Los europeos desunen la Unión

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Cada vez más ciudadanos europeos, incluidos los de izquierdas, ven con malos ojos la UE. Mientras en países como Grecia se imponen terribles medidas de ajuste y recortes, los líderes de los grandes bancos salen airosos ante el beneplácito de la Unión, e incluso en algunos casos reciben ayudas de los gobiernos.

En un momento económico en que los grandes líderes europeos consideran que lo mejor es ceder más poder a las instituciones comunitarias, la opinión pública rechaza esta tesis de forma más acentuada. Hace apenas unos años, la mayoría de los europeos confiaba en la Unión. Pero ahora, en medio de la peor crisis económica mundial, menos de la mitad de la población del continente cree que la pertenencia de su país a la UE resulte positiva, sólo un 47%.

El euroescepticismo está en auge y, aunque algunos expertos consideran que se debe a la crisis, no es del todo cierto. Según ellos, los ciudadanos apoyan a la UE en momentos de bonanza económica y dejan de hacerlo cuando hay crisis. Sin embargo, el fenómeno es algo más complejo.

Hay que tener en cuenta muchos otros factores, como las políticas que se están llevando a cabo desde Bruselas para gestionar la crisis. Todas se basan en recortes sociales y de derechos que se tardaron muchos años en conseguir. Ésta puede ser una explicación al aumento de euroescépticos de izquierdas, cuando lo común era que esta tendencia se diera entre los conservadores.

Y es lógico, ya que cada vez más europeos se preguntan por qué no se ataja la crisis “atacando” a quienes más tienen. Nada más y nada menos que el 89% de la población europea cree que la UE debería endurecer sus políticas contra los paraísos fiscales, así como regular los salarios del sector financiero o establecer un impuesto a los beneficios de los bancos. En definitiva, la gente no entiende por qué alguien sin recursos debe pagar una crisis provocada por la especulación de los inversores y los bancos.

Por otra parte, se puede intentar imaginar una Unión Europea más integrada y con más políticas comunes, pero es posible que fuera un fracaso. La razón es obvia: los estados de la eurozona son tremendamente heterogéneos en todos los ámbitos, aunque el más importante es el económico. Por ejemplo, se demanda una igualación en impuestos, pero sería injusto que la población española o la griega pagasen los mismos impuestos que la alemana o la francesa sin tener los mismos salarios. Es insostenible. Y si bien es cierto que España y Grecia gastaron mucho más dinero del que tenían y aprovecharon los préstamos de la UE, no es una razón de peso para culpar de toda la crisis a esos países y castigar a sus ciudadanos con estas tremendas medidas de ajuste. Es lo mismo de antes: ¿por qué los ciudadanos de a pie tienen que pagar los errores de sus gobiernos?

Con todo, es verdad que otras políticas sí podrían ser más efectivas siendo comunes, por ejemplo una política fiscal que ataque a la economía sumergida. En realidad, si algo tiene que hacer la UE para dejar de perder apoyos populares es obedecer y llevar a cabo las demandas de los ciudadanos, y no las del BCE o el FMI. Pero siendo realistas y viendo cada paso que da esta UE, apoyando y respaldando a los grandes bancos mundiales y europeos y cargando todo el peso de la crisis económica en los pueblos y trabajadores, ¿alguien espera políticas que beneficien a los ciudadanos europeos y perjudiquen a las grandes fortunas y a los especuladores? Lo cierto es que es difícil de esperar.

Fotografía: Every Stock Photo.

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