Libia: Lo que ha ocurrido… ¿pero qué pasará ahora?

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Tras ocho meses de revoluciones en Libia, finalmente, el pasado 20 de octubre, Muamar el Gadafi, tuvo la mala suerte de ser encontrado en algún sitio de su ciudad natal, Sirte, de ser capturado y asesinado por las pandillas rebeldes armadas de Misrata (ciudad martirizada sin piedad por las brigadas de sus hijos) que, muy felices, hicieron exhibición a través de grabaciones con móviles de imágenes en las que se mostraba su condición de herido, sangrando y tambaleándose.

Además, fue un miembro del Consejo Nacional de Transición el que informó a la agencia Reuters de que  “ellos lo capturaron vivo y mientras era trasladado lo golpearon y luego lo mataron”. Según lo que esta agencia dijo, en las imágenes se escucharon gritos de “¡manténganlo vivo!”, tras esto, se oyeron ruidos de disparos y la cámara en ese momento se desvió.

Que Gadafi ha tenido tiranizada a la población libia durante 42 años, que son muchos, es un hecho real. Puedo comprender a los ciudadanos que no sólo han sufrido todo lo posible y más, sino que además han perdido seres queridos por culpa de él, comprendo la rabia que han ido acumulando y que durante los últimos meses ha ido creciendo más y más, el ansia de la venganza, que siempre se sirve en plato frío. Es normal que aquellas personas, en el momento en que lo pillaron, quisieran resarcirse de esa manera. Y quién no. Yo seguramente hubiera sido la primera en ir a sodomizarle, como también hicieron.

Y no puedo negar que me alegra que la población libia ‘haya podido superar el conflicto’ (y lo entrecomillo porque  aún les queda el trabajo más duro por delante)  y tengan la oportunidad de tener una nueva vida. Pero como yo sólo he sido espectadora, puedo ver las cosas desde un punto de vista más templado y objetivo. Y estén o no de acuerdo conmigo, las cosas a veces no pueden hacerse siempre así, de verdad. Y me refiero a la sangre fría que mostraron con aquellas imágenes y  vídeos. Quizá, gran parte de la culpa sea de los medios de comunicación, por sensacionalistas, el caso es que tras ver ese espectáculo se le queda a una mal cuerpo. También es verdad que en lugar de haberle matado así, podían haber procedido de otras formas… Y que conste que para nada estoy, y nunca he estado del lado del malvado.

La noticia fue muy bien recibida por Barack Obama, Nicolas Sarkozy y David Cameron. En general, todo el mundo de Occidente se alegró por ello, y por el “futuro luminoso” que le aguarda a Libia. Y éste es el motivo de mi artículo. Hasta que no explotó la revolución en Túnez, y empezó a extenderse por Oriente Medio, hasta llegar a Libia, Gadafi estaba en un pedestal para casi todos los líderes mundiales.

Todos sabían quién era, su trayectoria no deja indiferente a nadie: pasó de ser un revolucionario carismático en el golpe que hizo en 1969, a fanático antiisraelí y antiimperialista en los 70, promotor del terrorismo y “perro rabioso” según Ronald Reagan en los años 80, férreo y rebelde protector de los atacantes del avión de Pan Am en los 90 e “hijo pródigo” de Occidente, perdonado por la ONU porque se retractó de la violencia, indemnizó a sus víctimas, canceló su plan nuclear y permitió buenos negocios a las grandes petroleras en el nuevo siglo. Fue admitido como otro miembro más de la “Comunidad Internacional”

Además, supuso un freno para Al- Qaeda. Según sus defensores internacionales, era dueño de métodos eficaces para hacer interrogar debidamente a los sospechosos de terrorismo que la CIA encerraba en las mazmorras del Tercer Mundo tras el 11-S. Gadafi, tras el Gran Atentado, fue armado por Occidente hasta semanas antes de la revolución de febrero. Sí, fue Occidente quien dotó de armas a Gadafi, armas que éste utilizó para luchar, precisamente, contra los mismos sujetos que se las proporcionaron.

Pero, ¿por qué este cambio radical de actitud hacia él por parte de todos aquellos países que le respetaban, e incluso simpatizaban con él, y menciono especialmente a Italia? Tras pocas semanas de comenzar las revueltas en Libia, la ONU autorizó la intervención, saltándose a la torera el derecho de injerencia humanitaria, y aprovecho de paso para recordar aquí, que este es un derecho que se ejerce sólo en casos de  auténtica emergencia derivadas de una guerra civil, de hambrunas o genocidio, para ayudar a la población civil. Pero antes de llegar a este punto, la Carta Fundacional de la ONU insiste en que primero han de tratar de resolverse los problemas por la vía diplomática y pacífica, únicamente podemos recurrir a ello cuando hemos agotado todas las vías, y repito, pacíficas.

