Los Chicos de El Hormiguero abarrotan la Sala Live con el humor más canalla

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Ni marionetas de fieltro, ni el imponente plató, ni las luces deslumbrantes, ni las cámaras… Nada. Hasta el showman por excelencia de El Hormiguero, Pablo Motos, es prescindible para que Los Chicos de El Hormiguero sean espectáculo por sí solos. Un modesto escenario, tres micrófonos y el público sediento de carcajadas son suficientes para que Juan, Damián y Marron se luzcan y seduzcan con el humor más desenfadado de la televisión española.
Ya casi eran las ocho. Cuanto más se aproximaba la hora del comienzo del show, más se agolpaba la multitud ante la entrada de la emblemática Sala Live. Las puertas por fin se abrieron y, con ellas, la impaciencia de una muchedumbre que parecía haber olvidado de un plumazo esa lección tan parvularia como valiosa de hacer una “fila india”. Tras batallas y empujones, el público fue abarrotando la sala a cuentagotas.

Después de una breve –o no tanto- espera y un viaje a la barra –donde casi pedían la bolsa o la vida por una consumición-, supimos que el espectáculo estaba a punto de comenzar. Con el escenario aún vacío y alumbrado apenas por una tenue luz, la dulce voz de la hormiga Barrancas presentó a los monologuistas. Como preámbulo, un tempranero Juan alababa el barrio de Carabanchel, cuna tanto suya como de la Sala Live, antes de presentar al primero de los monologuistas.

Y Marron vino, vio e hizo reír como pocos lo consiguen. Esta vez sin sombrero, pero con su espigada figura y las uñas pintadas de negro, llegó a escena para hablar, nada más y nada menos, que de las madres, “esos seres extraterrestres”. Las croquetas, el improvisado arte de hacer bocadillos en la calle y las visitas a la zapatería fueron algunos de esos temas con los que cada individuo del público, aparte de reír a carcajadas, movía la cabeza de arriba a abajo en señal de asentimiento y comprensión.

El siguiente en comparecer fue Damián, quien comenzó su intervención mencionando también su barrio: La Moraleja. Quizás menos modesto que Carabanchel, pero dejó patente que también tiene sus riesgos. Tras esto, y después del anterior monólogo sobre madres, qué mejor que carcajearse de los usos y costumbres de las parejas. Comenzando por las dietas y siguiendo por las puestas de sol, el cóctel explosivo de unir amigos y pareja o los típicos paseos en barca, la Hormiga amable trazó un impecable panorama de las relaciones románticas que finalizó con la exaltación de la soltería.

Pero la mayor sorpresa de la noche fue la aparición del guionista y también monologuista de El Hormiguero, Toño, “el demonio sobre ruedas”, cuyo humor negro sacó, sin lugar a dudas, la nota más alta del espectáculo. Un desgarrador monólogo sobre el futuro, interrumpido frecuentemente por sus propias carcajadas, realizó las delicias de todos los presentes. O debería decir casi todos, porque su humor es por lo visto demasiado negro para las mentes más sensibles.

Quizás fue esto lo que provocó un par interrupciones del show por los desmayos de dos personas del público. O puede que el verdadero motivo fuera una sala excesivamente llena con una evidente falta de ventilación. Unas condiciones un tanto precarias para un tipo de espectáculo que suele permitir al público sentarse. Llámenme comodona, pero yo creía lógica la existencia de asientos, dada la duración de casi dos horas.

Pero, como aquél que dice, The show must go on. Y, en efecto, continuó con la brillantez esperada, culminando con la intervención de la segunda Hormiga, Juan, que también escogió temas cotidianos de lo más familiares. Abuelos, padres… todos tienen cabida en sus desternillantes monólogos.

Como colofón final, la exquisita amabilidad de los protagonistas de la tarde, que accedieron amablemente a charlar y fotografiarse con todos los fans que se les acercaban tras el espectáculo. Sin duda un show que merece la pena ver para despejarse de la tarde de domingo y comenzar la semana con buen pie. Eso sí, a ser posible con una silla plegable a mano.

Fuentes del texto:
Laura Chacón
Imágenes:
Marta Molina (www.flickr.com/merk_m)

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