Lo raro de ser extraño, pero sentirse normal

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Noticiable el ser algo raro, diferente a los demás; decir, hacer, callar,  vestir, gritar, gesticular, perderse mientras mirás, escribir, reir… y los demás que creen que no es el momento preciso, adecuado, para llorar, leer, mirar mientras te perdés, pescar, suspirar, desvestir, soltar sin parar, deshaer, escuchar.

Porque cuando ves azul yo pueda estar sintiendo verde, y porque cuando creo que me estás mirando estés siendo presa del entramado de telas de araña que habitan mis siete paredes. ¿En qué piensas? yo no lo sé, aunque qiuzás viajemos en el mismo avión llegaremos los dos a distintos lugares extraños; yo al Ártico, con las sanguijuelas, tú, a la selva, con las ratas polares.

Lo sabido y comprobado es que lo extraño es normal y lo normal es un absurdo… como dice un escritor norteamericano cuyo nombre no logro recordar: “Between the grief and nothing, i will take the grief”. Que mientras tú prefieres el dolor, otros prefieren la nada; aunque de la nada puede surgir el dolor y del dolor la nada. Asunto “triquinoso” este de la nada y el dolor

Los cincojunienses sabemos bien de lo que aquí se habla, es decir, los géminis, seres con dos cabezas, dos personalidades, aunque no autosuficientes en lo que a la sexualidad se refiere. Conocemos como cualquiera lo que significa ser y no ser, extrovertir e introvertir,  saber cuando desvestir y errar a la hora de saber porqué (odio los diferentes tipos de “por que´s” y sus variantes. No tomen en cuenta si he fallado en la elección del que precede).

La vida es un camino hacia la muerte como pensaban Camus o Sartre, pero también puede ser la muerte una manera de vivir. Eso es lo que se intenta, confundir, desasociar, romper aunque construir, un modo alternativo aunque no por eso erróneo de sentir y comunicar.

“Y él se iba, se estiraba, ampliaba sus brazos más allá de las obviedades primeras, conocía el sabor azul de las aceras azules, de los ojos azules, de las vidas azules, de los libros azules, de las chicas azules. Lo conocía, sí, todo eso”. Esto es exactamente a lo que me refiero, sino pregunten a Mademoiselle Teresa de Andrés, es decir, a la mujer que siente cuando los demás gritamos, la mujer que grita de color rojo, cuando los demás callamos en azul; la mujer de las calles de la suerte y de los olores en sus ojos, de los zapatos antagónicos y la sombra de ojos invisible. Ella, no yo, podrá hablarles y a la vez callar, escuchar al tiempo que sentencia.

¿Qué es raro? ¿y normal? ¿y tú? ¿quién eres?

Siempre que miras eres observado, Chris Marker también lo sabe.

Piesa que raro son cuatro letras, normal cinco.

Yo, tú, ellos, somos más que palitos de tinta y círculos de colores.

Sólo espero que mi peor enemigo, al cual no tengo el placer de conocer pero sin embargo aprecio, me tache de RARO, porque así podré decir que he bailado cientos de tangos a solas con la luna y sus amantes, cantado miles de bulerías al son de tacones de papel y palmas de aceite usado , hablado con los pájaros sin sentirme lejos de casa, leído en las caras de mis seres queridos y ser correspondido, soñar que me despierto y así repetidas veces hasta que me percato de que estoy completamente dormido, contigo, de la mano, con nuestros tomates, nuestras alubias, nuestros rábanos, nuestro olor a madera húmeda y ese montón de cacharros viejos…

Los cincojunienses lo saben.

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