Los cuentos que no nos quisieron contar

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Los cuentos de hadas han colmado nuestra infancia, dotándola de un tono dulzón y almibarado, y han marcado la tradición cuentística europea. Es imposible hablar de estos cuentos y no imaginarnos a princesas y príncipes, reyes adinerados, brujas con terroríficos hechizos y un dragón que custodia un castillo. Este folclore, que todos conocemos, se ha visto reforzado por las películas animadas que la compañía Disney ha realizado a lo largo de décadas.

La realidad de estos cuentos populares es que la mujer tiene un carácter pasivo y poco despierto, que siempre espera a su eterno amado que la salvará con un beso de amor. El príncipe, dotado de valentía y gallardía, combatirá con la figura maligna para vencer y rescatar a su bella princesa. Esto es un reflejo de la sociedad patriarcal en la que hemos vivido durante siglos y que se ha extendido hasta el siglo XXI, aunque afortunadamente ya se aprecian diversas transgresiones y rupturas a estos modelos.

A principios del siglo XX, el antropólogo y lingüística ruso Vladimir Propp ya distinguía en La morfología del cuento las funciones de los personajes de estos cuentos de hadas y constataba que a la princesa se le reservaba un único desenlace posible: el del casamiento con el héroe tras su rescate. Posteriormente, algunas investigadoras de estos cuentos como Maria Tatar, Hélène Cixous o Madonna Kolbenschlag entre otras, ligadas a la corriente feminista, han denunciado ese papel pasivo de la mujer, presa de las emociones y la sensibilidad, frente al comportamiento racional y guerrero del hombre.

Sin embargo, esto es solo simplificar la historia de los cuentos de hadas. La escritora e investigadora Angela Carter, que ya había ejecutado su propia transformación de estas narraciones, despojándolas de azúcar y moralina, en La cámara sangrienta, sorprende con el hallazgo de más de un centenar de relatos en los que la mujer, por primera vez, lleva la voz cantante. En estos cuentos maravillosos, ellas no necesitan salvadores puesto que, con su inteligencia, pueden engañar hasta el mismísimo rey. Ellas no tienen que perdonar y pueden darse el lujo de mentir y ser vengativas. Estas mujeres malvadas han sido silenciadas y solo ahora podemos contemplar que aún queda mucho por explorar dentro de la tradición cuentística.

Estos relatos, seleccionados por la autora, no solo provienen de Europa, sino que nos permiten descubrir narraciones asiáticas, árabes, inuits o africanas. Resulta llamativo que, en las recopilaciones que nos han llegado desde niños, no encontremos a esos personajes femeninos que son valientes y astutos, muy alejados de los que nos presentaban Charles Perrault, Hans Christian Andersen o los hermanos Grimm. ¿Sería demasiado osado pensar que los hombres confeccionaron la mayoría de compilaciones? ¿Por qué no se nos ha permitido, con la misma libertad, acceder a estos relatos que nos presentan a otro tipo de mujer, alejada del yugo patriarcal?

La editorial Impedimenta nos trae, bajo el título Cuentos de hadas de Angela Carter, las dos obras, publicadas en 1990 y 1992 respectivamente, en las que recopiló cuentos atípicos con protagonismo femenino: El libro de los cuentos de hadas y El segundo libro de los cuentos de hadas. Podría, simplemente, recomendarlo, pero eso no sería suficiente. Necesito que lo leáis, reflexionéis y lo debatáis con vuestras madres y amigas. Solo comprendiendo el espacio que se nos ha arrebatado a las mujeres en los distintos ámbitos culturales, podremos construir un futuro diferente e igualitario. Angela Carter, gracias por tanto.

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