Las mujeres y el agua visten de triunfo a la delegación española

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Londres 2012 no estaba generando noticias agradables para el olimpismo español. Los primeros diez días de competición habían dejado solo tres medallas, un sinfín de errores desgraciados y la reaparición de los discursos pesimistas. La jornada del martes 7 de agosto cambió el panorama: tres medallas, una de oro y dos de plata, más la final de waterpolo y la semifinal de balonmano, ambas en categoría femenina, llenan de optimismo la recta final de los Juegos para España.

Ona Carbonell y Andrea Fuentes, imperiales en la sincronizada

Poco más de tres horas, las que discurrieron entre las 14.30 y las 17.30, vieron más éxitos para el deporte español que todos los días previos. En ese intervalo, la delegación española vio a Javier Gómez Noya ganar una plata impresionante en triatlón frente al poderío de los locales hermanos Alistair y Jonathan Brownlee, a la windsurfista Marina Alabau certificar un oro olímpico en la última y definitiva regata, y al dúo de natación sincronizada, huérfano de la gran Gemma Mengual, superar a China y hacerse con la presea de plata.

Este rato de la sobremesa ubicaba a España en un lugar digno en el medallero, más acorde con el talento que se le supone a un deporte que vive un gran momento histórico. Completaron el día de gloria la victoria del combinado femenino de balonmano frente a Croacia (25-22), que lo deja en semifinales y a un paso de las medallas, y el triunfo sobre Hungría en waterpolo (10-9), que garantiza otra medalla cuyo color, oro o plata, habrá que dirimir contra Estados Unidos el próximo jueves.

Las siete medallas conseguidas por España (seis ya recibidas y una de ellas, la de waterpolo, virtual), tienen dos denominadores comunes: el agua y la participación estelar de las deportistas españolas. El deporte de elite español, el mediático y de masivo seguimiento que acostumbra a asegurar, con una continuidad deliciosa, éxitos domingo tras domingo, no suele mostrar ninguna de estas dos características. La mayoría de estrellas españolas son hombres y las competiciones predilectas que garantizan triunfos no se celebran, salvo raras excepciones, en agua.

Pero la natación, incluyendo la sincronizada, el piragüismo en aguas bravas, a la espera del comienzo de las finales en aguas tranquilas, el triatlón y la vela, son las disciplinas que están repartiendo los premios para la delegación española. El sistema de becas ADO que aún hoy funciona con criterios similares a los de hace veinte años, cuando sirvió de pilar para el salto de calidad en el deporte español, tiende a disminuir en cuantía, amén del previsible recorte en los presupuestos de las federaciones ante la huida de sus patrocinadores públicos y privados. La fórmula del futuro pasará por tanto, por hacer más (o lo mismo) con menos. Y a falta de cinco días para que terminen los Juegos, los deportes de agua se consolidan como una opción de futuro en la que seguir invirtiendo y concentrando los cada vez más escasos recursos. En Londres estas disciplinas han dado medallas y diplomas, marcas y récords nacionales.

Respecto a la desigualdad en los triunfos entre hombres y mujeres, cabe señalar el renacimiento del éxito en el deporte femenino después de años de ir algunos pasos por detrás del masculino. Las chicas han ganado seis de las siete medallas conseguidas hasta ahora, un porcentaje incuestionable. Sin embargo, garantizar el futuro del deporte femenino en España pasa por el necesario profesionalismo (de momento quimérico) y por evitar la desaparición de competiciones y clubes. La brecha respecto al ámbito masculino en cuanto a estructuras organizativas es muy desfavorable para las chicas, de ahí que la gloria olímpica que están ofreciendo tenga mayor valor. Estas chicas (españolas) son guerreras.

Fotografía: RFEN

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