Las calles de la misoginia: desde Egipto a Venezuela

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Mujer caminando por la Plaza de Tahir Fotografía: Andreyna Valera Giménez
Mujer caminando por la Plaza de Tahir
Fotografía: Andreyna Valera Giménez

Durante los últimos meses ha saltado a la palestra el tema del acoso sexual en Egipto, lo difícil que es para las mujeres caminar solas por las calles de El Cairo, los comentarios vejatorios que tienen que soportar, e incluso las ofertas de dinero a cambio de sexo. La mayoría de los medios occidentales han abordado este tema siempre centrándose en el carácter musulmán del país, dando a entender que es la religión que practican lo que provoca que los hombres sientan tan poco respeto por las mujeres.  Al parecer ninguno de esos analistas, articulistas o periodistas en general se ha dado un paseo por las calles de Venezuela, donde los hombres lanzan miradas lascivas a las mujeres desde que apenas entran en la pubertad, y no sólo conformes con eso también se dedican a gritar frases de carácter sexual, muchas veces a niñas que apenas han entrado en la adolescencia.

Entonces, hablemos del acoso sexual en las calles, pero hagamos un ejercicio de honestidad y sinceridad, más allá de las ideas preconcebidas que se tienen del islam y de la creciente islamofobia que se está viviendo en occidente. Es irresponsable asegurar que la principal, o la única, razón del acoso sexual en Egipto es la influencia que el islam tiene en la sociedad, porque para una mujer caminar por las calles de Venezuela, puede ser incluso peor, que caminar por las calles de Egipto, y Venezuela es un país profundamente cristiano.

Soy plenamente consciente de que voy a entrar en un terreno sumamente escabroso, y voy a intentar abordarlo con la mayor objetividad posible, aunque está claro que la objetividad total es sólo una utopía. Antes de llegar a Egipto estaba totalmente asustada, los medios de comunicación invadían mi cabeza con el tema del acoso sexual en las calles de El Cairo, e incluso en algunos casos se hablaba de agresiones sexuales. Todo esto me hizo creer que  no iba a poder caminar libremente por las calles sin recibir cuanto menos alguna mirada incómoda. Pues mi experiencia en El Cairo ha sido totalmente contraria a la idea que me había creando basándome en toda la información que nos llega en este lado del mundo. Me encontré con un pueblo amable, cercano, respetuoso, muy acostumbrado al turismo y que sabe cómo atender a los extranjeros y a  las extranjeras que viajan solas. Caminé sola por las calles, hice la compra, fui a la frutería, tomé taxis sola y crucé la ciudad y jamás sentí alguna mirada más incomoda que la que podría recibir andando, incluso acompañada, en cualquier calle de Venezuela.

Al hablar con mujeres cairotas es obligatorio abordar el tema del acoso sexual, y muchas de ellas me repitieron una y otra vez la misma frase “se ha sobre dimensionado el tema del acoso sexual en El Cairo”. Con esto no digo que no exista – sería irresponsable por mi parte hacer esta aseveración- o que no tenga ninguna importancia, porque existe (sobre todo en los autobuses y metros – si no entras en el vagón de las mujeres-) pero no por eso las occidentales deben dejar de visitar Egipto, no se deben dejar vencer por el miedo y por esas ideas preconcebidas que hemos dado rienda suelta en occidente.

Ahora me parece muy importante compararlo con Venezuela ¿Por qué el mundo entero habla del acoso en Egipto y no del acoso en los países latinoamericanos  (y en este caso voy a hablar de Venezuela)? No quiero pensar que es por la islamofobía que día a día crece más en occidente, más bien quiero creer que es porque Egipto ha madurado socialmente lo suficiente para crear un debate nacional e internacional sobre el acoso, mientras que en Venezuela, ni siquiera se considera una problemática que las niñas caminen por las calles escuchando toda clase de comentarios de carácter sexual. 

