Las temperaturas podrían aumentar hasta tres grados en 2100

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En la actualidad suelen confundirse los términos “cambio climático” y “calentamiento global”, pero es preciso apuntar que no se trata de conceptos equivalentes. El calentamiento global atiende al aumento de la temperatura superficial, mientras que el cambio climático incluye en su seno al calentamiento global y a otros aspectos sobre los que influye un aumento excesivo de los gases invernadero.

Los científicos y expertos medioambientales sostienen que el cambio climático se puede definir como la modificación del clima con respecto al historial climático global. Asimismo, estos cambios afectan a aspectos como la temperatura, la presión atmosférica, la nubosidad o las precipitaciones. Sin embargo, un sector especializado esgrime que se trata de un efecto natural, y otro considera que la acción humana ha fomentado y agravado su desarrollo.

Para dar explicación a este cambio acelerado, los investigadores señalan que la actividad y el modo de vida del hombre, sobre todo en países desarrollados y ricos, ha incidido de manera significativa en dicha evolución. Las cuestionadas centrales energéticas, el uso del coche o de aviones, junto con los procesos naturales -actividades volcánicas, corrientes oceánicas o movimientos continentales-, son también analizados por los expertos como elementos que, en su conjunto, favorecen el cambio del clima terrestre. 

Asimismo, el excesivo aumento del efecto invernadero es otra de las causas fundamentales en el origen del cambio climático. Este efecto viene dado por la acumulación de gases como el dióxido de carbono (CO2), que ha aumentado su presencia en las capas atmosféricas en los últimos años por los vehículos utilizados por el hombre y las energías del hogar; el metano (CH4), por el tratamiento de residuos en los vertederos; o el óxido nitroso (N20), que se utiliza para fabricar fluorescentes, incandescentes e, incluso, como propelente de aerosoles.

Para el año 2100 se prevé un aumento de las temperaturas comprendido entre uno y 3,5 centígrados. A simple vista parece ser un aumento leve e insignificante, pero podría incluir transformaciones que afectasen a las distintas regiones del planeta y, sobre todo, ese incremento sería perjudicial para la salud del hombre y la supervivencia de las ricas especies que viven en la Tierra. Por ejemplo, áreas desérticas como África y Oriente Medio serán más cálidas y menos húmedas de lo que son a día de hoy; casi la mitad de los glaciares se fundirán, provocando la desaparición de muchas islas y zonas costeras; las precipitaciones aumentarán entre un tres y un quince por ciento…

Las medidas llevadas a cabo por los distintos organismos se centran principalmente en impulsar ideas que consigan reducir la emisión de gases con efecto invernadero, a fin de que la concentración existente y favorable en la atmósfera no siga en aumento. También se han desarrollado campañas para fomentar el aumento de las superficies forestales, las cuales actúan como sumideros de dióxido de carbono.

En 1997, la ciudad de Kioto (Japón) acogió el primer compromiso internacional para frenar el cambio climático. La finalidad de este proyecto es reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero, pero para que tuviese validez y fuese eficaz debía estar ratificado por 55 países que sumen, por lo menos, el 55 por ciento de todas las emisiones.

Sin embargo, el primer obstáculo se presentó cuando Estados Unidos se negó a firmar el proyecto. En  2005, Rusia aceptó las reglas impuestas por el protocolo, siendo 125 a día de hoy los países que han ratificado su apoyo en la lucha contra el cambio climático. Además, España acordó reducir sus emisiones en un quince, aunque hasta el momento no se ha alcanzado dicho objetivo.

 Imágenes: Chadoboy

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