Lo terrible de la locura

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Quizá alguno haya oído hablar, alguna vez, de un zar que gobernó Rusia durante casi cuarenta años en el siglo XVI, que destacó por su crueldad y por ser uno de los creadores del estado ruso: Iván IV, “El terrible”. Un monarca cuya vida fue tan agitada desde su nacimiento que más de una razón tuvo para acabar mal de la cabeza.

Los primeros años de su infancia transcurrieron con la total felicidad que se espera en la vida de un príncipe (bien cuidado, gateando en algodón, ¡lo típico!) claro que no le duró demasiado, puesto que al cumplir los tres añitos, ya fue coronado como Gran príncipe de Moscú puesto que su papá, Basilio III -quién por cierto daba bastante el cante con sus divorcios- se murió cuando su hijo acababa de quitarse los pañales. Su mamá, Elena Glinskaya, era una princesa lituana que, a pesar de dejarle el mando los boyardos, acabó siendo envenenada por estos, cinco años después de la defunción de su marido.
¡Y los
boyardos fueron a rematarla!

El pobre huérfano sufrió las mayores vejaciones por parte de este colectivo. Encerrado en una torre, en el palacio de Kremlin, y como si de un criminal se tratase creció pasando hambre y con un trato bastante opuesto a lo que debería recibir un joven príncipe. El niño, empezó a perder la cordura y se dice que maltrataba perros y gatos, tirándolos desde la torre donde residía.

Entrada en la adolescencia, con trece años, su rebeldía provocó el respeto del bando boyardo. De hecho, ordenó a un grupo de sirvientes que capturaran al príncipe Andrei Shuiski y lo arrojaran a una jauría de perros hambrientos que, obviamente, lo despedazaron vivo. Con 16 añitos llegó al poder y ya era un joven que destacaba por tener un aspecto físico corpulento y ser un gran lector.

Aunque fue un monarca que territorialmente conquistó varios terrenos (el militarismo era uno de sus fuertes) y fomentó las artes en Rusia, su locura siguió en aumento. Lo más notorio de este hombre, ocurrió a raíz de la muerte de su primera esposa: Anastasia Ròmanovacon la que estaba muy unido-, ya que su psicosis derivó en un autoritarismo que afectó a todo el país. Llegó a matar, en 1560, a su hijo mayor, el zarevich Iván, de un manotazo cuando los dos mantenían una fuerte discusión.

Sin duda alguna, el apelativo de “Terrible” le venía que ni pintado.

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