Los 48.000 de la Gran Manzana

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Cada otoño desde 1970, el asfalto neoyorquino sirve de plataforma para la gran carrera de la considerada como capital del planeta. El huracán ‘Sandy’ impidió el pasado año que las calles de la gran urbe de la Costa Este acogieran los 42.195 metros más famosos del mundo. Para muchos atletas la prueba que se celebra en los cinco barrios que componen la metrópoli no es comparable con ninguna otra. La de Nueva York es una de las competiciones atléticas que mayor participación internacional registra, constituye una referencia global y una fiesta del deporte.

Aproximadamente 800 maratones se disputan en todo el mundo a lo largo del año. El más importante de ellos se celebra el próximo domingo, en Nueva York. El huracán ‘Sandy’ provocó hace un año más de un centenar de muertos, destrozos en las calles y apagones eléctricos. Los estragos fueron suficiente impedimento: la carrera más emblemática de la temporada, una referencia para el atletismo popular, no pudo salir. Medio año después, en la última primavera, un atentado con varios artefactos explosivos causó tres muertos e hirió a más de 200 espectadores en la línea de llegada del Maratón de Boston. La seguridad en la ciudad atlántica se ha reforzado. Nada puede empañar el regreso de la gran prueba.

La masiva participación de deportistas amén del extraordinario apoyo social, forman el binomio que explica la importancia del evento. Dos millones de espectadores jalean el paso de los corredores durante todo el recorrido; 48.000 atletas participan. El Maratón de Nueva York se erige como una de las postales más representativas del interminable elenco de iconos de la ciudad. La multitudinaria carrera trasciende lo deportivo para convertirse en un acontecimiento público y económico de primera magnitud. La edición inaugural, en 1970, contó con una participación de poco más de cien corredores. En 1980 la cifra de inscritos superó los 14.000, en el año 2000 los 30.000. Paralelamente aumentó el número de espectadores a pie de calle: desde unas pocas decenas en los primeros ediciones hasta los centenares de miles hoy.

El Maratón de Nueva York representa un acontecimiento masivo para el atletismo popular. En la imagen, la carrera en una edición anterior. Foto: Martineric (wikimedia)
El Maratón de Nueva York representa un acontecimiento masivo para el atletismo popular. En la imagen, la carrera en una edición anterior. Foto: Martineric (wikimedia)

Seña de identidad de la concurrida cita atlética es la mezcla cultural, racial y étnica de los deportistas, sean competidores profesionales o aficionados. La ciudad cosmopolita por excelencia acoge una competición en la que corren hombres y mujeres de toda condición social, provenientes de cualquier rincón del mundo. La Gran Manzana alberga una participación internacional muy diversa y su carrera sobre la distancia de Filípides se encumbra como el mayor exponente mediático del atletismo popular, además de una jugosa fuente de negocio para la ciudad. La competición otoñal genera ingresos millonarios.

Las competiciones de carácter popular constituyen un tipo de manifestación deportiva que se extiende. El de Nueva York integra los World Marathon Majors, torneo que reúne a los seis maratones más importantes del mundo. Tokio, Boston, Londres, Berlín, Chicago y Nueva York componen una suerte de Grand Slam de carreras de fondo creado en 2006. Buscan acaparar prestigio económico y deportivo. Creado el circuito, la participación profesional se ha fidelizado (algunos maratonianos intentan completar los seis), la demanda de atletismo popular ha seguido aumentando (creándose incluso barreras limitadoras) y los patrocinadores han continuado invirtiendo. Los maratones de París o Fráncfort también suponen masivos acontecimientos de renombre cuyo impacto no es menor.

Batir el récord de corredores año tras año ha dejado de ser un objetivo. 48.000 son los atletas que participan, bien por sorteo o con la posesión de un dorsal garantizado. El número de inscripciones que se reparten por azar se ha reducido mucho. La cifra de solicitantes de dorsal garantizado para la carrera ha crecido en los últimos años y la organización ha endurecido las mínimas exigidas para ganarlo. Correr en Nueva York es caro y la cuota de inscripción supera los 250 dólares para los residentes en Estados Unidos y los 350 para los atletas internacionales. La organización, inundada por la demanda de corredores, ha optado por aumentar el precio que permite participar.

En la última edición celebrada, y en categoría masculina, venció el keniano Geoffrey Mutai con un tiempo de 2h05m06s, el mejor registro histórico en un asfalto de máxima exigencia. En el Maratón de Boston de 2011, Mutai detuvo el cronómetro en 2h03m02s, instaurando la mejor marca de la historia en un maratón, tiempo que no fue reconocido porque el recorrido no estaba homologado. En la prueba femenina de Nueva York se impuso la etiope Firehiwot Dado, con un registro de 2h23m15s que también supuso un récord para la categoría.

Las quinielas entre los expertos en largas distancias señalan como favoritos en la categoría masculina a los kenianos Mutai y Martin Lel, al etiope Tsegaye Kebede, al ugandés Stephen Kiprotich y a los estadounidenses Meb Keflezigh y Ryan Vail. Chema Martínez será el representante español más destacado y afrontará en Nueva York su penúltima prueba antes de la retirada. Las mujeres candidatas al triunfo final son las kenianas Priscah Jeptoo y Edna Kiplagat, además de la etiope Firehiwot Dado. Pasado ‘Sandy’, un desastre natural de proporciones históricas, el domingo tomarán la salida primero las mujeres, cuya presencia crece (representan más de un tercio del total de los atletas), y después los hombres. Es la auténtica fiesta del atletismo.

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