Los Goya desde dentro

Alfombra verde en vez de roja, mucho cine, TVE y Loterías del Estado vistiendo los paneles del photocall, nervios, demasiado frío, atmósfera de película y buenos directores. Canapés, un centenar de fotógrafos por lo menos, buen rollo, vestidos horrorosos y exageradamente caros, amor al arte, dinero y prestigio. Alex de la Iglesia como nuevo presidente de la Academia, ilusión, talento y muy buena coordinación. Hipocresía, eso que llaman glamour, envidias, joyas feas y pesadas, zapatos increíblemente altos y evidentemente incómodos, risas y apariencias. ¡Flash!, Bimba Bosé con traje y pelo color excremento de pato, políticos del equipo A y del B, espectáculo, alboroto, técnicos y periodistas por doquier. Lujo, galantería, famosos y famosas que nunca se han dedicado al cine pero que por ser populares tienen la entrada garantizada, euforia y mucha picaresca. Artistas que no les gusta dejarse ver y artistas que les gusta demasiado que les vean, entretenimiento, nuevas tecnologías, un perro trajeado, homenajes, alegrías, llantos y sorpresas.

Al terminar la gala, los periodistas comentaban con entusiasmo cómo David se había comido a Goliat. Celda 211, película que ha costado tres millones de euros, salió vencedora tras el duelo que mantuvo con la cinta más cara del cine español: Ágora, de cincuenta millones de los mismos euros. No siempre lo caro es mejor.

La noche arrancó fuerte para la superproducción de Alejandro Amenábar, que partía con 13 candidaturas de las cuales ganó 7. La mayoría a premios técnicos, que no por ello son menos importantes: mejores efectos especiales (Reynolds y Bergés), fotografía (Xavi Giménez), dirección artística (Guy Hendrix), maquillaje y peluquería (Sewell y Stokes-Munton), vestuario (Gabriella Pesucci), dirección de producción (José Luis Escolar), y guión original (Alejandro Amenábar y Mateo Gil).

El drama carcelario de Daniel Monzón fue la película ganadora por excelencia, y se lo merecía, entre otras cosas por su éxito en taquilla. Sumó un total de 8 premios de sus 15 nominaciones: mejor película, director (Monzón), actor protagonista (Luis Tosar), actor revelación (Alberto Ammánn), actriz de reparto (Marta Etura), guión adaptado (Jorge Gerricaechevarría) sonido (Sergio Burmann), y montaje (Mapa Pastor).

El secreto de sus ojos de Juan José Campanella, magnífica obra, densa pero profunda, se tuvo que conformar con el Goya a la mejor película hispanoamericana y con el de mejor actriz revelación para la reputada argentina Soledad Villamil. El baile de la victoria, de Fernando Trueba, no consiguió ningún galardón a pesar de sus 9 nominaciones. Las críticas no han sido precisamente buenas con este film.

La mejor dirección Novel fue para la directora catalana de 28 años Mar Coll por Tres dies amb la família. La mejor película documental fue Garbo, el hombre que salvó el mundo, de Edmon Roch, y el mejor largometraje de animación fue Planet 51 (Ilion Studios), la película más cara del cine español.

En cuanto a los cortometrajes, que suelen pasar siempre desapercibidos, fueron premiados como mejor corto documental Flores de Ruanda, de David Muñoz; Dime que yo de Mateo Gil como corto de ficción; y La dama y la muerte de Javier Recio como mejor corto de animación. Tanto los premiados como los nominados son muy dignos de ver, ¡os los recomiendo!

Alberto Iglesias se llevaba el octavo Goya de su carrera por la banda sonora de Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar, y el Goya de Honor fue para Antonio Mercero, mentor de muchos cineastas que se emocionaron al escuchar la hermosa dedicatoria que le hicieron desde el escenario sus hijos.

Andreu Buenafuente, que presentó la gala, fusionó su estilo humorístico con los efectos especiales de Next Limit, la única empresa española que ha ganado un oscar técnico y que jugó con la idea de la ruptura de las cañerías de los baños, y la aparición de Pocoyó, uno de los personajes de animación más populares. Todo esto, sumado a la falta de cortes publicitarios, hizo resucitar la 24 edición de los Goya en la televisión. Por primera vez, la emisión de la gala superó los cuatro millones de espectadores.

Al principio de la gala, el director de la Academia del cine español, Álex de la Iglesia proclamó un emocionante discurso. Habló de trabajadores en paro, de familias, de egos, de miserias, de dinero, de talento y de sueños. El director apuesta por el buen cine español. “El público, que es la gente para la que trabajamos, ha ido a ver nuestras películas más que nunca, y eso es un honor y un orgullo. No pensemos que somos mejores por eso. Pensemos que nos han dado una oportunidad. Hay que aprovecharla.” Ojalá sea así.

