Lejos de los lujos

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Esta es la plantilla del Cerro Reyes extremeño en su visita al Municipal del Val de Alcalá de Henares en la primera vuelta de la temporada 2010/11. A día de hoy, este club ha sido excluido de la competición por la RFEF tras negarse a jugar los dos últimos partidos. ¿El motivo? La crisis, que está desarbolando la Segunda División B.

Equipos como el extremeño pertenecen al mundo del fútbol, pero están bastante apartados de los centros en los que se toman las decisiones y se reparten los tremendos beneficios que da este deporte, que solo ven los equipos de la elite. Bastante pocos, por cierto, en comparación con la gran masa que ejerce -o al menos lo intenta- el deporte más universal.

La falta de pagos llevó a la plantilla a plantarse ante los directivos. Ante el Vecindario, los del José Pache formaron con jugadores del Juvenil, lo que puso a la RFEF sobre aviso. Posteriormente, el ente federativo restó validez al empate cosechado por el Cerro, dándole la victoria al Vecindario por 3-0. Esto no hizo cambiar la postura de los jugadores, quienes se negaron a viajar a Galicia para enfrentarse al Montañeros, lo que finalmente derivó en la exclusión del equipo extremeño de la competición.

La RFEF ha decidido respetar los resultados cosechados por el Cerro, y a partir de ahora se dará el partido por ganado a todos los que se enfrenten a ellos. Obviamente, esto no ha contentado a quienes perdieron en su día con los pacenses (contaban cinco victorias y cuatro empates). La competición ha sido adulterada en cuanto a resultados, pero hacía tiempo que se veía venir esto.

El Cerro no es ni el primer ni el último equipo que ha tenido problemas financieros. Muchos de ellos los están sufriendo en este momento en sus carnes y el denominador común es el de siempre: la crisis. Desde un par de años, los patrocinadores están comenzando a dar la espantá, dejando a clubes emblemáticos con el presupuesto colgado. Esto viene dado por la profesionalización (aunque legalmente la Segunda B es semiprofesional) que se ha generalizado en la última década, llegando a darse casos de salarios estratosféricos en algunos equipos, buscando un ascenso por la vía del bolsillo a Segunda División o incluso a Primera (quizá el Alavés sea el ejemplo más claro de una gestión económica ruinosa en los últimos años).

La lista de equipos que tiene problemas para afrontar las nóminas de sus jugadores es tremenda. Tan solo los jugadores de los filiales de la Liga BBVA pueden estar tranquilos a la hora de recibir sus salarios. El resto, en la cuerda floja. Los jugadores del Alcalá llevan las dos últimas temporadas cobrando tarde y en pequeñas dosis, y tan solo el amor propio de los jugadores les mantiene en la División de Bronce, coqueteando con los puestos de play-off de ascenso a la Liga Adelante mientras los patrocinadores no aparecen y la afición advierte un futuro oscuro. Como el Alcalá están tantos otros, desde La Muela hasta el Atlético Baleares, pasando por históricos en serio peligro de desaparición como el Oviedo, a pesar de que cada quince días el Carlos Tartiere se llene con 10.000 espectadores.

El panorama es aún más dantesco si se desciende a la Tercera División, y no sería extraño que este fútbol comenzara a ser completamente aficionado a muy corto plazo. Los jugadores ya le están viendo las orejas al lobo, y es raro el caso de los que se dedican a tiempo completo al fútbol. El resto tiene que entrenar y trabajar, trasladando una pasión que, por capacidad, han podido convertir en su profesión, a la categoría de hobby.

El año pasado, el Alcorcón ascendió a la Liga Adelante, y no fueron pocos los jugadores que declararon que se unieron a la aventura alfarera simplemente porque tenían asegurado el cobrar. Hasta ahora, existían unos pocos clubes (por lo general, emblemáticos) que aseguraban esto. Recientemente, coincidí con un jugador de uno de esos clubes que hasta hace poco aseguraban el pago cada final de mes, y cuando le pregunté por esta cuestión contestó con un lapidario: “Nos pagan a ratos”. Preocupante el escenario.

Recientemente se reflejó en la primera plana la unión de un grupo de jugadores en paro que hicieron una mini-concentración en L’Alfàs del Pi, en la Comunidad Valenciana, para volver a ponerse en el escaparate. Juanpa, un clásico con cientos de partidos en el Salamanca y el Las Palmas, ha sido el más afortunado, al volver a firmar un contrato (con el salario mínimo) por el propio Salamanca.

La opinión que se tiene en la calle del futbolista es la de que son unos afortunados de la vida por poder ganar sueldos estratosféricos dando patadas a un balón. La realidad comienza a mostrar que debajo del iceberg hay mucho podrido en el sistema futbolístico nacional e internacional y esta realidad amenaza con copar portadas muy pronto, más de lo que se podría pensar.

Texto: Elaboración propia

Fotografías: Elena Boto

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