Las posibilidades del amante

0
293
L'amant0
Fuente: Teatre Barcelona

Harold Pinter no necesita presentación. Es, indiscutiblemente, uno de los mejores dramaturgos del último siglo, uno de los maestros de la dramaturgia contemporánea, de los que cambian la forma de escribir y de entender la literatura dramática. Sus textos no suelen ser sencillos de abordar y escenificar, ya que su dramaturgia está plagada de silencios rebosantes de significado. Sus obras no buscan la complacencia del espectador, sino que juega con mecanismos de omisión de información, con la alteridad, con la ficción y la realidad.

El amante, escrita en 1962, es una pieza breve que no se inserta en ninguna de sus líneas más políticas o de teatro de la memoria, por lo que la hace más asequible al público general y tal vez por eso sea de sus títulos más célebres. Es una obra aparentemente sencilla y atractiva, para dos actores (y una intervención mínima de un tercero). Pero sólo aparentemente, ya que en Pinter todo es atractivo, pero nada es tan sencillo como pudiera parecer.

La obra nos presenta a un matrimonio que sobrevive a su rutina cotidiana gracias a la incursión consentida de un amante para cada cónyuge. En el caso de ella, siempre el mismo hombre; a él, en cambio, parece que le funcionan mejor las prostitutas. Cada mañana, cuando el marido se va al trabajo a la gran ciudad, le pregunta a su mujer si ese día va a ir a visitarla su amante, en cuyo caso regresará más tarde a casa para no estorbarles. Desde ese punto de partida, Pinter extiende sus recursos magistrales para crear una historia en la que nada es lo que parece, en la que los límites son flexibles y explorables, en la que no se sabe qué es real, qué sólo un juego, dónde está la línea divisoria entre las personalidades impostadas de los protagonistas.

La propuesta escénica que puede verse durante este mes de mayo en el Teatre Akadèmia de Barcelona va firmada por Guido Torlonia y nos presenta una lectura particular de la pieza del Nobel, subrayando el lado cómico y dando al matrimonio protagonista, en especial a la mujer, un aire un tanto superficial. Torlonia deja patente la animalidad salvaje que subyace en la pareja, como marcan los insistentes tambores que se usan reiterativamente en cada oscuro entre escenas, y a la vez la limitada libertad de que disponen en su matrimonio, en el que no dejan de vivir como en una jaula de oro. Ese diseño escenográfico es de lo más atractivo y llamativo de la pieza, igual que el resto de elementos de atrezo, y el diseño de vestuario, con los tonos perfectamente medidos en cada ocasión, obra ambos de Ricard Prat i Coll.

Pep Planas y Alícia González Laá interpretan a la adúltera pareja, con convicción por parte del actor, pero, en el caso de ella, parece que la elección del director no le juega a favor y su interpretación resulta difícil de creer en algunos momentos, a pesar de lo bien ejecutados que están los cambios de roles por parte de los dos actores. También su distribución por el espacio escénico está dirigida con acierto, sobre todo en los movimientos casi coreográficos de las escenas erótico-amorosas y toda la serie de posiciones que luego se repetirán a medida que se acerca el desenlace.

El amante se presta a múltiples propuestas precisamente por la riqueza de su texto, de lo dicho y de lo no dicho, y da la posibilidad de jugar con el espectador que sale del teatro, a su vez, con varias posibles lecturas de la historia. Por ello, siempre vale la pena ver en escena el teatro de Harold Pinter y la particularidad de cada montaje, ya que, tratándose de él, no puede haber dos iguales.

L'amant2
Fuente: Teatre Akadèmia

Dejar respuesta