¿Libertad de expresión u oportunismo político?

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El pasado jueves 21 de octubre Rosa Díez visitó la Facultad de Ciencias Políticas de la UCM. Fue recibida con una sonora pitada y multitud de tarjetas rojas que expresaban el rechazo del estudiantado hacia el oportunismo político demostrado por los representantes de la ciudadanía. Pese al revuelo organizado, la cabeza más visible de UPyD pudo llevar a cabo su conferencia sin excesivos problemas. Los medios de comunicación se hicieron eco de la visita, destacando la permisividad del decano y el “extremismo” de los estudiantes.

Corrían las doce de la mañana cuando Rosa Díez hizo acto de presencia en el campus de Somosaguas. Su propósito no era otro que impartir una conferencia sobre “la regeneración de la democracia”. Un tema a priori muy prometedor, teniendo en cuenta el declive que nuestro sistema político ha experimentado últimamente. Las mentiras del 11-M, la ilegalización de partidos, la reacción del Gobierno ante la crisis, el caso Gürtel o el culebrón de Garzón son algunos de los acontecimientos que ponen en entredicho la salud de nuestra democracia. Ante esto, la visita de una diputada a la universidad para hablar de un tema tan recurrente no debería conllevar polémica. Sin embargo, los combativos estudiantes de Ciencias Políticas tenían mucho que decir al respecto.

Abucheos, pancartas, tarjetas rojas o bombas fétidas fueron las tácticas de lucha empleadas por los jóvenes, que expresaban así su rechazo a “las visitas oportunistas de políticos”. Las diferentes asociaciones estudiantiles, con Contrapoder (fuerza más votada en las últimas elecciones a Junta de Facultad) a la cabeza, denuncian que Rosa Díez visite el recinto académico solo durante etapas preelectorales y con la voluntad de abrirse un hueco en el espectro mediático, hecho que solo puede ocurrir cuando se generen disturbios alrededor suyo.

Se inicia así la interminable polémica sobre la libertad de expresión. ¿Tiene derecho un grupo de estudiantes, mayoritario en el seno de la Facultad pero minoritario en relación al conjunto social, a boicotear un acto oficial de un representante de la ciudadanía legalmente elegido?, ¿es éticamente aceptable que un líder de una formación política visite una universidad para exponer su programa como si de un mitin se tratara?, ¿debe el decano de una facultad permitir que se lleven a cabo estas visitas aún conociendo la hostilidad de los estudiantes hacia ellas?

La libertad de expresión es un concepto muy relativo en nuestros días. La Constitución protege nuestro derecho a manifestarnos públicamente de manera pacífica. La pregunta es: ¿por qué unos tienen derecho a hacerlo a través de un altavoz de las dimensiones de la televisión, mientras el resto se tienen que contentar con dejarse la garganta gritando por las calles esperando que al menos los transeúntes que por allí pasen los escuchen? Es cierto que todos tenemos el derecho a la libertad de expresión, pero unos tienen más capacidad de ejercerlo que otros. Y esa diferencia viene marcada por variables como el dinero o el prestigio.

No es ningún secreto que los medios de comunicación actúan como filtro de la realidad haciendo llegar a la ciudadanía aquellos hechos que al poder le interesan y silenciando aquellos otros que le incomodan. Quizá si los medios fueran realmente un difusor plural y libre de los acontecimientos que cada día ocurren, Rosa Díez no necesitaría ir en busca de bronca a la universidad, y los estudiantes no serían demonizados de cara a la opinión pública.

Fuentes de las imágenes:
El País (http://www.elpais.es)
ABC (http://www.abc.es)

4 Comentarios

  1. Jaimeee!! waaaww!! me has dejao atónitaa!!
    felicidades x este peazo artículo noiet!! definitivamente voy a ficharte xa los guiones de mis docus dinvestigación.. jeje!
    Me han encantado todas las preguntas q planteas al final, y lo de la mala salud de nuestra democracia.. Ves! ya sabía yo q te gustaría escribir en la Huella.. 😉
    Un abrazotee campeón!

    Clara

  2. Aquellos jóvenes de generaciones pasadas que luchaban en pro de la libertad son glorificados y ensalzados por muchos jóvenes de hoy. Ahora éstos quieren seguir sus pasos pero en casos como éste parece que sólo imitan lo de revolucionar y se olvidan del contenido. Y, es que, no es lo mismo. Aquellos luchaban por la libertad de expresión, estos van en contra.
    Últimamente, ya se aprecia en el movimiento Los Edukadores parece que sentimos cierta envidia revolucionaria. Muchos querrían haber sido los chavales de mayo del 68 y con ese complejo de Cohn-Bendit tienen el “deber” de “liarla” . Algunos creen ver un rol al veinteañero: el de llevar la contraria. LLevar la contraria tiene sentido cuando la contra es, por ejemplo, la falta de libertad (prensa, expresión, reunión). Ahora, si llevamos la contraria atacando estas libertades estamos yendo en contra de todo lo que consiguieron aquellos jóvenes, esos a quienes admiramos. Para nada los imitamos, eso seguro.
    Apoyo que todos, no sólo de 15 a 35, reivindequemos una mejora pero yo estoy en contra de la queja por sistema. Y en este caso sólo puede ser por sistema porque, ¿de qué otro tipo podría ser esta? ¿Contra qué luchan? Yo no defiendo a Rosa Díez defiendo las críticas constructivas. Y ésta no lo es. ¿Qué pretenden construir? ¿que los que quieran no puedan escucharle? ¿terminar con la libertad de expresión? ¿que se censuren charlas opotunistas? Yo no estuve en la conferencia, no sé cuanto de mitin tuvo pero tampoco creo que lo sepan los que no la escucharon. Entonces, ¿según qué argumento se puede sostener la crítica? Yo soy, encontra de estos chungos, de las que si acaso tira piedras después de oír la burrada, no antes.
    Hay tanta gente que se muere de hambre que elegir destruir lo que ya estaba construido (o ir a lo fácil) es ir marcha atrás. Ir en contra de la libertad de expresión y secundarlo es retroceder. Retroceder en aras de la revolución que suspuestamente nos corresponde por tener granos, aunque ahora, al hacerlo se llegue incluso al sinsentido de asesinar la libertad de expresión. A mí también me gusta ser partisana pero contra el diablo no contra lo que consiguió mi padre.

