Las microempresas, el camino hacia la igualdad

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La discriminación que sufren las mujeres en el ámbito laboral y social sigue ampliando la brecha de la desigualdad, al tiempo que la reforma laboral y los recortes sociales afectan en mayor medida a las féminas. Sin embargo, cada vez más mujeres deciden hacer frente a la crisis y se arriesgan a crear microempresas, impulsadas por la motivación de lograr una mayor flexibilidad para conciliar la vida laboral y familiar. Desde 2008, más del treinta por ciento de las microempresas españolas han sido puestas en marcha por mujeres.

La difícil situación política y económica que está sufriendo Europa aumenta la disparidad de oportunidades entre ambos sexos. En España, a pesar de que el 65 por ciento de los licenciados son mujeres, éstas sólo representan el 45 por ciento del mercado laboral y menos del diez por ciento de los directores generales, presidentes de compañías y consejeros delegados. La discriminación sexual en los altos cargos de las empresas sigue siendo la principal barrera que impide que la sociedad goce de una igualdad y una democracia reales.

La mujer, además, sufre discriminación en la remuneración laboral. Desde 1950, Europa ha pretendido, mediante numerosas legislaciones, igualar el salario entre hombres y mujeres; sin embargo, es evidente que las propuestas no han sido suficientes. Según un informe de la Oficina de Estadística Comunitaria (Eurostat), las mujeres cobran, de media, un 17,5 por cierto menos que sus compañeros por el mismo trabajo. Y eso por no hablar del salario medio anual de los hombres, que supera en un 42 por ciento al de las mujeres, mientras que la pensión media lo hace en un 32 por ciento. Es evidente que, para limar estas diferencias abismales, resulta necesario un gran esfuerzo social favorecido por un clima de igualdad entre hombres y mujeres, así como una mayor transparencia en la burocracia laboral.

Sin embargo, el nuevo Gobierno, lejos de impulsar medidas para hacer efectiva esta demanda de igualdad, restringe aún más los derechos del Estado de Bienestar. Y es que la reforma de 2012 acentuará aún más la tendencia de las mujeres a la precariedad. Asimismo, hay que tener en cuenta que, una vez en el paro, ellas acceden menos al subsidio, porque trabajan en condiciones más precarias. María Ángeles Durán, profesora investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas, explica que “las mujeres afrontan mejor el hecho de quedarse sin empleo si tienen un flotador económico en la pareja”. En cambio, los varones llevan peor esa misma situación, porque la cultura imperante les hace sentirse fracasados. Son ellas las que siguen ocupando gran parte de su tiempo en el ámbito del hogar, dedicando de media unas 4,5 horas diarias, más del doble que los varones.

El panorama actual presagia una involución global en cuanto a los derechos de las féminas. No hay más que pensar en la modificación de la ley del aborto o en las dificultades para compatibilizar la vida profesional y familiar que presenta la nueva reforma laboral. La flexibilidad de jornada para los empresarios o el apoyo del trabajo a tiempo parcial ahondarán aún más en las diferencias.

Pese a las circunstancias, muchas mujeres han sabido hacer frente a la situación y buscarse un hueco adaptado a ellas en el mercado laboral. Según un estudio de la Universidad Oberta de Catalunya, el autoempleo constituye la opción preferida de las mujeres que pretenden combatir la desigualdad. Desde hace cuatro años, un 31 por ciento de las nuevas microempresas pertenece a mujeres, las cuales han sabido aprovechar la oportunidad motivadas por la necesidad de conseguir mejores condiciones y mayor flexibilidad laboral. Además, no se puede obviar que, de media, las mujeres están académicamente más preparadas que los hombres, así que la formación y las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías favorecen en gran medida este despegue laboral femenino.

Fotografía: Daniel Torrejón

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