Lola Moreno publica su primera novela: “La identidad perdida”

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“El libro se lo debo a los niños de Morelia y a mi padre”

A caballo entre la Guerra Civil y la actualidad, el personaje de Cosme nos sitúa en una historia casi desconocida en España, y con la que Lola Moreno comienza su andadura en un mundo muy cerrado, en el que solo con tesón y fuerza de voluntad consigues adentrarte. Tesón no le falta a esta autora, ya que tras cinco años de grandes esfuerzos “La identidad perdida” ha salido a la luz.

La identidad perdida nos cuenta la historia de un niño de Almazán, que en el verano de 1936 viaja a Madrid para ayudar a su hermano Antonio y su cuñada María. Lola relata la vivencia de Cosme durante la Guerra Civil y como tuvo que huir, junto con un numeroso grupo de hijos de republicanos, a México para salvar su vida. En aquel país las cosas tampoco fueron fáciles para estos niños que tuvieron que abandonar España en 1937. El libro nos da a conocer la vida de Cosme y sus compañeros en México, los sacrificios que tuvieron que hacer y el desarraigo con el que crecieron. El libro se lo debo a los niños de Morelia y a mi padre” confiesa la autora con un tono alegre y una mirada llena de sentimientos.

Antonio, uno de los protagonistas, es la parte cercana a la autora. El relato de su padre, su amor por la historia y los años que vivió en el país azteca, llevaron a esta autora de Almazán a adentrarse en el relato de una historia que corre por sus venas. ¿Por qué? Porque Antonio es su tío.

Esta licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense, trabaja en uno de los museos más visitados por los madrileños. No es un museo convencional, como tampoco lo es Lola. Se trata del Museo del Ferrocarril, situado en la famosa estación de Delicias. No se trata de algo excepcional en su vida, el mundo ferroviario corre por sus venas, su padre fue jefe de estación cerca de su pueblo natal.

La identidad perdida es la primera novela que publica, aunque su andadura en la escritura no empieza aquí. Desde que empezó a trabajar en el Museo del Ferrocarril, Lola ha escrito algunos textos de carácter ensayístico sobre el mundo ferroviario y aunque pueda parecer que esto ha sido beneficioso para ella a la hora de publicar el libro, no ha sido así. “Me ha sido bastante difícil publicar, porque hay muchos escritores y muchos libros”. A pesar de las adversidades, Lola no cejó en su empeño de ver publicada su primera novela, porque este era un sueño que tenía desde que estudiaba en la universidad, aunque reconoce que por su trabajo, durante mucho tiempo se centró más en otros géneros que no eran la novela.

“Mi etapa universitaria nada tiene que ver con la de ahora”

La universidad fue una etapa rebelde para Lola, le tocó vivir los últimos años del franquismo y la etapa del referéndum dentro de la universidad. Sus ojos emanaban alegría y nostalgia al recordar aquella etapa que, aunque difícil, fue de gran valía personal. “Mi etapa universitaria nada tiene que ver con la de ahora. Antes estábamos muy concienciados, teníamos allí a la policía todos los días porque no éramos bien vistos”.

No solo es diferente en cuanto al tema político, también lo es en el nivel educacional. A esto se refiere la autora, que como madre de un estudiante universitario y otro de bachillerato, nos habla desde el recuerdo pero también desde la realidad que está viviendo ahora con sus dos hijos. Lola asegura que ni todo lo de antes era bueno ni todo lo de ahora es malo, pero la curiosidad e inquietud que había antes ahora no existe, aunque lo bueno que hay ahora, según la autora, son las numerosas redes sociales que permiten estar interconectados e informados de todo lo que pasa en el mundo.

Desde hace años compagina su labor en el Museo del Ferrocarril con su labor ensayística, además de la de ama de casa y madre de dos hijos. Estas tareas se complicaron cuando Lola comenzó a escribir su libro. “Ha sido bastante difícil compaginarlo todo, por eso también he tardado tanto tiempo en escribirlo. He tenido que sacar tiempo de donde podía, por ejemplo dejé de ver la televisión” confiesa la autora.

Aunque no es el único motivo. Según te sumerges en el libro, una gran cantidad de datos florecen en una trama que se debate entre la ficción de la literatura y la realidad de la historia. “Este libro tiene una gran tarea de investigación, tiene muchos detalles y aporta muchos datos que he tardado mucho tiempo en reunir”.

Si bien es cierto que el libro no ha supuesto un cambio profesional ni casi personal en su vida, si que es verdad, que ver su libro en las principales librerías de Madrid supone para ella una gran satisfacción porque, según cuenta Lola, es el premio a un duro trabajo de cinco años. “Lo que quiero es que el libro llegue, que dentro de las personas se remueva algo, un sentimiento”

“Es un pequeño homenaje que he querido hacer al pueblo de Almazán”

Almazán es el pueblo de Lola moreno. Aunque se vino a Madrid hace ya muchos años, esta autora nunca se ha ido de aquel pueblecito que en su novela recuerda con cariño y con ternura haciendo un paseo por todos aquellos entrañables lugares por los que toda su familia creció y se divirtió. “Es un pequeño homenaje que he querido hacer al pueblo de Almazán”. Todos los veranos Lola vuelve a su pueblo natal para estar con su familia y respirar la calma y el aire fresco de este pequeño pueblo de la provincia de Soria.

“Yo soy la Paloma nieta que aparece al final de la historia”.

