible.

La muerte es sinónimo de separación y ruptura, de pérdida de individualidad: “es difícil no estar cuando se ha estado” dice el poeta. Pero esta desazón y pesadumbre sólo afecta a los que se quedan. Y es que, como reflexionaba Francis Bacon,“las pompas de la muerte aterrorizan más que la muerte misma”.

Una de esas “pompas” contradictorias, muy explotada y popular en los últimos años, se corresponde con la llamada tsantsa o cabeza reducida. Originaria de la frontera entre Ecuador y Perú, se trata de una práctica mortuoria muy común entre pueblos indígenas conocidos como jíbaros. Desde que los conquistadores españoles tienen contacto con estas comunidades en el siglo XVI, la leyenda y el “tráfico” de las cabezas reducidas ha circulado por el viejo continente.

Los jíbaros cortaban la cabeza a su enemigo, para después reducirla y conservarla, domesticando así a la temida muerte.

En los últimos meses, el interés por las tsantsas se ha reavivado. Algunos medios ecuatorianos denuncian que la aparición de varios cuerpos decapitados podría estar relacionada con una red de tráfico de cabezas reducidas, por las que coleccionistas de todo el mundo están dispuestos a pagar mucho dinero.

En un próximo artículo analizaremos quiénes eran realmente los jíbaros, cómo y por qué hacían esta reducción de cabezas y, qué razones puede haber para que esta práctica mortuoria sea reavivada de nuevo.

Fuente de las imágenes:
Fundación Mariana Yampolsky (http://www.marianayampolsky.org/fdt5_esp.html)
Planeta Sapiens (http://www.planetasapiens.com/wp-content/uploads/2009/11/Cabeza_reducida.jpg)

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