Las otras parejas de cine

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El celuloide no sólo ha vivido del romance que transmitieron durante años parejas idílicas como Lauren Bacall y Humphrey Bogart o Katherine Hepburn y Cary Grant. A lo largo del tiempo la industria cinematográfica nos ha permitido ver un tipo de contraestereotipo muy distinto al del dúo romántico y cómplice al que más estamos acostumbrados, donde las drogas, el sexo y la degradación son en buena medida los protagonistas.

Aunque pasar de Lauren Bacall a Courtney Love seguramente sea un salto demasiado atrevido, la viuda de Kurt Cobain ha encarnado a la perfección el papel femenino de las otras parejas de cine. Este honor se lo ganó especialmente en Sid y Nancy, donde interpreta a la prostituta politoxicómana que ahondó en la decadencia de Sid Vicious, bajista de los Sex Pistols, y cuyo trágico final les llevó juntos al camposanto también en la gran pantalla. La otra película donde ha forjado este tipo de representación fue una década más tarde en El escándalo de Larry Flynt, también basada en hechos biográficos y en la que Love hace de compañera sentimental del dueño de la transgresora revista Hustler, ambos aficionados a más de una sustancia que posteriormente daría al traste con su vida.

Por escabroso que sea, éste es el tipo de parejas del que hablamos hoy. Son la antítesis de la cara apasionada y romántica que Hollywood ha mostrado históricamente del amor. Si en esos casos se transmitía ternura, delicadeza y goce; aquí terminas la película deseando devolver la película al cajón de donde la sacaste. El cine hace bien en mostrarnos también este lado amargo de las relaciones porque, simplemente, también ocurren y al final está en nuestra mano elegir si las vemos o las dejamos pasar. La tónica general es que la historia intente desangrar lo más posible a los personajes que la interpretan para que el tono dramático sea mayor, como en Leaving Las Vegas con Nicolas Cage planeando matarse bebiendo en unas pocas semanas y arrastrando consigo a atractiva meretriz a la que paga para que le acompañe hasta el final. Así pues, no sólo la abundancia de drogas es el leitmotiv en este tipo de largometrajes, a veces sólo basta con el alcohol, y quizás el mejor ejemplo (o al menos uno de los más cuidados) sea Días de vino y rosas, donde una vez más la chica acompaña a su compañero, el gran Jack Lemmon, en el deporte de quebrar la salud.

En España también se han hecho películas alrededor de los estupefacientes, siendo una de las más célebres Arrebato de Iván Zulueta. Aunque quizás al gran público de nuestra generación le suene más Báilame el agua, donde Unax Ugalde y Pilar López de Ayala dan vida a una joven pareja que pasan de ser entrañables a buscarse las castañas en los bajos fondos.

Podríamos hablar de muchos más ejemplos donde la prostitución, las drogas y la mala vida en general se combinan para mostrarnos una cara diferente y desagradable de las relaciones amorosas: Two Lovers, Blow, Amor a quemarropa o, más recientemente Biutiful de González de Iñárrritu son sólo algunos ejemplos más de una lista que podríamos no acabar nunca. A mi personalmente este tipo de películas me dejan un notable mal sabor de boca, pero después de tantos sinsabores ya me tocaba escribir este artículo.

Fuentes de las imágenes:
http://extracine.com/files/2009/09/bacall-bogart.jpg
http://26.media.tumblr.com/tumblr_lhlwquVTOB1qae8mlo1_500.jpg
http://www.inventodeldemonio.es/wp-content/uploads/2011/01/Leaving-Las-Vegas_l.jpg

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