Es una novela histórica a la que le envuelven grandes dosis de misterio, la lectura de La identidad perdida hace que te adentres en varias historias interrelacionadas. Lola Moreno nos revela uno de los secretos mejor guardados de la novela. “Yo soy la Paloma nieta que aparece al final de la historia”.

Lola Moreno ha sabido dibujar grandes temas dándoles una coherencia narrativa e histórica que llevan al lector a viajar con la mente, con la imaginación a lugares tan maquiavélicos como los campos de concentración franceses. Según cuenta la propia autora, en España es casi imposible encontrar información sobre españoles que estuvieron en esos campos, y solo fue cuando estuvo viviendo en México, cuando pudo hacerse con escritos que explicaran esta cruda historia vivida por muchos republicanos tras la Guerra Civil Española.

Aunque La identidad perdida no fue escrita pensando en que en un futuro esta novela pudiera pasar a la gran pantalla, su autora nos confiesa que le encantaría ver su libro en el cine. “Cuando tu escribes una novela creas los personajes de una determinada forma y cuando los llevas al cine esos personajes cobran vida”. Esta novela sería fácil de recrear en el cine, ya que durante toda la obra Lola Moreno se esfuerza por enseñarnos al detalle uno a uno todos los lugares por donde transcurre la acción. Así, vemos a una Gran Vía recién terminada, unas casas del centro de Madrid acordes con la capacidad adquisitiva de la época o unos barrios tan conocidos como el de Antón Martín o el de Atocha a los que no le faltan detalles narrativos.

Según nos confiesa la autora, quizás este gran número de descripciones tiene que ver con la impronta que han dejado en ella autores tan importantes como Pío Baroja o Galdós, de los cuales se confiesa admiradora. “Se puede decir que, en cuanto a la narración del paisaje y a la formación de los personajes he tenido influencias de Benito Pérez Galdós y de Pío Baroja”.

La historia, aunque cerrada, deja ciertos flecos que podrán ser resueltos en un futuro, porque Lola ya está metida de lleno en su segundo libro. “Estoy trabajando en una segunda parte que va a ser totalmente independiente. No será necesario haber leído la primera parte para leer la segunda. Me interesa tratar el tema del exilio”.

Puede parecer que, por la historia que cuenta y todo lo que le une con el bando republicano, solo esté interesada en las historias de este bando, pero no es así. Como buena historiadora que es, Lola Moreno nos confiesa, con una pequeña carcajada, que el último libro que se leyó trataba sobre la historia de Madrid durante la etapa de la Guerra Civil vista por los franquistas. Es la labor de contraste de información, de búsqueda de datos y de investigación lo que hacen en parte diferente a La identidad perdida de otras novelas. Además de la intriga y el misterio que envuelven a toda la novela, explica la autora.

Una historia pasada, relacionada con el presente quiere hacerse un hueco en el futuro. La identidad perdida no te deja indiferente, para bien o para mal, esta es una historia real que Lola Moreno ha llevado a la ficción para que todos esos niños, ahora ya ancianos, no caigan en el olvido. Pasito a pasito esta autora, hasta ahora desconocida, se va abriendo camino en el mundo de la literatura. Como no sabemos cuando veremos su segundo libro, disfrutaremos del primero sabiendo que detrás de esa dura historia se engloban los recuerdos de un hombre, a través de los cuales su hija ha querido hacer un homenaje a su tío, a su pueblo y a todos esos niño de Morelia.

Fuentes del texto:
Elaboración propia
Fuentes de la imagen:
www.gexel.com

2 Comentarios

  1. Felicidades Lola, por esta publicación que recoge el recuerdo de una historia lejana, que se hace presente en el tiempo. Añoranzas de infancia y juventud de tiempos difíciles ocasionados por una guerra fratricida y cruenta entre miembros de las mismas familias, que se enconaron, formando parte de los dos bandos, rojos y azules. Guerra que originó mucho sufrimiento en toda España, tanto en el bando republicano como en el nacionalista; tanto a vencedores, como a vencidos. Porque ¿quién no ha tenido familiares fusilados o abatidos por ambos bandos? ¡Cuánta miseria y escasez de medios y alimentos para ambos, después de la guerra! Ciertamente los vencidos mucho más agravados y además el castigo cruel del exilio.
    Me ha gustado mucho esa expresión que la redactora, Alicia Riaño, pone en tu boca: “Lola asegura que ni todo lo de antes era bueno ni todo lo de ahora es malo”. Y yo lo comparto plenamente contigo. Por tanto quedémonos con lo bueno de antaño y mejoremos los malo de ahora. Ese es el mejor camino para el progreso de una nación.
    Gracias, Lola, por recordarnos la historia. “Quien no recuerda su historia corre el peligro de repetirla”. Y hay historias que no se deben repetir nunca más.
    Con la publicación de este libro, estimada Lola, has conseguido el honor de perpetuar tu paso por el mundo. Pues dicen que para que un ser humano pueda perpetuar su paso por el mundo, ha de tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Tú has tenido dos hijos, seguramente habrás plantado muchos árboles en Almazán, y has escrito y publicado este libro.
    Enhorabuena por este libro que has escrito desde el sentimiento y desde el respeto a los que a lo mejor no piensan como tú. Ese es el principio de la verdadera historia: narrar lo vivido desde el sentimiento respetando el sentir de quien no siente como tú. Por eso permíteme que finalice con una frase de quien fue Presidente de Méjico en un período del siglo XIX, Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno constituye la Paz”.
    Felicidades, Lola.

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