Los asteroides están ahí

0
202

Días pasados, hemos conocido la noticia siguiente: “Un profesor del Campo de Aprendizaje Montsec del Centro de Observación del Universo de Ager (Lérida), Josep Maria Bosch, ha descubierto un nuevo asteroide en órbita de la Tierra que ha resultado ser el que pasa más próximo al planeta, ya que se acercó a “sólo” 645.000 kilómetros de distancia.“
Un descubrimiento importante. Felicidades, profesor. Buen trabajo.
Este asteroide pertenece a la clase “Apolo”, grupo de “Asteroides Potencialmente Peligrosos”. En esta clase se agrupan los objetos que debido a sus parámetros orbitales podrían representar una posible amenaza de impacto con el planeta Tierra (ver sitio
http://neo.jpl.nasa.gov/neo/pha.html). Tiene entre 0,5 y 1 kilómetro de diámetro, y le han puesto nombre: se llama 2009-ST19. Los primeros cálculos de su órbita indican que el acercamiento más peligroso del ST19, que da una vuelta al Sol cada 3,6 años, se produciría en 2038, pero es una fecha que puede variar.

En el Sistema solar, además del sol, los planetas y sus satélites, existen innumerables cuerpos de menor tamaño, cuyos diámetros van desde los 2000 kilómetros de los llamados “planetas enanos” hasta dimensiones milimétricas, como los llamados “meteoroides”. Estos cuerpos se concentran principalmente en tres regiones: el cinturón principal, el anillo transneptuniano, y la nube de Oort.

En el cinturón principal de asteroides, una región en forma de anillo entre Marte y Júpiter, es donde se concentran la mayoría de ellos. Son pequeños cuerpos rocosos con un rango de diámetro observado que va desde los casi 1000 Kilómetros (1 Ceres, descubierto el 1 de Enero de 1801 por Giuseppe Piazzi en Palermo, Sicilia) hasta unos pocos centímetros. Entre ellos hay un grupo especial que se denominan “Objetos próximos a la Tierra”, o NEO’s en el acrónimo sajón, cuyas órbitas se aproximan y/o cruzan la de la Tierra (ver sitio http://neo.jpl.nasa.gov/ para más información).

Se conocen alrededor de 6000 NEOs, de los cuales unos 750 poseen un diámetro superior a 1 kilómetro. Dependiendo de su órbita, estos NEOs se agrupan en tres clases diferentes: Apolo, Atenas y Amor

La clase Apolo agrupa a los asteroides cuyo perihelio está más cerca del Sol que la órbita de la Tierra, y por lo tanto cruzan la órbita de la Tierra. Son potencialmente los más peligrosos, por la posibilidad de que en el cruce haya una colisión. Actualmente se conocen unos 1000 objetos de esta clase, de los cuales 150 poseen un diámetro superior a 1 kilómetro.

La clase Amor agrupa a los asteroides que tienen una órbita entre Marte y la Tierra. Cruzan la órbita de Marte pero no la de la Tierra.

La clase Atenas agrupa los asteroides que se mantienen normalmente dentro de la órbita de la Tierra de modo que su periodo es inferior a un año y su distancia al Sol menor de una UA (Unidad Astronómica).

Hay un grupo de asteroides denominados “Troyanos”, que se mueven sobre la órbita de Júpiter, y otros que se conocen como “Centauros”, que se encuentran en la parte exterior del Sistema Solar orbitando entre los grandes planetas.

El anillo transneptuniano es una región como su nombre indica en forma de anillo que se extiende desde Neptuno hasta una distancia de unas 50 veces la que hay entre la Tierra y el Sol. El objeto transneptuniano mayor (alrededor de 2000 kilómetros de diámetro) es sustancialmente más grande que cualquiera de los encontrados en el cinturón principal. Estos asteroides más alejados tienden en su composición a ser menos rocosos y mas hielo, ya que se han formado lejos del Sol. De hecho, un grupo de estos objetos, conocidos como “El cinturón de Kuiper” se cree son la reserva de los cometas de periodo corto. La distinción entre asteroide y cometa no es tan fácil, incluso algunos asteroides son núcleos de cometas extintos.

La nube de Oort es una región esférica que rodea al Sol y se extiende hasta donde su influencia gravitatoria deja de ser preponderante.

A diario la Tierra es bombardeada con toneladas de material interplanetario. Muchas de las partículas son tan pequeñas que se destruyen en la atmósfera antes de alcanzar el suelo. Estas partículas son a menudo vistas como meteoros o estrellas fugaces. Con un promedio de unos 100 años, asteroides rocosos o metálicos de más de 50 metros se espera que alcancen la superficie de la Tierra y causen desastres locales o produzcan tsunamis que puedan inundar regiones costeras. Con un promedio de algunos cientos de miles de años, asteroides del tamaño de 1600 metros o mayores podrían impactar la Tierra, con unas consecuencias desastrosas para la vida. Aunque la probabilidad de que esto suceda es muy remota, por las consecuencias que ello tendría se deben de estudiar concienzudamente los asteroides para comprender su composición y su futura trayectoria.

La última roca del espacio que nos pudo aterrorizar fue la denominada 2008 TC3. Este asteroide, del tamaño de un coche, explotó en la atmósfera sobre Sudán en Octubre del año pasado. Fue visto por un telescopio justo 20 horas antes del impacto, a una distancia de 500.000 kilómetros, pudiendo dar la señal de alarma. Afortunadamente, era demasiado pequeño para hacer daño. Pero no hay que olvidar lo que paso en la región de Tunguska, en Siberia, donde en 1908 un asteroide o cometa de entre 30 a 50 metros hizo impacto, produciendo una verdadera catástrofe ambiental en docenas de kilómetros a la redonda.

Quizás por esta razón, en el pasado mes de Diciembre se planteó un ejercicio a la fuerza aérea de una primera potencia mundial: qué capacidad de respuesta tendrían para evitar que un asteroide menor de 50 metros y con cientos de toneladas de peso cayese sobre la Tierra, con tres días de margen, es decir, el asteroide se descubre a tres días del impacto.

Durante la planificación del ejercicio, se pudo comprobar que con tres días de margen no había tiempo para casi nada. Para cambiar la trayectoria del asteroide apreciablemente, haría falta un enorme empuje, de forma que ni siquiera con una explosión nuclear a su paso se conseguiría. Sería necesario aplicar una fuerza suficiente con años de anterioridad al impacto.

También se podría intentar romperlo en trozos más pequeños, pero quizás lo que se haría sería provocar una lluvia de meteoritos de los cuales siempre habría alguno con el suficiente tamaño para hacer daño con el impacto. Pero hablando realísticamente, parece ser que ninguno de los misiles con posibilidades de llevar carga nuclear ha sido diseñado para este tipo de operaciones.

Por lo tanto, hoy por hoy parece ser que solo nos queda aspirar a que el descubrimiento del asteroide sea hecho con tiempo suficiente que nos permita prepararnos para el impacto.

Referencias:
http://neo.jpl.nasa.gov/
http://www.astronomia2009.es/
http://www.newscientist.com/topic/comets-asteroids

Dejar respuesta