Leonor Watling: “Eva es una mujer bloqueada que termina actuando como un hombre, sin pensar”

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La última película del director español Mariano Barroso llega hoy a nuestras salas de cine. Aborda la insulsa vida de una juez, su primer caso de asesinato y un gigoló. La trama transcurre de manera lenta, lejos de investigaciones científicas entorno a la muerte y más centrada en conocer al personaje interpretado por Leonor Watling.

Leonor Watling, Mariano Barroso y Miguel Ángel Silvestre

El género elegido por el director Mariano Barroso es el thriller, porque para él es el mejor idioma para contar la realidad.  Utiliza este tipo de cine para analizar las relaciones afectivas cuando el poder está en manos de la mujer, mientras que el hombre queda relegado a ser el objeto de deseo. Se produce así una inversión de papeles. Eva (Leonor Watling), juez de profesión y solitaria de corazón, ha pasado su vida entre libros, leyes y exámenes para acabar unas oposiciones con un resultado excelente: primera de su promoción. 

Una lujosa casa, un salario y puesto fijo no son motivos suficientes para su felicidad, porque debido a la coacción deliberada de su padre, el cual la enseñó a juzgar pero nunca a perdonar, vive inmersa en un mundo que no ha elegido libremente. El fuerte trauma de su progenitor y la poca desenvoltura social son fruto de cuatro años de encierro en los cuales la única compañía que tenía era el sonido del café y el peso de los libros.

Pero temporalmente el mundo se vuelve un poco más acogedor cuando en el transcurso del caso encuentra a un testigo que desinteresadamente le presta su ayuda: Rocco, novio de la fallecida y gigoló de profesión, caracterizado por el actor Miguel Ángel Silvestre.

El cercano trato con el gigoló dará lugar a la desinhibición de la, hasta ahora, encorsetada juez. Sus decisiones categóricas se tornarán dubitativas y fruto de esto se sucederán numerosos fallos que cambiarán el transcurso de los hechos de manera irreversible. 

Barroso afirma que ninguno de los personajes deja ver sus pensamientos y sentimientos, ambos fingen lo que no son y el único terreno posible de encuentro entre ellos es el de la pasión.  Por ello filme tiene una fuerte apuesta por las numerosas escenas de amor explotando así el lado sensacionalista y dejando de lado el contenido inicial que no es otro que la resolución del caso. 

La película trata de mostrar los encuentros entre los protagonistas desde el punto de vista de la mujer. A este respecto el director ha tenido un apoyo incondicional de la actriz protagonista, Leonor Watling que junto con su compañero Miguel Ángel Silvestre ha dado su particular aportación a las escenas tórridas.

Silvestre afirma que hubiera sido mucho más fácil narrar la historia desde un punto de vista masculino, pues es más frecuente que un hombre se enamore de una mujer y lo pierda todo. Pero esta situación hubiera cambiado radicalmente la película y no hubiera sido posible porque las mujeres ven venir a los hombres mientras que “Eva” es muy estricta y le pone muy difícil el acercamiento a “Rocco”.

Mariano Barroso ha afirmado que la grabación de escenas de amor suelen ser un impedimento y algo engorrosas pero que en esta ocasión los actores se han prestado a representarlas desde un principio lo cual ha facilitado su filmación.

Por su parte,  Silvestre se muestra encantado al haber tenido la oportunidad de trabajar con Leonor y afirma que “fue un placer rodar esas escenas”. Por otro lado el actor no duda en transmitir que para él lo mejor de la película es su compañera de rodaje sentenciando “Leonor es una barbaridad”.

Por otro lado, el cambio de valores en las acciones de Eva descoloca al espectador, que es incapaz de reconocer quién es realmente Eva a pesar del esfuerzo interpretativo de la excelente artista Leonor Watling.  A este respecto el director aclara que Eva sabe que hay algo en su vida “perfecta” que no va bien, por ello se lanza a buscar lo mejor de sí misma, algo que la humanice. Este argumento explica a su vez el título de la película.

Watling, que ha recurrido a jueces para la preparación de su personaje, argumenta que el que Eva sea juez es una metáfora del equilibrio, un don que Eva no tiene pues está totalmente perturbada.

Según la actriz, su personaje es una mujer bloqueada y ensimismada que lo tiene todo bajo control sabiendo cómo comportarse en cada momento, pero todo salta por los aires cuando conoce a Rocco y termina actuando como un hombre, dejando de pensar.

Fotografía: Ana Mª Indiano Moreno

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