Las Islas Senkaku: la Helena de Troya del siglo XXI

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La compra el año pasado de tres de los cinco islotes que forman el archipiélago pacífico por parte del Gobierno nipón aumentó la tensión existente entre este país y China en una disputa que dura ya más de tres décadas y que amenaza una relación comercial de 345.000 millones de dólares vital para ambos.

mapa japonés de 1785 de las islas Senkaku. Extraído de Wikipedia. Creative CommonsLa diosa Afrodita le prometió a Paris el amor de la mujer más hermosa. Helena era esa mujer, pero estaba casada con Menelao. Sin embargo, eso no detuvo al príncipe troyano, desencadenando una guerra que destruiría su ciudad y mataría a su hermano. Las islas Senkaku no son las islas más bellas del Pacífico, pese a ser ricas en recursos naturales y minerales. Son, de hecho, cinco islotes deshabitados de origen volcánico. Pero ni a China y a Japón le importa. Ambos reclaman su soberanía, apelando bien a la historia, bien a la realidad legal actual.  

Eran tiempos de la dinastía Ming en China. Exactamente 1532. El entonces gobernador manda a un enviado especial a Ryukyu, actualmente territorio japonés. Durante la travesía, un fuerte viento del sur cambió el rumbo inicial del barco. Este suceso permitió el primer registro de las islas Senkaku o Diaoyu, nombre chino de las mismas. Desde entonces fueron administradas por la defensa costera nacional.

En 1890 el control oficial pasó a manos de Japón. Pero sólo hasta 1945. Tras el fin de la II Guerra Mundial, Estados Unidos obtuvo el dominio de las islas. Su ocupación duraría 27 años. Durante ese tiempo tanto China como Japón reclamaron sus derechos sobre el archipiélago ante el Consejo de Seguridad. Finalmente, en 1972, el gobierno estadounidense transfirió sus facultades administrativas a Japón. Y no sólo eso. Las islas quedaron incluidas dentro del Tratado de Seguridad bilateral entre EE.UU. y Japón. Es decir, en pos de la defensa de las islas, el gobierno americano podría verse obligado a apoyar militarmente a Japón. Y todo eso pese a que Estados Unidos no tiene una “postura oficial” en el conflicto. No obstante, las declaraciones en 2006 del embajador de Estados Unidos en Japón, Thomas Schieffer, lo dejaron claro. Para el “Tío Sam” las islas son “territorio de Japón”.

Wen Jiabao, primer ministro chino. Extraída de Wikipedia. Creative CommonsPese al apoyo exterior de Japón, el primer ministro chino, Wen Jibao, aseguró que Pekín no va a hacer “absolutamente ninguna concesión”. Y es que, gobierno y población consideran el archipiélago “parte inalienable del territorio chino”. Por ello, los barcos chinos han seguido pescando en aguas próximas a las islas Senkaku. Una acción que ha dado lugar a algunos problemas. En septiembre de 2010 tuvo lugar uno de los más destacados. Un barco pesquero chino fue obligado por la Guardia Costera japonesa a abandonar la zona. El pesquero se negó. Para mostrar su desacuerdo provocó el choque con las dos lanchas patrulleras. Inmediatamente los marineros japoneses arrestaron al capitán. La respuesta del Gobierno chino no se hizo esperar. Jiabao amenazó con emprender acciones si no se procedía a una liberación inmediata del detenido. El 22 de septiembre, Japón accedió pero sin pedir ninguna disculpa, como demandaba China.

Pero, el avivador de la llama fue la compra de Japón en 2012 de tres de las cinco islas. 20,5 millones de euros que convirtieron al Gobierno nipón en algo más que el controlador administrativo del archipiélago. Un movimiento que fue visto por los chinos como una apropiación ilegal. Y como Menelao tras el rapto de Helena, tomaron acción inmediata. Según la agencia oficial china Xinhua, el Servicio de Guardacostas estableció un plan de acción. La primera medida del plan fue el envío de dos patrulleros a aguas próximas a las islas. El objetivo: garantizar la soberanía china en las Senkaku.

La tensión también ha llegado a la calle. Numerosas protestas se han sucedido en ambos países desde 1970. Sin embargo, las de mayor tensión se han producido en la última década. Más, tras el anuncio de compra de Japón. Por un lado, la protesta de un grupo de activistas en pro de las demandas chinas. La muestra de apoyo acabó con su detención y posterior deportación por parte de las autoridades japonesas. Por otro, los disturbios en fábricas y empresas niponas con sede en China. La violencia llevó a Pananosic, Honda y Toyota, entre otras, a paralizar su actividad. Y este es uno de los principales riesgo de la disputa. Según los expertos, el conflicto amenaza la economía de ambos países, con históricas relaciones comerciales. Japón es el segundo socio comercial de China, tras Estados Unidos. China es el primero de Japón. De hecho, sólo en 2011, el comercio entre China y Japón movió 345.000 millones de dólares. Una cantidad de dinero vital en un momento en el que el crecimiento económico de ambas potencias se ha visto reducido. Así lo reconoció el propio portavoz del Gobierno chino. Shen Danyang dijo que la disputa entre las dos potencias asiáticas había tenido un “definitivo” impacto negativo en el comercio de su país. Aunque, sería el país nipón el que tendría que hacer frente a las peores consecuencias. “La economía de Japón sufriría más si China decidiera imponer sanciones contra el país que al revés”, escribió el analista Jin Baisong en el diario China Daily.

Protesta en pro de las demandas chinas sobre las islas Senkaku. Extraída de http://palamar4uk.livejournal.com. Creative Commons

La última decisión unilateral del Gobierno chino de ampliar su área de defensa aérea ha complicado más las cosas. La nueva zona, que incluye las disputadas islas Senkaku, ha llevado a Estados Unidos a intervenir. Sin embargo, su intento de mediación ha sido en vano. Su propuesta de avisar a China de los vuelos en la nueva zona ha sido rechazada por Japón. El país nipón se niega a que sus aerolíneas no puedan sobrevolar el ese espacio aéreo de forma libre. Esta situación aleja el fin de un conflicto cuya duración ya triplica la de la épica batalla de La Iliada.  Y además, aumenta las posibilidades de una contienda militar que, en palabras del ex secretario general de Naciones Unidas, Sha Zukang, “sería peor que la II Guerra Mundial”.

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