Las primeras (y últimas) palabras de David Foster Wallace

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El pasado 21 de enero se publicó la primera novela del autor americano, cuya traducción ha sido la última en llegar a España: La escoba del sistema. Este libro sentó las bases del estilo de La broma infinita, obra que le daría la fama.

laescobadelsistemaCorría el año 1987 cuando David Foster Wallace publicó su primera novela, La escoba del sistema, que ha llegado ya a nuestras librerías (por fin) traducida al español gracias a José Luis Amores, y a la editorial, Pálido Fuego. Tras la publicación de ésta y de su brillante segunda novela, La broma infinita (en la que notamos el germen de su predecesora), Foster Wallace logró hacerse un hueco dentro de los círculos literarios, convirtiéndose en un autor y columnista de culto (trabajó para diarios tan prestigiosos como Harper’s Bazaar, Rolling Stone o el New York Times).

La obra del americano se caracteriza por realizar un ácido retrato de la sociedad posmoderna, como un análisis de la relación entre los seres humanos tras el impacto de la tecnología en ésta. Sin embargo, y a pesar de evidenciar este desapego de una generación entera con el modo de vida americano, consigue hacerlo de una manera fresca, divertida y bizarra.

Precisamente con esos términos podríamos calificar a la protagonista de La escoba del sistema, Lenore Beadsman. A lo largo de sus 521 páginas, Foster Wallace nos presenta a una joven operadora telefónica que lucha para no ser absorbida por el mundo que la rodea: su cacatúa, llamada Vlad el Empalador, su novio y a la vez jefe, Rick Vigorous (y las impagables y perturbadoras historias de éste), su padre, su psicoanalista y el hecho de que su bisabuela ha desaparecido de su residencia junto con otras veinticinco personas, entre otras cosas.

Y es aquí, en medio de este caos, donde destaca el papel de la genial Lenore, quien recibe órdenes e instrucciones por todas partes y rehúsa hacer caso u obedecer, reafirmándose en su idea del ‘yo’ y la construcción de su propia libertad, independencia y decisiones, para crear su propia forma de ser alejada de elementos externos: algo siempre presente en la literatura de David Foster Wallace.

En cuanto a cuestiones estilísticas, la novela emplea múltiples recursos narrativos y destila extravagancia, algo que la traducción no pierde, pues es capaz de transmitir la misma ironía y sarcasmo en español sin perder un ápice del carácter del escritor y mantiene, así, siempre un trasfondo amargo. Sin embargo, para todos aquellos lectores no asiduos a la literatura del americano, la lectura se podría hacer demasiado pesada, especialmente a lo largo de las estrambóticas, largas y claustrofóbicas escenas. Y es que, en esos momentos, aun teniendo su sello de distinción, Foster Wallace no había alcanzado a plasmar su toque personal sobre el papel, tratándose de su primera obra.

En definitiva, a pesar de tratarse de su ópera prima, La escoba del sistema sigue ofreciéndonos la diferente visión de Foster Wallace sobre el mundo, una perspectiva inteligente y emocional, que, tras su muerte, desgraciadamente no volveremos a encontrar. El País ha publicado un fragmento de la novela que podéis leer aquí. También podréis asistir a la presentación del libro de la mano de Mercedes Cebrián el próximo jueves 31 de enero a las 19:30 h. en la librería La Central de Callao (Postigo de San Martín, 8)