Lección de hipocresía

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Desde que el pasado 16 de diciembre el joven tunecino Mohamed Bouazizi se prendió fuego con gasolina para protestar por la incautación por parte de las autoridades de su carro de frutas (las cuales vendía sin licencia pero suponía su única forma de subsistir) casos similares se han ido sucediendo. Mucho se ha dicho acerca de lo que ha supuesto la muerte de este joven. Algunos han apuntado que seguramente el muchacho poco podía imaginar que su acción desesperada derivase en todo lo que posteriormente ha acontecido: la caída del dictador Ben Ali en el país tras 23 años de ominosa gestión, decenas de jóvenes siguiendo su ejemplo, revueltas populares en Egipto y todo lo que queda por llegar.

Sin embargo, Bouazizi se quemó a lo bonzo para llamar la atención de una situación insostenible y encendió un fuego –siniestra metáfora– que, si no hubiese sido avivado por el resto de personas que viven una situación similar a la suya, su muerte se hubiese quedado en un desgraciado incidente.

Bouazizi también ha conseguido no solo colocar en la primera plana la situación de su país, sino también poner en evidencia el doble rasero que rigen las relaciones de aquellas organizaciones y gobiernos que presumen de ser defensores de la democracia y la libertad. Las buenas relaciones de la Unión Europea, en especial Francia, con el régimen de Ben Ali sacan a la luz las vergüenzas de unos dirigentes que diferencian entre dictaduras buenas y malas según el grado de postración que muestre el líder de turno a los dictámenes e intereses que le llegan desde Occidente. Tampoco hay que olvidar la complicidad de los medios de comunicación. Túnez, Egipto, Indonesia, Birmania… son países que apenas son mencionados en los medios de comunicación a pesar de tratarse de dictaduras. Una mala prensa que sí tienen Venezuela o Bolivia, aunque sus dirigentes gocen de la mayoría del apoyo de sus respectivos países.

Por otra parte, las revueltas tunecinas se han extendido a Egipto, donde la ciudadanía también estaba harta de Hosni Murabak. La hipocresía ha vuelto a aparecer. Ahora resulta que después de más de 30 años de dictadura, Estados Unidos, el país al que más le gusta hablar de democracia, dice que “revisará” su relación con el país de las pirámides. “Revisar”… forma cautelosa de decir que poco va a hacer mientras Murabak le sirva de escudo contra el islamismo radical y siga llevándose bien con Israel.

Y es que, sin duda, lo de Mohamed Bouazizi se va a perpetuar mientras haya monigotes al servicio de los poderosos y nuestros políticos mantengan la hipócrita postura de diferenciar entre dictaduras buenas y malas.

Fuente de la imagen:
http://losdeabajoalaizquierda.blogspot.com/

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