"Los desiertos florecen al final del camino"

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Qué ilusión salir del metro en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y ver muchos estudiantes con su pequeña macetita de violetas en la mano. “No es para menos” pensé yo, porque la UCM siempre está en todo y estaba segura de que organizaría algo especial en esta fecha. Además a mi madre le daría mucha alegría que le llevase unas florecillas cuando llegase a casa después de clase, pero siempre me pasa lo mismo, miré a los lados para divisar el puesto y no lo vi. Luego me enteraría de que se encontraba situado frente al Jardín Botánico, de modo que me fui a casa con exactamente lo mismo que traje y, bueno, con un poco más de cansancio.

En estos días a uno le da por pensar si en verdad esta celebración debe seguir vigente en el siglo XXI cuando, en teoría, las mujeres ya parecen abrirse paso tanto a nivel profesional como en otros aspectos de la vida. Atrás quedó ese menosprecio y ese papel casi de esclava que cumplía una vez formaba una familia. Ella era la que tenía que tener la cena hecha para cuando el maridito llegase a casa y los reconocimientos eran presumiblemente escasos. Bastantes barreras están más que superadas y, por ello, hay personas que opinan que este día no hace otra cosa que resaltar más las diferencias entre hombres y mujeres porque ellas si tienen ese día especial y ellos no. Por el contrario, solo hay que fijarse en otros países para darse cuenta de que aún hace falta mucho camino por recorrer. En ellos, la mujer se encuentra en exceso infravalorada; ellas no son personas, sólo son objetos a disposición de los hombres que las poseen. En estos lugares eso de casarse por amor no se lleva y, es más, ellas han de sentirse afortunadas por haber sido las elegidas. Al fin y al cabo forma parte de un negocio.

Este año, por segunda vez, se han reunido españolas y africanas en Madrid (aunque el pasado lo hicieron en Mozambique) para aunar fuerzas en pro de la igualdad. Lo han hecho 500 mujeres de 46 países. Quizá en España u otros países occidentales sí que podamos darnos palmaditas en la espalda porque hemos conseguido que las mujeres sean cada día un poco más respetadas. Eso no ocurre en África. Se intenta luchar por su ascenso en la sociedad pero sigue siendo complicado debido a una tradición fuertemente machista. Sin embargo, me satisface ver que poco a poco van saliendo a flote en este continente tan olvidado. Una prueba de ello es Ellen Johnson-Sirleaf, presidenta de Liberia y primera de un país africano, que también estuvo en Madrid en este encuentro.

Otro ejemplo significativo lo constituye Irán, país que últimamente está siendo noticia y no sólo por el programa nuclear que tantos quebraderos de cabeza está trayendo. Se trata de que las mujeres están tomando conciencia de la injusticia en la que están sumidas y cada vez les cuesta menos echarse a la calle y reivindicar sus derechos. La última: justamente ese día, el 8 de marzo, la policía intentó disuadir, y no precisamente de forma cortés, a 700 manifestantes cuando se encontraban congregadas exigiendo no ser discriminadas.

Ojalá se hicieran más manifestaciones, que están tan de moda últimamente, para acabar de una vez con la desigualdad. Ojalá saliesen estas iniciativas de ciertos políticos, pero será que hay otros temas más importantes en los que entretenerse que el hecho de que haya millones de mujeres en el mundo viviendo totalmente anuladas. “Los desiertos florecen al final del camino” es la última frase con que acabó su discurso la escritora Almudena Grandes donde animaba a las africanas a seguir luchando.

Fuente:
www.elpais.com
Fotografía:
http://www.cientec.or.cr/

1 Comentario

  1. En la Biblia se citan los siguientes desiertos: Beerseba, Bet-avén, Cademot, Damasco, En-gadi, Etam, Gabaón, Judá (Judea), Maón, Moab, Parán, Shur, Sin, Sinaí, Tecoa, Zif y Zin.
    En cuanto al desierto en el que Jesús realizó su retiro fue el hoy conocido como “Monte de la Cuarentena”, situado a unos 500 metros sobre el Valle de Jericó.

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