Llueve sobre mojado

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El pasado lunes 14 de febrero Juan Carlos Aduviri, coprotagonista de También la Lluvia, acudió a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM para charlar con los estudiantes sobre la actual situación que vive su país, Bolivia. El actor sudamericano, que también trabaja como profesor de cine en la Escuela de El Alto, explicó sus experiencias relativas a las luchas sociales llevadas a cabo en Bolivia en la última década, que le han tocado muy de cerca. Autodenominado “veterano de la Guerra del Gas de 2003”, Aduviri hizo hincapié en la legitimidad de las reivindicaciones de los pueblos indígenas. Pueblos que llevan largos siglos sufriendo el sometimiento a manos del hombre blanco.

Al acto, organizado por el profesor Pablo Iglesias, también acudió la embajadora de Bolivia en España, María de Carmen Almendras Camargo. El Gobierno de Evo Morales al que ella representa no es sino la materialización fáctica del movimiento social que empezó a forjarse en el año 2000. En aquella fecha tuvo lugar la Guerra del Agua, acontecimiento central alrededor del que gira la película de Iciar Bollaín. Frente a la privatización de un recurso tan esencial como el agua, que pasó a ser gestionado por una empresa transnacional y sus criterios mercantilistas, el pueblo de Cochabamba se levantó. Se creó la Coordinadora del Agua, una iniciativa de base a través de la cual se canalizó la protesta. El masivo respaldo social, debido a la insostenibilidad del incremento en el precio del líquido elemento, obligó al Ejecutivo boliviano a dar marcha atrás. La lluvia, de esa manera, volvió a ser propiedad de todos, o lo que es lo mismo, de nadie.

En una combinación magistral, Iciar Bollaín y el guionista Paul Laverty consiguen hacer ver al espectador las inusitadas coincidencias existentes entre la conquista española de América en el siglo XVI y el neocolonialismo actual llevado a cabo por las empresas del primer mundo en el continente latinoamericano. 500 años después las formas han cambiado pero la sustancia permanece. Látigos y espadas han dado paso a promesas electorales y telebasura. Y es que, en connivencia con el poder político del Sur, los inversores extranjeros llevan a cabo el expolio de los recursos a su antojo. Bechtel Corporation es la nueva Corona Española, pero en vez de utilizar el oro americano para financiar guerras en Europa lo hace para construir rascacielos en Riad.

Sin reparar en las míseras condiciones de la población nativa, se argumenta que la presencia de capital del Norte mejora y dinamiza las economías, además de traer riqueza a los países subdesarrollados. No obstante, como el profesor Arcadi Oliveres pone de manifiesto, la inmensa mayoría del beneficio generado por las inversiones foráneas acaba en mano de los mismos dirigentes políticos que les conceden los contratos de explotación. Sin embargo, la paciencia tiene un límite. Hechos como el acaecido hace once años en Cochabamba o hace apenas unos días en Túnez demuestran que la gente de a pie también tiene algo que decir, que el reparto de poder en el mundo debe contar también con los humildes.

También la lluvia colabora en la misión de quitar el velo de bondad tras el que se esconde el sistema en el que vivimos. Bajo la retórica de la democracia y de la legalidad se encuentra una oscura realidad que oprime con mano de hierro a aquellos que han nacido en el lugar o familia equivocada. En este juego de máscaras ejerce un papel fundamental la televisión, así como, en menor medida, el resto de medios de comunicación de masas. La ley no escrita del periodismo obliga al profesional informativo a ajustar aquello que transmite al público con lo que conviene a los magnates que manejan su medio. Así, la alianza entre poderes político y económico hace uso del poder mediático para llevar a la opinión pública por la senda que les interesa. No obstante, todo mecanismo tiene sus cortocircuitos. De vez en cuando alguna oveja se sale del redil, generando incertidumbre en las élites. Cuando el hartazgo es tan grande que ni el más profundo condicionamiento mental hace efecto, casos como el de Cochabamba afloran. Es ahí donde reside la esperanza del progreso social. El cine, como medio de comunicación con gran capacidad de penetración en las conciencias, puede ser utilizado de manera positiva para dar voz a los sin voz y resaltar las injusticias. En este capítulo se inscribe También la lluvia. Juan Carlos Aduviri lo sabía. Y probablemente por ello decidió colaborar en tan preciado proyecto. Alguien que ha sufrido en sus propias carnes la crueldad del mundo actual no puede sino tratar de erradicarla. ¿Y qué mejor plataforma que el cine?

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=VlelJa79Juo[/youtube]

Fuente del texto:
http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_Gas_%28Bolivia%29
http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_Agua_%28Bolivia%29
http://es.wikipedia.org/wiki/Bechtel
Fuente de las imágenes:
http://www.lahiguera.net/cinemania/actores/juan_carlos_aduviri/fotos/12877/
http://esmok.blogspot.com/2010/09/la-guerra-del-agua.html
http://lasdel8.blogia.com/2009/101401-tambien-la-lluvia-de-iciar-bollain.php

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