Bleus fundidos a negro

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Quelle misère. Las ediciones online de la prensa gala no tardan en arremeter contra los suyos. Sábado de marzo, mediodía soleado en Roma. Francia, defensora del título, ha caído. Los de Marc Lièvremont acaban de perder contra la selección más floja del torneo (22-21). Italia saborea la primera victoria contra su vecino desde su ingreso en la élite cerrada del rugby del norte. Mirco Bergamasco consuma la remontada en los últimos minutos. La Copa Garibaldi, torneo de reciente creación que disputan las dos mediterráneas, se la quedan los azzurri.

Varios jugadores de la selección italiana celebran su triunfo ante Francia/. Extraída de sport.sky.it
Varios jugadores de la selección italiana celebran su triunfo ante Francia/. Extraída de sport.sky.it

Aquella tarde empieza el lustro negro de Francia. El Seis Naciones de 2011 concluye con dos derrotas para el quince del gallo, aunque el subcampeonato en el Mundial de Nueva Zelanda endulza el curso. La siguiente edición se cierra con otras dos y un empate. Tres partidos perdidos, uno empatado y la última posición en la tabla clasificatoria emborran un 2013 para el olvido. Les bleus sucumben en otros dos encuentros del torneo en 2014, misma cifra de derrotas que acumula en los tres choques celebrados en el presente 2015.

De los 23 partidos disputados en la presente década, Francia ha perdido once y empatado dos. La más laureada del torneo durante los dos decenios postreros del siglo anterior y el primero del presente, no ha conseguido ganar ni la mitad de sus enfrentamientos. La debilidad de la selección contrasta con el poderío de la liga nacional y los excelentes resultados de sus clubes en los campeonatos europeos. El Top 14 se consolida como la liga de referencia en el continente. Los equipos galos reúnen estrellas británicas y australes al calor del dinero de la televisión y diferentes inversores.

Paradigma de esa importancia es Toulon. Algunos de los mejores jugadores del mundo visten la camiseta roja del cuadro de la Costa Azul, actual bicampeón de Europa. Jonny Wilkinson y Bryan Habana, puntales del triunfo de sus respectivas selecciones, Inglaterra y Sudáfrica, en los Mundiales de 2003 y 2007, recalaron en el megalómano proyecto que dirige el multimillonario Mourad Boudjellal (Wilko, sobre el césped, hasta el pasado verano). El galés Leigh Halfpenny, el argentino Juan Martín Fernández Lobbe o el italiano Martín Castrogiovanni también defienden el escudo toulonnais. Y al frente de tan extenso elenco, Bernard Laporte.

La última etapa dorada de la selección francesa llega con Laporte de seleccionador. Disputa ocho ediciones del Seis Naciones y gana cuatro. Firma sendas semifinales mundialistas, eliminando a la todopoderosa Nueva Zelanda en los cuartos de final del campeonato de 2007. La derrota contra la Inglaterra de Wilkinson en París es el último partido del mánager al frente de les bleus. Su etapa, prolífica en triunfos, se cierra con críticas por el estilo: la nueva Francia esquiva el mito del champagne y apuesta por el poderío físico como seña de identidad.

Hasta 2009, el conservador Laporte ocupa la cartera de deportes en un ejecutivo que lidera François Fillon bajo la presidencia de Nicolás Sarkozy. En 2011 ficha por Toulon. Y la semana pasada, su presidente Boudjellal ofrece a la federación gala el consejo y la ayuda del técnico de su equipo a un desnortado Philippe Saint-André. La derrota frente a Gales en el Stade de France en la tercera jornada (13-20) enciende las alarmas y confirma que el quince del gallo, la potencia europea de las tres últimas décadas, terminará el torneo lejos de los mejores.

Las dos semanas de parón hasta la disputa del cuarto acto reabren debates en la opinión pública gala. Se aborda, otra vez, el estilo: ¿juego a la mano o supremacía de centímetros y kilos? No menos importante resulta la dicotomía entre clubes y selección nacional. El buen momento de los primeros contrasta con la crisis del combinado tricolor. Y Saint-André, que dispone de tres, cuatro o cinco jugadores de nivel para cada puesto, sigue sin dar con la tecla. En la bisagra, posiciones de medio melé y apertura, se suceden experimentos sin éxito ni continuidad.

Roma aguarda a los mal avenidos franceses (Canal Plus Deportes, 16.00 horas). Mañana, la selección francesa regresa al Olímpico de la capital transalpina. En una tarde de primavera en el estadio Flaminio, casa histórica del oval italiano hasta su mudanza en 2012, está el origen de las dudas que hoy siguen asolando al rugby de la grandeur. Para cerrar el torneo, y ya en la última jornada, Francia visitará Londres, donde no gana desde 2005. No hay más pruebas para los de Saint-André que esta doble cita lejos de casa y la gira de amistosos de verano por el hemisferio sur. El Mundial de Inglaterra comienza el 18 de septiembre, aunque Francia debutará el día siguiente. Precisamente Italia será su rival, con Twickenham  de escenario.

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