Y la noche acabó con sorpresa: Pedro Almodóvar se reconciliaba con la Academia de Cine después de muchos años de distanciamiento. Ya se sabe que su trabajo ha sido siempre más reconocido en el extranjero que en España. El director manchego, muy vitoreado, clausuró la gala entregando el último premio a la mejor película.

En fin, fue una gala muy esperada que llegaba después de largos meses de árida polémica política sobre el futuro de nuestro cine. La primera gala de Álex de la Iglesia como presidente de la casa, de la cineasta Ángeles González-Sinde como ministra de Cultura, de la reaparición de Almodóvar, y como no, de la parejita Cruz-Bardem sentados juntos por vez primera.

Fue la fiesta de la euforia, de los excesos y del arte. Una mezcla de cosas buenas y malas, ying yang, como el cine mismo vamos. Un arte que no tiene escrúpulos, que no reconoce el trabajo técnico, que se magnifica siempre con la belleza y el glamour, un invento del siglo XX. Que es superficial pero también auténtico. Que mueve grandes cantidades de dinero, y que al fin y al cabo, es espectáculo.

Como bien decía Fellini, el negocio del cine es macabro y grotesco, una mezcla de partido de fútbol y de burdel. Pero no debemos olvidar que también es un trabajo de artesanía. Consigue que nos evadamos de nuestros problemas sumergiéndonos en maravillosas historias. Así que yo me quedo con eso. Con las buenas historias del cine español.

Fuentes del texto:
Cosecha propia, Internet e información facilitada en la gala
Fuentes de las imágenes:

Clara Torrijos Reina


Los premiados
“Gala de los goya 2010”

  • Mejor película: Celda 211
  • Mejor dirección: Daniel Monzón (Celda 211)
  • Mejor actor protagonista: Luis Tosar (Celda 211)
  • Mejor actriz protagonista: Lola Dueñas (Yo, también)
  • Mejor actor de reparto: Raúl Arévalo (Gordos)
  • Mejor actriz de reparto: Marta Etura (Celda 211)
  • Mejor actor revelación: Alberto Ammánn (Celda 211)
  • Mejor actriz revelación: Soledad Villaamil (El secreto de su ojos)
  • Mejor dirección novel: Mar Coll (Tres días con la familia)
  • Mejor guión original: Mateo Gil y Alejandro Amenábar (Ágora)
  • Mejor guión adaptado: Daniel Monzón y Jorge Garricaechevarría (Celda 211)
  • Mejor montaje: Mapa Pastor (Celda 211)
  • Mejor música original: Alberto Iglesias (Los abrazos rotos)
  • Mejor canción original: Yo también (Yo, también), de Guille Milkyway.
  • Mejores efectos especiales: Cris Reynolds y Félix Bergés por (Ágora)
  • Mejor diseño de vestuario: Gabriella Pescucci (Ágora)
  • Mejor maquillaje y peluquería: Jan Sevell, Susan Suzann y Stokes-Muntón, por (Ágora)
  • Mejor dirección artística: Guy Hendrix Dyas (Ágora)
  • Mejor dirección de producción: José Luis Escolar (Ágora)
  • Mejor fotografía: Xavi Giménez (Ágora)
  • Mejor sonido: Sergio Burmann, Jaime Fernández y Carlos Farauolo (Celda 211)
  • Mejor película de animación: Planet 51
  • Mejor cortometraje de animación: La dama y la muerte
  • Mejor cortometraje de ficción: Díme que yo
  • Mejor documental: Garbo, el hombre que salvó el mundo
  • Mejor película hispanoamericana: El secreto de sus ojos
  • Mejor película europea: Slumdog Millionaire


Discurso del presidente de la Academia de Cine
“Más vivos que nunca”

Por Álex de la Iglesia

Hay que ser humildes. A mi me cuesta mucho, soy soberbio y engreído. Parece que forma parte de mi trabajo, y no debe ser así. No somos tan importantes. Importante es salvar vidas en un hospital. Eso sí que debería tener trascendencia mediática. Hay que ser humildes y estar agradecidos. El público, que es la gente para la que trabajamos, ha ido a ver nuestras películas más que nunca, y eso es un honor y un orgullo. No pensemos que somos mejores por eso. Pensemos que nos han dado una oportunidad. Hay que aprovecharla.

Celda 211, el drama carcelario del cineasta Daniel Monzón, se convirtió en la gran triunfadora. Con el premio al mejor director y mejor actor, dejó en segunda posición a Ágora. En la gala se rindió un sentido homenaje a Antonio Mercero con el Goya honorífico y Álex de la Iglesia vio cumplido uno de sus sueños: lograr que Pedro Almodóvar volviera a participar.

