Lorenzo Silva dibuja una historia entre el relato y el ensayo en “Niños feroces”

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Portada del libro "Niños feroces"

La librería Alberti de Madrid acogió el pasado 17 de febrero la presentación del último libro del periodista y escritor Lorenzo Silva, Niños feroces, una novela de aprendizaje al más puro “estilo alemán”, con personajes que se desarrollan tanto en sus aspectos físicos y sociales como en los psicológicos y morales. Durante el acto, Silva charló con los lectores y explicó los paralelismos de una obra que recoge historias de antaño y las entrelaza con acontecimientos más recientes, como la muerte del escritor español Jorge Semprún o el Movimiento 15-M. 

Silva acudió a la cita en la librería Rafael Alberti acompañado de otro Lorenzo, Lorenzo Rodríguez, el “niño feroz” que inspira la obra y al que Silva dedica su libro. Rodríguez fue el encargado de presentar y moderar el encuentro entre el autor y sus lectores, en una velada plagada de anécdotas, sonrisas, amistad y confianza. 

El escritor madrileño, que vive a caballo entre la capital y Barcelona, recoge en este última obra distintas “estampas” de la ferocidad juvenil actual. Una serie de cuadros en los que el autor de la La estrategia del agua ha querido “inventar  lo mínimo”, contextualizado toda la información y citando siempre a las fuentes.

Durante la presentación de Niños feroces, el joven Rodríguez destacó dos cualidades de Silva. La primera de ellas, su interés en  interactuar siempre con el lector. La segunda, la importancia de escuchar. A este respecto, el periodista madrileño recordó que “las buenas historias pueden estar en cualquier sitio”.

Niños feroces es una historia que discurre entre dos planos. Por una parte, se sitúan las peripecias de Jorge, un joven soldado enrolado en la División Azul. Por otro, Silva teje la historia “real” de Lázaro, un escritor que aspira a redactar su primera novela y cuyo maestro le regala un argumento perfecto para esbozarla: la historia de Jorge. Tal y como señala el instructor a su joven discípulo, “las historias se empiezan por el principio”, y es precisamente por ese motivo por el que Lázaro se remonta hasta la Guerra Civil española para explicar cómo el joven Jorge, tras el asesinato de su padre, buscará combatir al abstracto enemigo marxista fuera de las fronteras españolas, durante la Segunda Guerra Mundial, y bajo un uniforme de las SS nazis.

Lorenzo Silva y Lorenzo Rodríguez durante la presentación de "Niños feroces"

La novela de Silva cuenta con una estructura clara, pero abierta a cambios. El lector no pasa las páginas para conocer el final, sino para ser partícipe de la historia y reflexionar acerca de la misma. Se trata de una novela en la que el lector es actual, es decir, éste no se posiciona desde el punto de vista del pasado, sino del presente.

A lo largo de esta historia de ficción tampoco falta el recuerdo de destacados intelectuales del siglo XX, como el filósofo alemán Walter Benjamin, el escritor Jorge Semprún -fallecido el pasado año- o las citas de Robert Graves, autor de Yo, Claudio. Todas ellas se entremezclan como reflexiones en torno a las vicisitudes de Jorge, Lázaro y otros niños feroces. Pero, ¿quiénes son realmente estos niños que retrata Silva?

“Los niños feroces son jóvenes de entre doce y veinte años que aparecen en diversos contextos y lugares geográficos”, afirmó el auto de Noviembre sin violetas. Un niño feroz es Jorge, huérfano de padre que se alista en la División Azul para luchar contra un enemigo interior y que acaba en la trinchera con el uniforme de las SS.

Otro niño feroz es un joven alemán, de unos doce años, que defiende Berlín del ataque soviético alentado por las octavillas y consignas de Jospeh Goebbels, ministro de Propaganda del III Reich. 

El escritor Lorenzo Silva

La novela también cuenta con un niño feroz iraquí, una historia que surgió de la confesión que un militar español hizo a Silva durante la guerra de Irak. En uno de sus recorridos por esta convulsa región, el soldado distinguió una pequeña figura en lo alto de una duna que dirigía un lanzagranadas contra su convoy. El militar le apuntó con su fusil mirándole a los ojos. Si dejaba que el niño disparase el lanzagranadas, el convoy sería alcanzado. Tras unos segundos, el niño bajó el brazo y el militar su fusil. 

Lorenzo Silva también reflexiona en la novela sobre la situación similar a una “escuela de odio” que se produce en este tipo de confrontaciones bélicas, cuando los niños de todo el mundo son sometidos y adoctrinados en la guerra. “Los hombres no son movilizables, los niños sí”, puntualizó el autor de La flaqueza del bolchevique durante la presentación.

“Las historias, tal y como la realidad las suministra, son ya suficientemente complejas”, aseveró Silva. “Alguien que se decide a crear e inventar es también un niño feroz”, añadió.

Niños feroces es una novela amena y bien documentada que atrapa al lector por esa estructura que la sitúa entre el relato y el ensayo. Es el fruto de dos años de trabajo que se suma a la larga lista de obras de Silva. Pero, como subraya el escritor, “el trabajo no es una maldición, es gozoso y una fuente de felicidad”.

 Fotos: editorial Destino y Sara Martín Gutiérrez

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