El gobierno de Gadafi era legal, estaba reconocido por la ONU, otra cosa es que fuera legítimo. Además, Gadafi se enfrentaba con una población civil que también estaba armada, lo que quiere decir que, en principio, era un conflicto entre civiles armados, capaces de defenderse solos, y el gobierno de Gadafi, con lo que en realidad no había ninguna amenaza exterior en el conflicto libio. Pero aún así la Resolución 1973 fue aceptada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En mi opinión, fue aprobado para poder intervenir y “limpiarse la conciencia”, una manera de hacer aceptable una intervención que va en contra de la esencia de la ONU. De todas maneras, no es la primera vez que se usa la injerencia humanitaria como motivo de intervención: en Kosovo, por ejemplo, se usó también como excusa para bombardear a Serbia (aunque en este caso no estaba aprobado por el Consejo de la ONU, ésa es la única diferencia con respecto a Libia)

Más tarde, no sólo intervino la ONU, sino también la OTAN. Desde el principio, ésta buscó la eliminación física de Gadafi (pese a que ningún párrafo de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad autoriza semejante cosa). No puedo entender cómo Obama fue galardonado con un Nobel que no supo ser, acostumbrado como está al expediente de la eliminación física de los enemigos sin juicio previo, como ocurrió en otro aparente caso de quema de archivo: el de Osama Bin Laden (al menos en este caso, la CIA supo ser discreta y no llevar a los medios todos los detalles de su muerte, por el propio bien de la propaganda interior e imagen exterior de los estadounidenses).

Sea como sea, lo sucedido, sucedido está. Hay formas y formas de hacer las cosas. Una de ellas ha sido ésta. Toda la ayuda internacional recibida ha sido decisiva para que los rebeldes libios consiguieran, por fin, liquidar sin más, al que un día fue su líder. Ahora queda un gran paradigma acerca de qué pasará a partir de este momento. En el nuevo contexto, los integrantes del Grupo Internacional de Contacto Sobre Libia y el CNT, aún tienen mucho por hacer para restablecer el orden allí.

El CNT, que ha asumido la gestión de los asuntos públicos, mientras se forma un gobierno de transición, ha de enfrentarse a una serie de retos muy importantes, tanto, que de la forma de abordarlos dependerá el éxito o el fracaso de la transición del país. Para empezar, tendrá que trabajar para conseguir una conciliación nacional, y cerrar las heridas que siguen abiertas, si quieren prosperar, y no caer en una especie de espiral de violencia y venganzas. Además tienen que poner las bases para un nuevo sistema político, que cuente con la mayor aceptación posible del pueblo, han de ser capaces de asumir los costes de reconstrucción, garantizar el orden y la seguridad interior a través de la creación de instituciones legítimas. Será necesaria la cooperación internacional para recuperar las armas y municiones para que no sean utilizadas dentro de Libia o para que no caigan en las manos de terroristas transnacionales o redes de traficantes. Las grandes potencias, al igual que intervinieron en la revolución de los rebeldes contra Gadafi, deberían invertir en el desarrollo de una nueva Libia y no querer lucrarse a través de la firma de grandes contratos armamentísticos (sólo los necesarios para equipar a un reformado ejército nacional puesto al servicio del Estado, no al de ningún régimen).

Existe la posibilidad de que se produzcan enfrentamientos a partir de nuevas divisiones tribales, regionales y étnicas en la lucha por el poder. Faltan ocho meses para la celebración de las primeras elecciones libres, según el CNT, y éstas deberían asentar las bases del buen gobierno y la transparencia en la gestión de los asuntos públicos y del sector energético.

En mi opinión tienen una tarea tan ardua y enorme, y están tan revolucionados, tan desorientados, que podría pasar de todo. Desde el inicio de un lento pero auténtico proceso para establecer un sistema democrático de verdad, hasta un nuevo golpe de Estado. Auguro un futuro lleno de dificultades, puesto que más de cuatro décadas con Gadafi al frente de un régimen tiránico han hecho muchísimo daño a una sociedad en la que cerca del 75% de los habitantes no conocieron a otro líder.

Fuentes de la información:
http://loquedigoynohago.blogspot.com/
http://es.wikipedia.org/wiki/Muamar_el_Gadafi
http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari145-2011

Fuente de las imágenes:
http://diariode3.com/2011/10/20/capturan-a-muamar-gadafi-informa-consejo-transicion-nacional-de-libia/
http://www.marxist.com/revolucion-y-contrarevolucion-en-libia-es.htm
http://mundosegunyo.blogspot.com/2011/03/gadafi-da-alas-eeuu.html

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