Calles de San Felipe - Venezuela. Fotografía: Andreyna Valera Giménez
Calles de San Felipe – Venezuela.
Fotografía: Andreyna Valera Giménez

Al igual que se ha abierto el debate del acoso en las calles de El Cairo me encantaría que se hiciera lo mismo con la situación de las calles venezolanas. Es necesario que se desmonte esa falsa idea de que eso sucede en Egipto “porque son musulmanes y esa religión se presta para que se trate de esa forma a la mujer”, y finalmente nos demos cuenta de que lo que están pasando las mujeres en muchas partes del mundo, la gran mayoría de las veces, no tiene una relación directa con la religión que se práctica en la zona, si no con las costumbres patriarcales profundamente arraigadas durante años en estas sociedades.

Antes de que en Venezuela se pueda abrir este debate es necesario librar ciertas batallas que todavía no se han llevado a cabo. La primera que se debe librar para intentar deshacernos de esta lacra comienza en la cabeza de las propias mujeres, es vital hacerles ver que no es normal ni aceptable permitir miradas irrespetuosas y comentarios ofensivos y de carácter sexual en cualquier calle del país. Es necesario que se deje de justificar esa clase de actitudes, que la sociedad las tache de inaceptables, y bajo ningún concepto aceptarlo como algo gracioso (como le parece a muchas y a muchos, por triste y patético que parezca). Cuando hayamos conquistado esa dura batalla (a mi parecer la más difícil de todas) es que podremos hacerle frente a la problemática del coso; primero exigiendo que las leyes lo castiguen, que un comentario irrespetuoso a una niña de adolescente tenga un castigo real, y así, por simple conductismo, irán aprendiendo a respetar a las mujeres. Segundo haciéndole frente de manera individual cada una de las mujeres, enfrentarnos a esos hombres, demostrarles que las calles no son su coto privado y mucho menos su burdel particular, pero para eso necesitamos cambiar la manera de pensar de muchas venezolanas.

Está claro que un problema tan complejo no puede tener una sola causa (y muchísimo menos una sola solución) y se ha ido acrecentando en estas sociedades durante muchos años por una diversidad de factores y motivos.  Pero comparando estos dos países, uno tradicionalmente cristiano, y otro profundamente musulmán, está claro que no es el islam la causa, o la única causa, de la problemática del acoso en Egipto. Podríamos decir que lo es el pensamiento y las prácticas patriarcales que se han desarrollado en torno, o a partir, de las principales religiones (que en este caso sólo hablamos de dos), pero tenemos que ser lo suficientemente serios para utilizar la misma vara de medir a la hora de hablar del cristianismo y del islam, y al analizar el papel de la mujer en ambas religiones. Me es necesario dejar hasta aquí el tema de las religiones, porque esto no sólo necesitaría un artículo completo, si no una tesis doctoral completa.

El verdadero problema es la sociedad patriarcal en la que seguimos viviendo en la gran mayoría de los países del mundo, donde los hombres se creen superiores a las mujeres, y por eso se sienten libres de gritarles o incluso tocarles en las calles, porque saben que ellas, por otra parte, están acostumbradas a no responder, a caminar rápido y no mirarlos, en lugar de mirarles a la cara, enfrentarse a ellos y exigirles respeto para de esta manera dejarle claro que ellos no son los dueños y señores de las calles, aunque estén acostumbrado a serlos desde que son niños. Es cierto que algunos podrían reaccionar de manera violenta, y eso es lo que muchas mujeres temen, pero esos son los peligros que entrañan cualquier lucha, y ya ha llegado el momento en el que las mujeres deben conquistar estas calles de la misoginia en lugar de agachar la cabeza y acelerar el paso.

Imágenes: Andreyna Valera Giménez

1 Comentario

  1. Excelente articulo para reflexionar. El problema es la cultura y no la religion (que es parte de la cultura)

    El acoso a las mujeres en las calles es propio paises del tercer mundo

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