Lo mejor para conocer Guadalajara, su museo

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Pinturas, esculturas, partes importantes de arqueología, grabados, orfebrería, monedas, joyas, juguetes antiguos, objetos para la lucha, utensilios empleados para la agricultura, la ganadería o la pesca, e incluso un sepulcro… Un sinfín de materiales son los que componen la exposición permanente denominada “Tránsitos”. Se encuentra afincada en el Palacio del Infantado, en Guadalajara capital, una auténtica joya de la arquitectura hecha por el arquitecto Juan Guas y el escultor Egas Cueman.

El Museo de la capital alcarreña se fundó en el año 1838, convirtiéndose en el Museo Provincial más antiguo de España. Desde 1973 su sede se encuentra en el Palacio del Infantado, aunque sería en 2007 cuando se inaugurara la exposición que hoy todavía persiste llamada “Tránsitos”. En ella se exponen diversas entidades de relevancia para muchas colecciones.

Adentrándonos de lleno en la exposición nos encontramos con un fulgurante repaso a la cultura castellano manchega en todo su esplendor y siempre desde diversos puntos de vista. Es por eso que el mismo emplazamiento queda dividido en varias partes. Una está dedicada por completo a las Bellas Artes, donde en casi su totalidad se muestra un carácter religioso acérrimo en esculturas, pinturas y mobiliario, en parte, donado por la Iglesia.

Entre el inmenso abanico de posibilidades hay dos obras que pueden llamar especialmente la atención de los visitantes del museo. La primera es la Virgen de la Leche de Alonso Cano que como describen (en las laminas del emplazamiento) es una “incesante búsqueda de la belleza a través de imágenes cargadas de poesía y ternura”, a lo cual se suma un realismo de una Virgen amamantando a un pequeño bebe que lo hace todavía más creíble si cabe. La otra obra es San Francisco recibiendo los Privilegios de José de Ribera y que se halla casi en la conclusión de la visita. A parte de emplear al ángel en el folleto explicativo podemos vislumbrar el inmenso dramatismo que el autor ha plasmado en cada detalle como la calavera o los objetos dispuesto encima de la mesa.

La siguiente parte de la colección de Guadalajara contempla una sección casi imprescindible como es la Arqueológica que hasta la fecha se presenta como la más numerosa de todas. La mayoría de las piezas arqueológicas han sido recogidas a lo largo y ancho de la provincia, distinguiendo en cada pieza el nombre de la misma y el lugar de procedencia. Monedas, joyas, cubiertos, utensilios textiles, armas o juguetes son algunos de los ejemplos que han podido catalogar en la amplia exhibición que acerca el mundo contemporáneo hasta el mundo antiguo y sus tradiciones.

Y por último encontramos la sección de etnografía que recoge los objetos relacionados con el arte y las costumbres populares de la provincia. Un claro modelo de ello son las botargas, seguramente desconocidas por muchos visitantes y que, sin embargo, han tenido un auge muy significativo en la historia alcarreña. Es por ello que se exponen estas típicas mascaras que servían como en la actualidad para disfrazarse y ocultar el rostro de quien la llevaba.

La vida, la muerte y los objetos sagrados se han convertidos en los protagonistas máximos de esta colección. Un emplazamiento mucho más grande de lo que puede parecer en un principio y que hace atisbar la inmensidad de obras y materiales que se pueden contemplar en “Tránsitos”.

Una organización tan buena que nada tiene que envidiar a los grandes museos del resto de España, y que se muestra al mismo tiempo con un aire moderno y distinguido que nutre al lugar de vida propia. Se enmarca gracias a los cristales protectores, títulos ingeniosos, una colocación perfecta de todos los utensilios, la descripción exacta de los objetos y un código de colores que se palpa en las mismísimas paredes.

La idea que nos quieren transmitir cuando penetramos al interior de las salas, es que gracias a esas obras los visitantes que se acercan pueden conseguir tener un mejor conocimiento de las costumbres y cultura de Guadalajara. Un experimento que se logra con una sincronía extrema ya que nadie puede negar que una exposición como la que se aguarda en el Palacio del Infantado no cumpla con los requisitos previstos.

Fuentes texto e imágenes:
Iván Martínez de Miguel

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