Lo difícil es mantenerse

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A lo largo de los siglos, el ser humano ha hecho uso de las drogas para alterar su estado normal de conciencia y traspasar los límites físicos que lo encadenan a la realidad cotidiana. Desde la creencia de una conexión espiritual a través de rituales hasta los desvaríos lisérgicos de los artistas, se rompen prejuicios y ataduras morales que impiden desatar toda la fantasía interior. Sin embargo, no han sido pocos los que queriendo aumentar su creatividad han caído en el abismo de la adicción o la esclavitud por aquella sustancia que les sacaba de la normalidad que tanto odiaban.

Así surgieron casos como el del llamado rey del rock, Elvis Aaron Presley, que murió por una sobredosis de anfetaminas y barbitúricos a los 42 años de edad. Su biografía es una de las muchas que cuentan con una subida a los cielos y la consiguiente bajada a los infiernos. Al igual que Janis Joplin con la heroína y Jim Morrison con el alcohol, estos héroes generacionales alimentaron su leyenda con una rebeldía antisocial y un talento deslumbrante. Es la clásica historia de “Sexo, drogas y rock and roll” que desde luego no es exclusividad del pasado y así en nuestros días podemos ver, por ejemplo, como el cantante Robbie Williams acaba de salir, por enésima vez, de una clínica de desintoxicación.

¿Pero entonces qué es lo que ocurre?, ¿no es suficiente con alcanzar la meta a que todo músico aspira? ¿O es que cuando uno alcanza esos niveles de éxito ya no tiene sentido seguir luchando y lo normal sea perder el norte una temporada? Quizá algunos llegan a la cima sudando después de atravesar una selva llena de competidores, y en la soledad del ganador miran a su alrededor y piensan “vale, ya estoy aquí, ¿y ahora qué?”.

Janis JoplinAhora hay que mantener el estatus; ahora hay que demostrar que uno vale y puede seguir haciendo buenas canciones; ahora es cuando viene la presión doble: la externa por la expectación que uno crea y la interna por la responsabilidad que uno asume con sus seguidores. Y es aquí y no en otro momento donde se ve si uno tiene una buena armadura para aguantar el envite o se desmorona como un castillo de arena.

Por arte de magia aparecen nuevos amigos, fiestas interminables, halagos desmesurados, demostraciones de admiración y sumisión, la confusión y la sensación de que uno está obligado a crear algo genial o cuanto menos a superar su anterior trabajo. Claro, la realidad sigue siendo la que es y constata que la creatividad no se alimenta con la adulación ni con un ego sobrevalorado sino con las recetas de siempre: constancia, trabajo duro, repetición, superar momentos de frustración y no perder de vista el proyecto que se desea.

Es entonces cuando algunos no pueden superar la angustia, se atascan en la hoja en blanco, en la sequía compositiva y recurren a las drogas: heroína, cocaína, LSD, anfetaminas, alcohol, antidepresivos… En algunos casos despertarán la genialidad, al menos momentáneamente, y en otros harán que el tren descarrile y no vuelva a encontrar jamás la vía de regreso.

Bon Scott, vocalista de AC DC hasta su muerteEs cierto que muchas canciones imperecederas se habrán escrito en estados alterados de conciencia pero también se constata que la mayoría de la música ha nacido en plenitud mental, lo cual es mucho más admirable, pues una persona que consigue ahuyentar sus fantasmas en plena lucidez y de la nada es capaz de elaborar algo bueno, es realmente un ejemplo de talento puro y de fortaleza personal. Es, a fin de cuentas, la materialización de la imaginación y el dominio sobre uno mismo. Casi nada.

¿Pero pueden ayudar las drogas a crear? Seguro, pues lo que hacen es anular los prejuicios, amordazar al juez interior que siempre está vigilándonos y censura nuestros actos de forma implacable. Es una forma de acortar el camino, un atajo hacia las musas si se consiguen mantener bajo el control de la voluntad. Sin embargo, la mayoría de las veces la voluntad sucumbe y se deja arrastrar tentada por el camino fácil. Se va en busca de la libertad y se termina encadenando el alma.

Algunos músicos, después de una temporada en el limbo, son capaces de enchufarse a la música y volver al tajo. Es probable que después hagan una cura y cambien su sangre contaminada por otra vitaminada, viajen a África para visitar a niños con la cara comida por las moscas y regresen convencidos de que el budismo es el remedio para sus males. Otros por el contrario se irán hundiendo cada vez más en la laguna, desorientados intentarán salir llenándose de golpes y arañazos, su cuerpo se rendirá al agotamiento y cuando quieran darse cuenta tendrán las alas llenas de barro. Ni todo el dinero del mundo servirá para salvarlos de sí mismos. Así nos quedamos sin Jeff Buckley, Lane Stanley, Bon Scott, Jonh Bonham… Es complicado llegar pero casi más difícil mantenerse.

1 Comentario

  1. Hola, te agradecería me enviaras un mail informando de la fuente consultada para incluir a Jeff Buckley en tu relación de carreras truncadas por una sobredosis.

    Muchas gracias

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