Las maquilas, un paso atrás en la historia

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Las zonas francas surgían en Latinoamérica en la década de los 60. Desde entonces se han ido extendiendo y han causado daños irreversibles en las trabajadoras de estas fábricas. En los países del Sur miles de mujeres salen de sus hogares para acudir a sus empleos. Sus puestos de trabajo se caracterizan por la mala ventilación y la falta de higiene. Carecen de elementos de seguridad como mascaras y guantes.

El objetivo es producir lo máximo posible al menor coste. Las jornadas laborales son agotadoras y el trabajo es repetitivo y monótono. A cambio tan solo obtienen el salario mínimo para no morir de hambre y malos tratos por parte de sus jefes, cuyo fin es aumentar sus rendimientos. Cuando vuelven a casa se hacen cargo de sus hijos y de las tareas del hogar. Sus vidas transcurren al borde de la mera subsistencia. Se trata del día a día de las mujeres que trabajan en las maquilas, zonas francas o áreas industriales que han creado los gobiernos del Sur. Estos ofrecen privilegios económicos (no pagar impuestos, eliminación de aranceles y cuotas sobre las prendas etc.) con la excusa de que contribuyen al aumento económico del país.

La mayoría de estas fábricas son multinacionales textiles. En ellas más del 90% son mujeres jóvenes, sin experiencia y con poca formación sobre sus derechos laborales. En muchos casos provienen de zonas rurales. Las empresas las contratan porque reciben un sueldo mas bajo que los hombres. Las prefieren solteras y sin hijos porque las pueden presionar para que trabajen mas horas. Realizan tareas simples y fragmentadas fabricando productos para la exportación. Producen con maquinaria que procede del Norte y los vuelven a enviar a los países ricos. Por ello, se mantienen las etiquetas “made in Usa”, “made in France”…, aunque se haya confeccionado en México, Guatemala etc.

María Peco, licenciada en psicología, afirma que “las mujeres que trabajan en cadena y realizan tareas repetitivas durante muchas horas seguidas, se ven abocadas a sufrir tics y trastornos obsesivos compulsivos. Al salir del trabajo, inconscientemente, siguen practicando los mismos movimientos que cuando están en sus empleos”. Otro factor ocasionado por el trabajo es el estrés y las enfermedades. El 60% de estas mujeres sufren dolores de la espalda, el 22% de nuca y hombros, y el 18% de manos y muñecas. “Es muy posible que en muchas de ellas se desarrollen enfermedades como la artrosis o del túnel carpiano, propiciándolas un dolor constante que le impide trabajar. Aun así, siguen con su trabajo porque es un medio que precisan para sobrevivir”, matiza la doctora Peco.

La disciplina laboral que soportan estas mujeres es muy dura. Se castiga con multa a quien abandone su puesto, silbe o hable. Si caen enfermas tienen que poner a una sustituta y ese día no cobran. Producen durante más de 16 horas con horarios extras obligatorios y sin cobrar por ellos. Del mismo modo, trabajan sin protección, carecen de atención médica y padecen daños irreversibles de salud. Por ejemplo, en los últimos meses más de 40 mujeres trabajadoras de maquilas han muerto debido a la silicosis, una enfermedad pulmonar que se contrae a causa del proceso para desteñir vaqueros.

El arma más poderosa que utilizan los empresarios para mantener esta situación, es la violencia que ejercen sobre las mujeres. Esta situación es posible debido al alto índice de desempleo nacional. Las mujeres tienen mas esperanza de vida que los hombres, caen en la viudedad, pasan grandes dificultades económicas, y carecen de ingresos propios. En consecuencia, entran en el mercado laboral con trabajos precarios y en pésimas condiciones. Todo ello denota que estas mujeres son consideradas objetos de utilización común. No se les recompensa su trabajo, lo que no favorece a su autonomía. Acusa de ello, son constantes las denuncias por parte de todos aquellos que se niegan a explotar a las mujeres.

La reacción de los empresarios es la reubicación de estas fábricas en otros países y el desplazamiento del trabajo a los hogares. Para cambiar esta situación es necesario que se den cambios en la estructura de estos países y llegar a un modelo de producción donde exista un protocolo de trabajo con un empleo y una renta digna.

Fuentes de texto:
Propias
http://www.edualter.org/material/consumo/maquilas.htm
Foto de imagen:
http://contraimpunidad.blogspot.com/2009/06/guatemala-maquilas-fabricas-de-esclavas.html

2 Comentarios

  1. ¿Y dónde están los Derechos Humanos?

    ¡Ah!, se me olvidaba que normalmente se reservan para ocasiones más vistosas.

    Es una vergüenza que a estas alturas todavía exista este tipo de explotación y que los gobiernos, en vez de prohibir esta actitud a las empresas, las ayude quitándoles impuestos y aranceles. Espero que tu artículo sirva para que la gente conozca lo que está sucediendo y que poco a poco se pueda hacer algo.

    Un saludo.

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