Los desafíos de Obama: Asia en el exterior y bienestar en el interior

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Obama tomó posesión de su cargo por segunda vez el pasado día 21 de enero, en una legislatura en la que el reelegido presidente tendrá que saber manejar muchos frentes abiertos, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.

El Presidente de los EEUU. Imagen cedida por Systenman, Wikimedia“En América, la primera legislatura está destinada a ganar las siguientes elecciones, en la segunda, el Presidente debe dejar su firma en la historia”. Es esta una frase muy repetida pero que define con bastante acierto la realidad presidencial norteamericana. Barack Hussein Obama llegó al cargo como la gran esperanza, la representación pura del espíritu americano de libertad y democracia, la salvación para la imagen de Estados Unidos en el mundo.

Cuatro años después, esa imagen ha mejorado, y mucho, pero los problemas que la dañaron (Guantánamo, Afganistán…) persisten y Obama tendrá que resolverlos, además de otros desafíos que marcarán su mandato en los próximos cuatro años.

A la complicada situación en Afganistán se une la supuesta amenaza nuclear de su vecino, Irán. Algunos analistas afirman que la intervención militar de Estados Unidos en el país persa es sólo cuestión de tiempo y para los sectores más reaccionarios norteamericanos ese momento ya habría llegado. Obama tendrá que lidiar con unos y otros y medir muy bien el alcance que una intervención en Irán podría llegar a tener en Oriente Próximo. Una zona en la que el conflicto palestino-israelí se ha hecho eterno. El pasado 29 de noviembre las Naciones Unidas dieron un paso simbólico al reconocer a Palestina como Estado observador. Una vez más, Obama siguió la política de su predecesor de apoyo total y sin condiciones a Israel. Lo que se demostró es que el resto del mundo quiere poner solución a un conflicto que no debe perpetuarse para siempre.

El continente asiático parece que va a convertirse en el próximo escenario de juego mundial. Estados Unidos lo sabe y por eso ha incrementado sus relaciones en el llamado eje Asia-Pacífico. Obama tendrá que lidiar con el hecho de que las nuevas potencias, como India y, especialmente, China, eliminarán, si no lo han hecho ya, su supremacía mundial.

África se ha convertido en el escenario inadvertido de esta nueva competencia, donde Estados Unidos, China y, la antigua metrópoli, Francia, luchan por sus recursos. Otra área del mundo que no debe ser descuidada es América Latina, región que está experimentando un asombroso crecimiento y desarrollo. El “patio trasero” norteamericano se prepara para jugar su rol en el planeta. ¿Europa? Se supone que comparte valores con Estados Unidos pero a este ritmo quedará relegada en el lugar de las “viejas glorias”.

Dentro de casa, Obama necesita reducir la deuda americana y a la vez conseguir crear empleos. Su intención de subir impuestos a los más ricos seguirá encontrando el rechazo frontal del Partido Republicano en el Congreso y, también, de buena parte de la población norteamericana. Un rechazo que también encontró su famosa reforma sanitaria, que intenta generalizar el acceso a la sanidad. Intentar extenderla le será, si cabe, más complicado. El control en la venta de armas o la ley migratoria son otras reformas no menos espinosas.

“Los patriotas de 1776 no lucharon para sustituir la tiranía de un rey por los privilegios de unos pocos (…) Para preservar nuestras libertades individuales necesitamos de una acción colectiva”, dijo Obama en su discurso de investidura. Un discurso en el que apeló a la unidad y a la igualdad de oportunidades. Ahora deberá mostrar a los escépticos que su mandato es algo más que palabras.

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