Llega la fiesta de Halloween… y la del consumo

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Se aproxima el 1 de noviembre, el Día de Todos los Santos. No seré yo quien defienda un día de fiesta gracias al santoral católico estando en un estado aconfesional, pero eso lo dejo para algún otro artículo en el futuro.

Si hay algo que Estados Unidos nos ha dejado con amor, y más especialmente, a los empresarios, han sido tres fechas que han terminado por arraigar en nuestra débil sociedad española. Con estas tres fechas, me refiero a los días 14 de febrero, 1 de noviembre y 25 de diciembre.

Siendo yo contrario al consumo desenfrenado, no quisiera pasar por alto las campañas publicitarias que han conseguido transformarnos de ciudadanos a meros compradores. Poco a poco, costumbres que eran ajenas a nosotros y solo conocidas en el otro lado del charco, nos han sido inoculadas hasta la saciedad por aquellos empresarios ávidos de dinero.

El 14 de febrero comenzó por ser un día para pasar en pareja un poco más allá de la aburrida vida rutinaria. Con gran poder persuasivo, los grandes almacenes y joyerías han conseguido hacerse con nuestras mentes y llenarlas de publicidad para que en tal fecha de amor cubras a tu pareja con collares, anillos y demás abalorios.

No se queda atrás el 25 de diciembre. Los norteamericanos nos han colado un día clave como éste para demostrar nuestro cariño hacia los allegados en forma de regalos. Me gustaría saber qué pensaría Jesús si viese que su nacimiento ha sido utilizado para derrochar riquezas, incluso en aquellas familias pobres, que se ven apuradas por no tener con qué comprarle algo a sus niños pequeños (otras víctimas más de la persuasión consumista).

Pero el foco de mi artículo tenía que ver con este próximo 1 de noviembre. Una tradición celta que tuvo su arraigo en Estados Unidos, entendible, gracias a la gran masa de emigración irlandesa que llegó a la ahora primera potencia durante el siglo XIX. Dicha fiesta se encarga de darle un aire más jocoso y desenfadado al Día de Todos los Santos, cuya más conocida peculiaridad se corresponde con el atavío de personajes terroríficos. Pues bien, los empresarios no tardaron en dar buena cuenta de ello y en avistar un negocio fácil y atractivo para la sociedad, el objetivo ha sido sencillo, meternos en vena esta festividad tan ajena a nosotros para que la noche del 31 de octubre no haya ni un solo español que no haya comprado un terrorífico disfraz.

De este modo, en una semana llegará el gran día, el día en el que si no vas disfrazado de fantasma, momia o muerto viviente, no habrás cumplido con tu compromiso con la sociedad. Lo único que yo puedo decir es: conmigo no contéis.

1 Comentario

  1. Jeje, bueno, es seguro que estos días tienen un interés comercial brutal por parte de algunos sectores empresariales y cuanta más difusión y seguimiento tengan, mejor. Otra cosa es que la gente quiera. En mi opinión, el éxito depende de la voluntad de la gente o, más bien, de la no voluntad. Es decir, ¿qué pasaría si yo me disfrazo de zombi cuando me de la gana, haga el mismo caso a mi novia todos los días e hiciera regalos a mis allegados cuando me apeteciera? Estoy demostrando los mismos sentimientos que en estas tres fechas, pero sin caer en el dominio comercial. Claro, que entonces, igual alguien me dice que estoy loco por ir así por la calle…. xDD
    Muy buen artículo 😉

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