‘Leer con niños’, la lectura (compartida) como acto de resistencia

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El autor de Leer con niños vivía en El Cairo cuando nació su primogénita. Corría el año 1992 y el padre primerizo no sabía cómo tranquilizar a aquel pequeño ser que lloraba noche y día. Hasta que se le ocurrió agarrar un libro —concretamente, la Divina Comedia de Dante Alighieri— y empezar a leer en voz alta, con el sorprendente descubrimiento de que la lectura producía en su hija efectos tranquilizantes. Su segundo retoño también disfrutó de este privilegio desde una edad bien temprana. Poco a poco crecían los niños al mismo tiempo que lo hacía su apetito por nuevos libros y autores. Por la biblioteca familiar fueron pasando Poe, Kafka, Dovstoieski…

leer-con-ninos-de-santiago-alba-rico-751277_w650Santiago Alba Rico parece, por tanto, una voz autorizada para hablar de la lectura compartida con los más pequeños, como hábito familiar, como modo de vida, como parte de una educación integral y una enseñanza sana que desarrolla desde el principio el potencial del niño. La curiosidad infantil, su percepción no contaminada por los esquemas adultos, hacen que los pequeños sean unos consumidores de literatura sui generis, únicos y excepcionales. Leer con niños se publicó en 2007 y ahora, gracias a Random House, disfrutamos de una nueva edición de este libro rico en contenidos, profundo y crítico, que lejos de constituir un manual pedagógico o una simple autobiografía permite explorar reflexiones más allá. De un vistazo identificamos la cubierta como obra del genial Miguel Brieva, quien ha sabido captar a la perfección el universo de fantasía que rodea a los pequeños grandes lectores. El autor, que ya cuenta en su haber con otros ensayos (Las reglas del caos; El mundo incompleto…), participó como guionista del desaparecido y mítico programa infantil La bola de cristal en TVE.

Las insólitas preguntas ¿Para qué sirven los niños? y ¿Para qué sirven los libros? son dos cuestiones en los que, probablemente, nunca habíamos reparado. De ellas da cuenta este libro, pero también de otros aspectos que permiten al filósofo desarrollar algunas de las líneas de su pensamiento, como la crítica al capitalismo, sistema antinarrativo (y contrario a los niños) por naturaleza. Los niños sirven para ser cuidados, es decir, para volvernos cuidadosos nosotros; para que, a través de ellos, (re)aprendamos cómo se mira. Los libros sirven, sobre todo, para que nos levantemos y apaguemos la televisión, para que volvamos a tomar consciencia de que toda narración es un intento de aplazar lo inaplazable, de ganarle tiempo a la muerte. Por eso es importante cuidar el tiempo del relato, volver a tener ganas de mirar, de conservar frente a consumir, de educarnos gracias a nuestros hijos. Si puede ser, de un modo recíproco. Esta lectura invita a ello, redescubriendo a los clásicos y mirando a través de unos ojos desacostumbradamente nuevos hacia un sistema moderno, mutante y vacuo, en el que un padre que lee con (a) sus hijos es, casi, el protagonista de una fábula milagrosa.

Por otro lado, el ensayo desarrolla ampliamente otros temas, como el amor, el matrimonio y la maternidad, la lucha de los solteros y los huérfanos o la globalización, y asimismo intercala pequeños cuentos que pueden ser leídos con niños (pero también sin ellos). No es un libro exento de intención política. Propone que, desde la raíz última, leer sea acaso un acto de resistencia y de posicionamiento por cuanto es capaz de unir familias cada vez más desunidas y de estructurar vínculos cada vez más desestructurados.

Desde aquí os recomendamos, además, esta entrevista en Carne Cruda, que nos acerca al autor.

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