Tenemos que ser humildes, estar agradecidos y pedir perdón por haber fallado muchas veces. Nunca reconocemos nuestros errores. Nos miramos al ombligo, nos encanta nuestro ombligo. Tenemos pósters de nuestro ombligo en casa, cuadros de ombligos llenando nuestras paredes. Creemos que somos artistas, genios alternativos, creadores. Antes de todo eso, somos trabajadores. Nos pagan por hacer un trabajo, y hay que hacerlo bien. Este año ha sido uno de los mejores, pero el siguiente tiene que ser todavía mejor. Los primeros que tenemos que arrimar el hombro somos nosotros. Yo ruedo mañana, así que no me quedo a los canapés.

Y aquí viene el meollo de la cuestión, porque hay mucha gente que no puede rodar, que no puede trabajar. No tiene esa suerte. No sólo hablo de directores, o productores que no encuentran medios de financiación. No hablo de distribuidores que luchan por colocar nuestras películas en las pantallas, o exhibidores que ven cómo desaparecen sus salas. Hablo de miles de familias que no tienen glamour y no salen en las revistas; que no han estado ni estarán nunca en los Goya. Gente que se dedica al montaje, al sonido, maquilladores, eléctricos, sonidistas, actores de reparto, figurantes, empresas de catering, gente que vive de esto, que genera riqueza.

Estamos aquí para que esta gala sea divertida, promocionar las películas, y que la gente vaya al cine. Pero el asunto es más serio de lo que parece. Necesitamos fortalecer la industria, y así poder hacer mejores películas. Hacer todo tipo de cine, tanto grande como pequeño. Contar todo tipo de historias, comernos la cabeza para hacerlo con los medios que tenemos y competir con Hollywood. ¿Saben ustedes lo increíblemente difícil que es sobrevivir tanto sólo una semana en cartelera? Algunos de los que compiten aquí han conseguido el milagro de ser número uno en taquilla. Creo que se merecen un aplauso.

Estamos contentos. Tenemos motivos para estarlo. El cine hecho en este país ha vivido en 2009 uno de sus mejores años. No sólo por la taquilla. Este año nos hemos sentido vivos. Más vivos que nunca. Un año comprometidos con nuestra profesión y con nuestro sector. Un año polémico, complicado, con desacuerdos y desencuentros. ¡No puede ser de otra manera! Somos así, como una imagen grotesca de nuestro propio entorno. Sin embargo, podemos cambiar. Miradme, 35 kilos menos. Podemos y debemos llegar a un acuerdo, y entender que no hay una manera de hacer cine, sino muchas, y que debemos contemplarlas todas.

Este semestre el Gobierno ha asumido la Presidencia de la Unión Europea. Es una oportunidad única para reafirmar nuestro compromiso con Europa. El cine es, precisamente, uno de sus mayores y mejores altavoces. Utilícenlo. Estamos a su disposición.

La Academia está a punto de cumplir su primer cuarto de siglo, y lo que fue un sueño de unos cuantos entusiastas, es ahora una comunidad de más de 1.200 personas, orgullosas de su trabajo. Tenemos que convencer a la sociedad de que también puede estar orgullosa de nosotros. Este año, los que disfrutáis de la gala, lo habéis conseguido. Enhorabuena.

Tenemos que cambiar, pero unidos. Tenemos un frente común y los mismos objetivos. No es tan difícil. Para todo esto necesitamos cobertura. Necesitamos leyes que protejan la coexistencia de todos los sectores industriales, y eso incluye también al cine. Desde aquí quiero hacer un llamamiento a los grupos de poder que pueden facilitar este cambio. Me refiero a las televisiones.

Televisión Española sigue demostrando su compromiso, sin el que, les aseguro, sería muy difícil la existencia del cine en España. A las restantes no les pedimos su generosidad, sino que les ofrecemos nuestra disposición a trabajar, para demostrarles que juntos podemos acercarnos a lo que todos queremos: la mayor calidad para nuestros espectadores. Las televisiones han ayudado a levantar películas que gozan de un éxito internacional inimaginable hace unos pocos años, proyectos rentables con un enorme prestigio y una imagen extraordinaria para sus productores. Eso sólo lo consigue el cine. Por favor, no lo olviden.

El año 2010 no ha hecho más que comenzar. Humildad, agradecimiento, ilusión y orgullo. Esforcémonos en ello. Les aseguro que habrá muchas películas españolas que disfrutar. No se las pierdan.

Una respuesta a Los Goya desde dentro

  1. martaruiz@hotmail.com'
    Marta Lunes, 12 | septiembre | 2011 en 02:49

    Molt bé Clareta!!

    ets una crack! :)

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