Lencería persecutoria

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Me siento perseguido por escotes cardíacos y  glúteos pomposos. Me siguen a todas partes.Permanezco tranquilamente en la parada a esperar el autobús, inmerso en mi mundo como de costumbre, levanto la cabeza, miro a mi derecha y percibo que un magnífico pompis de 2×2 metros me esta observando con gesto goloso, ¿me estará intentando decir algo? Maldita sea, estoy seguro de que esos carteles publicitarios con señoritas desnudas de las marquesinas son culpables de numerosos accidentes de tráfico.

Ahí estoy yo de nuevo, viendo una peli tirado en el sofá apaciblemente, un tío le va a disparar a otro, la bala se acerca lentamente hacia su objetivo y medio metro antes del impacto… publicidad, era previsible. A lo que vamos, ¿es estrictamente necesario que una mujer –preciosa por cierto- se pasee en cueros por su casa para promocionar unos simples yogures? En el siguiente anuncio unos labios empapados en carmín rechupetean un helado lascivamente, ¿estarán intentando establecer algún tipo de paralelismo?

Hoy me apetece dar una vuelta por las calles, entrar en contacto con las masas. De reojo oteo un escaparate de un establecimiento de lencería femenina. Es asombroso como un trozo de yeso rodeado por una infimísima tira de tela puede incrementar la temperatura de mi cuerpo de ese modo. Esos culo-maniquíes con tanga están realmente conseguidos, hay que reconocer que los tíos que los hacen son unos verdaderos licenciados en panderos femeninos.

Luego cuando me cruzo con las mujeres por la calle pienso ¿caminará esa chica desnuda por su casa en busca de yogures? ¿Si chupa así ese helado quiere decir que…? ¿Quién será la dueña del pompis del cartel de la marquesina? ¿Le echarán productos adictivos a la hamburguesa del McDonals? ¡Me cachis en la mar, esos culo-maniquíes me persiguen por todas partes!

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