Lo que te cuenta una vagina

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La sexualidad femenina ha sido y sigue siendo tabú en todas las sociedades, y lo que no tiene nombre, no existe y lo que no existe puede ser avergonzado, humillado, vapuleado…porque si no existe, no hay castigo. Los monólogos de la vagina, una obra de Eve Ensler dan la voz a esa parte del cuerpo de la anatomía femenina (porque sí, es una parte del cuerpo, como un brazo, una pierna, una mano…) y ella nos cuenta sus miedos, sus alegrías, sus abusos…
Eve Ensler escribió el texto de la obra a partir de más de doscientas entrevistas que realizó a mujeres de diferentes edades y condición. “Al principio, estas mujeres eran un poco tímidas. Hablaban dificultosamente. Pero una vez que empezaban, no había quien las parara…”, comenta Eve Ensler. Ella quiere darle la palabra, permitir que se expresen que se rompan los mitos y las vergüenzas, pues solo a partir de ese momento, cuando sea reconocida, cuando sea nombrada, será libre.

Las vaginas quieren hablar y lo que nos cuenta es en muchas ocasiones cómico, hermoso, alentador, que es lo que envuelve la obra, pero también nos hablan de las violaciones, en el sentido más amplio de la palabra, a la vagina. Nos hacen que nos topemos con la realidad, nos creemos que estas situaciones de violencia sexual solo ocurren de forma masiva en países en guerra, en países muy atrasados culturalmente, y sin embargo, nos encontramos con que en EE.UU. hay más de 200 mil violaciones al año, o que la última operación para la extirpación del clítoris en EE.UU. fue en 1948.

Sin embargo, aunque la obra es dura en algunos momentos, seguro que no te vas sin que te arranquen muchas sonrisas y tal vez por ello, por ser una obra como es la vida, tragicómica, es por lo que están cosechando tanto éxito. En EE.UU. tuvo una grandísima acogida y sus numerosos premios la avalan. Actrices como Glenn Close, Cate Blanchett, Winona Ryder, Susan Sarandon, Whoopi Goldberg, Marisa Tomei, Rosie Pérez, Kate Winslett y Melanie Griffith han interpretado estos divertidos monólogos.

Tal vez parezca una obra feminista, pero no lo es. Evidentemente las mujeres son protagonistas, pero el hombre no es culpado ni devaluado, simplemente no está. Hablamos de mujeres de sus asuntos, sus experiencias y realmente es enriquecedora para cualquier ser humano.

La escena es sencilla, sin grandes atuendos y con unos pocos objetos para enriquecer a los personajes. Las actrices se convierten en meras transmisoras de las experiencias de otras mujeres y de un momento a otro pasan de una ama de casa a una prostituta, de una mujer de 60 años a una de 13. La fuerza de la obra es la palabra y te das cuenta de ello cuando no hace falta más que unas zapatillas de color rosa o un látigo para estar en presencia de un nuevo personaje.

Aquí, en España lleva siete años y es la compañía de Maite Merino la que la ha traído a nuestras tierras. Ha pasado por varios teatros y en la actualidad se representa en le Nuevo teatro Alcalá en la sala II. Ella reconoce que le costó mucho encontrar un teatro que quisiera tener una obra con la palabra “ vagina ´´  en el texto e que incluso la “aconsejaron ´´ retirar esa palabra del título. Parece increíble que hoy en día haya aun cierta censura en este ámbito y además del peor tipo de censura que existe, la que nace de nuestra vergüenza. La obra no hace solo apología de la parte del cuerpo, si no también de la palabra, de sus sinónimos, de sus motes, por eso se dice 128 veces la palabra vagina y dice la autora que lo dice siempre que puede y en todas partes, en las televisiones, en las cafeterías, en las universidades…y lo seguirá diciendo hasta que deje de sentirse incomoda, sin vergüenza y sin culpabilidad.

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