    Además me gustaría criticar la tendencia de nuestra generación a buscar una justificación a los malos. Como a unos cuantos no les gusta Rosa Díez que el rector se plantee que no vaya más a la universidad. Bien, y ¿qué pasa con los que sí quieren oirla? ¿esos no molan tanto? ¿esos no tienen derecho? Es más interesante reflexionar sobre el posible trauma infantil del cabrito. Y los demás ¿quién escribe sobre sus derechos? ¿Nos estamos planteando el derecho a putear? Para mí, entonces, es el mundo al revés.

  3. La libertad de expresión es muy discutible. Es cierto que todos podemos decir lo q queramos. Eso sí, si tienes ideas peligrosas que expresar, es muy difícil que los medios de comunicación masivos te premitan hacerlo. Hacer una crítica constructiva al sistema es posible en la universidad, en la calle, en el bar, en definitiva, a nivel micro. Cuando pretendes que gran parte de la sociedad te escuche, hecho que solo puede ocurrir utilizando esos medios de comunicación de masas, tienes un gran problema si tu crítica desmonta las bases sobre las que nuestro sistema actual se asienta. Por ejemplo, si criticas la economía de mercado diciendo que produce desequilibrios enormes en el nivel de vida de la población, y propones un nuevo modelo de organización que podría dar al traste con la oligarquía existente, es muy improblable que esa misma oligarquía que maneja los medios de comunicación te permita expresarte a través de ellos. Es cierto que podrías escribir un libro sobre ello, y puede que se hiciera famoso y que traspasara el umbral mediático tarde o temprano, pero las posiblidades de que mucha gente te escuche son mucho más reducidas que si tu mensaje es beneficioso para el poder establecido existente.

    En cuanto al gusto de los jóvenes por llevar la contraria. Creo que el hecho de ser joven y tener poca experiencia en la vida te da fuerzas para creer que es posible cambiar las cosas. Además se piensa eso de “¿por qué tengo que conformarme con el mundo que han creado mis padres y mis abuelos?¿por qué no intentar crear otro mejor?” Ese optimismo propio de la juventud, esa fe en que un cambio es posible es lo que motiva que seamos un sujeto potencialmente revolucionario. Ahora bien, está claro que el protestar por protestar es absurdo. Hay que quejarse de las cosas que estén mal, no de aquellas que sean conquistas realizadas por nuestros antepasados. Pero si creemos que esas conquistas son insuficientes, ADELANTE, tratemos de mejorarlas. Eso es lo que creo que ocurre con la libertad de expresión, un derecho que en realidad no es democrático, pues unos tienen más posibilidad de ejercerlo que el resto.

  4. Yo no creo que a lo que tu te refieres sea a la libertad de expresión, creo que hablas de derecho mediático (es un término que acabo de inventar). En tu comentaro anterior hablas de que la libertad de expresión no es democrática. Yo creo que sí. Aquí todos podemos decir lo que nos plazca y es a eso a lo que se refiere La Contitución con libertad de expresión. Y a esa libertad me refiero yo. Esa libertad que no es la que tuvo Rosa Díez y de la que creo que ningún español carece. Ella sí fue privada y por eso decía en mi comentario que estábamos yendo para atrás porque la lucha que se lleva está no respeta los pocos derecho que se habían conseguido. (Para luchar por la heterogeneidad mediática se cargan la libertad de expresión de otros. Destrozar lo ya alcanzado)

    Creo que hay que mejorar pero yo no creo que el fin justifique los medios. Incluso podría decir que a veces los medios determinan el fin.
    En este caso el fin del que tu hablas es de la injusticia de que a un colectivo social no se le de cabida en los medios de comunicación.

    Bueno en cuanto a este tema estoy de acuerdo contigo en que los medios de comunicación son selectivos y creo que es necesario un cambio. Desde mi punto de vista deben ser más democráticos. No creo, sim embargo, que la lucha sea yendo en contra de lo que ese colectivo pretende conseguir. Me parece injusto que los jóvenes a los que te referías en el artículo pretendan optar a expandir sus ideas igual que otros grupos políticos, y para ello los coarten. Además, ya de forma muy personal, creo que ahí es donde está su fracaso.Yo como joven y estudiante que está en contra de la selección de la información en los medios me opongo a que aquéllos que sí estén representados en ellos dejen de estarlo. Opino que los jóvenes deben estar, también. No que los jóvenes deben estar en lugar de.

    Además, y ya para acabar (perdón por mis comentarios gigantones) yo creo que no debíamo hablar de la sociedad por sectores. Pienso que sería mejor hablar de personas. Somos gente que nos unimos ante determinadas injusticias. Eso de los jóvenes quizá valga en medicina para unir a la población de determinada edad que sí reúne unas condiciones físicas. Pero los pensamientos no tienen edad (y si la tienen posiblemente son de peor calidad los de un inexperto). Hay corrientes de pensamiento (a las que se adscriben mayores y viejos) pero los jóvenes no son una corriente de pensamiento.

    Por eso no entiendo por qué los jóvenes tienen que salir en televisión. En televisión se le deben dar cabida a todas las opniones. Pero ¿a los jóvenes?

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