Lección para la política española

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Quizá suene a subversión contra una formación política- no es en absoluto la intención de este texto- pero no hay que olvidar como seres acuáticos lo que ha ocurrido hace tan sólo unos meses por mucho que algunos se emperren en precisamente lo contrario. Me refiero a la crisis del Partido Popular, una crisis que parece ser que aún continúa con los problemas con UPN y que sigue latente a pesar de que se haya celebrado un congreso- supuestamente integrador- que en teoría afianzaría el liderazgo del actual presidente de la formación conservadora.

A propósito de esa crisis han aparecido recientes encuestas en las que se afirma que el Partido Popular, aún con el problema de la situación económica y la pérdida de confianza que han experimentado muchos electores en José Luis Rodríguez Zapatero, no sólo no despuntaría en unas hipotéticas elecciones celebradas hoy mismo sino que incluso perdería votantes- en concreto, según el sondeo de La Razón, más de 90.000.

Bien es cierto que son cifras que reflejan un momento, bien es cierto que quizá hay que dejar pasar el tiempo necesario para que madure la opinión pública en lo que a elecciones se refiere y que los ánimos generales están bastante bajos habida cuenta del poco interés que muestra la gente por la política pero resulta lo menos curioso que de un giro estratégico por parte del PP centrado exclusivamente en ganar unas elecciones mediante un acercamiento a los nacionalismos y una renovación integral de todo un equipo por gente más joven- y, por qué no decirlo, con mejor perfil físico- simplemente se obtenga una ventaja de una décima por encima del PSOE, cuando las circunstancias no es que sean muy favorables para el partido en el gobierno por culpa de una crisis- mundial o arrastrada, da lo mismo y no estamos aquí para discutir esa circunstancia. Sí, se ha obtenido una ligera ventaja por parte del PP pero es insuficiente para ganar las elecciones. Entonces ¿para qué ha servido toda una renovación hecha con prisas y una vuelta de tuerca que no sólo no ha aumentado las perspectivas electorales sino que las ha empeorado?

¿De qué giro estamos hablando?
A mucha gente aún se le escapa toda la maraña que se formó en torno al Partido Popular tras las elecciones generales de marzo y, de hecho, los medios de comunicación en general no han hecho sino raspar en la superficie de todo un entramado de estrategias, ambiciones personales y personas escondidas bajo el anonimato. Muchos sólo recuerdan unas pocas frases: “No me resigno”, “Hay una clara quiebra de confianza en la dirección nacional”, “¿Quién es esta tía? ¿Que no se da cuenta de que el PP ha cambiado?”, “Acabo de recibir tu ponencia ¡arriba España!”…

Pero debajo de este reflejo mediático hay mucho más, existe todo un giro centrado en deshacerse de opiniones adversas por el riesgo- cierto o figurado- de ruptura del partido al mismo tiempo que se trata de resultar más simpático ante los potenciales votantes futuros perdidos por la crisis económica. También hay que contar con el afianzamiento de las llamadas baronías regionales- es decir, el mayor poder de los líderes de cada provincia frente a la nacional– y la falta de democracia interna de un partido que no se diferencia en demasía del otro grande de nuestro país y que resulta el mayor problema de la partitocracia española.

El cambio de estrategia del PP fue quizá precipitado y, desde luego, mal explicado y mostrado a la opinión pública y, lo más importante, a los propios militantes de la formación, que se han visto desconcertados ante tal modificación y han protagonizado “deserciones” en masa- algunas ni siquiera se han hecho efectivas aún. No quita culpa de esta circunstancia la ambición de poder desmedida de los potenciales herederos del despacho presidencial de Génova, encarnados sobre todo por la figura de Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón. Por no hablar de informaciones repugnantes- fundamentalmente dirigidas a la disidente más representativa, María San Gil- del estilo de que se está inestable psicológicamente por su medicación contra el cáncer y además está traumatizada desde la muerte de Gregorio Ordóñez, que hay una trama oculta tras todos los que no están de acuerdo con Rajoy o que determinados líderes están conspirando en la sombra. Un cuento de terror en forma de notas de prensa, filtraciones y juegos sucios provenientes de Génova 13… y no, por ejemplo, de la calle Illumbe o la calle Urgell como muchos quisieron hacer ver mediante la figura, por ejemplo, de Montserrat Nebrera o de Jaime Mayor Oreja.

No es momento ni lugar para ir describiendo poco a poco en qué ha consistido exactamente ese giro, por lo menos no al completo. Las páginas serían interminables. Sí lo es para recomendar a la gente que tenga especial interés en conocerlo o simplemente que quiera acceder a la maquinaria interna de los grandes partidos políticos en España que lea el último libro de Ignacio Villa sobre el tema que nos ocupa: se trata de Prohibido Pasar y lo publica la Esfera de los Libros.

De él extraerán todo lo que ocurrió en esos meses en los que el PP pasó de ser el Nasty Party al que votaban más de diez millones de personas al Partido del Centro, mujeres y futuro que no ha convencido ni a sus votantes de toda la vida ni a los que pudieran serlo.

Esto no es un modo de criticar al PP en concreto sino una forma de recomendar mediante su ejemplo a los grandes partidos políticos españoles, y por ende también a los pequeños, por supuesto, para que siempre cuenten con sus bases antes de hacer cambios radicales y además que tengan un poco más de escrúpulos a la hora de tratar a personas, porque son fundamentalmente seres humanos antes que políticos que piensan diferente, réditos electorales o símbolos marketinianos.

Que la lección sea provechosa.

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