“Los Huerfanitos”: el teatro nos salvará, si no acaba con nosotros antes

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Reseñamos la segunda novela de Santiago Lorenzo, Los Huerfanitos, una tragicomedia de risa, por no llorar, donde el teatro es la causa y solución del problema de tres hermanos muy peculiares: Argi, Barto y Crispo, los hermanos Susmozas, encuentran en el arte escénico un remedio a su fatal herencia.
 

Sí, lo reconozco, llego un poco tarde y, al igual que la curiosidad mató al gato, yo no he podido evitar caer en las páginas de Los Huerfanitos (Editorial Blackie Books). Publicado ya hace unos meses, no dejaban de llegarme halagos y elogios hacia esta obra de Santiago Lorenzo y decidí que el tiempo no debía pasar más entre nosotros dos, tú tenías que ser mía, novelita del demonio, tenía que saber ya aquello que querías contarme. Y vaya, tras leerla sólo puedo decir que pregonaré su palabra; amigos lectores que no la habéis leído, ¿a qué esperáis?

Los tres hermanos Susmozas son los protagonistas de nuestra historia, de curiosos y característicos nombres, Argimiro, Bartolomé y Críspulo (prefieren que les llamemos Argi, Barto y Crispo). Ellos se enfrentarán, a la muerte de su padre (el venerable, admirado, crack de la farándula y dueño del teatro madrileño Pigalle, todo menos buen padre, Ausias Susmozas), a tal cantidad de deudas que la única solución la encontrarán en el montaje y preparación de una nueva obra teatral, La vida. Irónico tal título el de su salvación pues precisamente el teatro  fue su cruz en su temprana vida, hasta que pudieron poner tierra de por medio al mundo escénico de su señor padre. Desde el primer momento Argi, Barto y Crispo tendrán que encarar multitud de situaciones bizarras y crudas como la vida misma, desde sus recursos técnicos más ínfimos y deleznables a un equipo de lo más atípico, que irán mermando sus ánimos y escasas ideas acerca del teatro, cuya única esperanza será la obtención de la añorada subvención que les ayudará en el pago de sus deudas. La crisis es un tema muy palpable a lo largo de las trescientas páginas de esta novela, una crisis económica que afecta directamente a los hermanos, pero no sólo eso, sino también una crisis entre los propios personajes. La tensión es evidente y muy bien llevada, que te atrapa y quieres conocer cómo estos tres parientes se las arreglarán para salir de tal aprieto.

He de decir que de las primeras opiniones que me llegaban de Los Huerfanitos eran con connotaciones cinematográficas, todo un punto a su favor en la labor de conquistarme, y más aún si oigo que en esta preciosa novela puedo encontrarme elementos tan ácidos como los de las comedias de Rafael Azcona, guionista soberbio del cine español, y de Wes Anderson, cada cual de cuyos films es un cuento, como buen amante del pormenor llevado a su máxima expresión, tanto en los planos como en su banda sonora (qué digo banda sonora, Anderson ama la canción en su cine, le admiro profundamente, ¡la canción!). Y no es casual que se aprecien unos tintes cinematográficos, pues su autor, Santiago Lorenzo, pertenece también a este arte, ya que entre sus múltiples trabajos en él dirigió en 1997 la película Mamá es boba.

Un libro cuya portada corre a cargo de Ricardo Cavolo y que aúna el humor negro, en el cual la situación más inverosímil puede ser cierta, con un detalle cuidado, una prosa que juega hábilmente con un léxico y una historia que te hace compadecerte de sus personajes, pero que hace pedir más a una parte macabra de tu interior (“…veamos cómo salen de la siguiente”), sólo puede merecer un tremendo aplauso y una recomendación a todo aquel que sepamos que puede apreciarlo.

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