Las heridas que desangran el continente africano

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El pasado martes se celebró la mesa redonda “Mujeres africanas que construyen la paz” en el Real Instituto Elcano, donde se contó con la presencia de mujeres activistas por los derechos de las mujeres y expertas en materia de paz y seguridad. Mujeres como Oumou Sall-Seck, alcaldesa de la ciudad de Goundam, en Mali, y participante en las conversaciones de paz de Argel; Hibaaq Osman, presidenta de la asociación egipcia Karama en favor de los derechos de las mujeres; Nicole Ndongala, coordinadora y mediadora intercultural del Centro de Formación de la Mujer en Karibu o Caddy Adzuba, Premio Príncipe de Asturias de la concordia 2014. Todas ellas se hicieron eco del sufrimiento de las mujeres en el continente africano, relatando las historias de mujeres que han logrado salir adelante a pesar de sus traumáticas vivencias.

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…………………………..Encuentro “Mujeres africanas que construyen la paz”/Andreyna Valera

Fue Caddy Adzuba quien comenzó compartiendo la historia de una joven de la República Democrática del Congo que representa con su vida la historia de un país y de cómo a pesar de todo ese sufrimiento se puede salir adelante. Para comenzar esta historia tenemos que ubicarnos en el Congo de 1996, año en el que empezaría una cruenta guerra que se saldaría con miles de víctimas a causa de la violencia sexual. Es la historia de Mogoli, palabra que significa “reina” en uno de los dialectos congoleños. En 1996 Mogoli apenas tenía 17 años, había decidido irse a estudiar a la universidad de la capital del país. Como sabía que iba a estar ausente durante los cinco años de carrera, el 3 de octubre de 1996, Mogoli decide pasar algunos meses en casa de su abuela antes de irse a la universidad. Un día, estando allí junto a su familia, escucharon repentinamente gritos y ruidos que venían de fuera de la casa y parecían disparos. Mogoli desconocía quiénes eran y sus familiares le explicaron que eran los rebeldes. Había empezado la guerra.

Inmediatamente empezó a llamar a su abuela para poder intentar huir del poblado y ponerse a salvo. A pesar de su insistencia, la abuela no respondía sus llamadas, así que acudió rápidamente a su habitación, donde la econtró muerta en su cama, había sido alcanzada por una bala mientras dormía. En ese momento los rebeldes tocaron la puerta de su casa y al no recibir contestación entraron por la fuerza. Al primero que encontraron fue a su tío, quien intentaba protegerlas a Mogoli y a su tía. Los rebeldes le exigieron que abusara sexualmente de su sobrina pero él se negó. Tal y como nos cuenta la galardonada con el premio Príncipe de Asturias de la concordia, en el Congo tocar a tu sobrina o a cualquier familiar es considerado una gran aberración. Ante su negativa los rebeldes amenazaron con matarle si no lo hacía, él prefirió morir  antes de hacer tal cosa, y así, de inmediato, le dispararon en la cabeza.

Los rebeldes empezaron por la pequeña joven, quien tan solo unos días antes soñaba con ir a la universidad. Abusaron sexualmente de ella con sus fusiles y después introdujeron dentro de su sexo diversos objetos cortantes, mientras su tía era testigo de toda esta barbarie. Una vez hubieron terminado como Mogoli hicieron lo mismo con su tía, a quien introdujeron dentro de su vagina una especie de pelota con objetos punzantes incrustados. Desesperadas les pidieron que las mataran. Por desgracia en esta clase de conflictos las mujeres no cuentan con ese “privilegio”, y así se convierten en el blanco de toda clase de abusos, añade Adzuba.

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Encuentro “Mujeres africanas que construyen la paz”/Andreyna Valera

Cuando terminaron, los rebeldes decidieron llevárselas consigo, ambas salieron caminando de casa con esos objetos dentro. Mogoli ya no tenía fuerzas para seguir caminando y se desplomó en el suelo. Sus torturadores pensaron que estaba muerta, y no conformes con esto realizaron diversos cortes en todo su cuerpo y la dejaron tirada en la selva. A pesar de esto sobrevivió, unas mujeres de una aldea cercana la encontraron y cuidaron de ella con todo lo que tenían disponible. Pasados unos meses esta aldea también fue atacada por los rebeldes, una vez más la capturaron y esta vez se quedó embarazada. Estuvo bajo la tiranía de los rebeldes hasta que el ejército regular logró controlar la zona y pudieron liberarla, pero su pesadilla no acababa aquí: poco después fue capturada de nuevo por otro grupo rebelde.

Aunque parezca increíble Mogoli logró sobreponerse ante tanto sufrimiento, ahora tiene 30 años y siete hijos, todos fruto de violaciones, no sólo por parte de un solo hombre sino de un grupo, por esta razón no sabe quiénes son sus padres. Ocho años después de haber contado esta historia, Mogoli acudió a Adzuba para decirle que finalmente se sentía curada, y que quería ayudar con su experiencia y su testimonio a conseguir la paz.

Por desgracia no todas las historias terminan de esta manera, con una mujer que sale fortalecida tras haber experimentado tal sufrimiento y que se siente dispuesta y capaz de ayudar a otras mujeres. En este punto Adzuba contó la historia de otra mujer que,  como tantas otras, no pudo seguir adelante. Casi siempre todo empieza de la misma manera: un grupo rebelde sembrando el pánico en una aldea, matando a los hombres y llevándose consigo a las mujeres y niños, ya sea para esclavizarlas sexualmente o de cualquier otra manera. Éste fue el caso de esta otra mujer, quien fue capturada por los rebeldes junto a sus hijos. Al llegar al campamento rebelde decidieron atarla a un árbol y usaron su cuerpo para apagar cigarrillos durante semanas, se aseguraban de alimentarla y de darle de beber para poder torturarla durante más tiempo. Un día, ya desesperada, preguntó por sus hijos, a lo que los rebeldes respondieron que ellos no se encargaban de cuidarlos y que lo que había estado comiendo durante días había sido la carne de sus propios hijos, al verla incrédula ante tanta crueldad los rebeldes le mostraron las calaveras de sus niños. A partir de ese día esta mujer perdió la cabeza, y en poco tiempo esa locura terminó acabando con su vida. Su historia es la prueba del ensañamiento que sufren las mujeres durante la guerra. Su cuerpo es objetificado a tal punto que ni los abusos sexuales son suficientes para sus torturadores, ven el cuerpo de la mujer como un objeto que les pertenece y con el que pueden hacer lo que quieran.

Esta es la realidad de millones de mujeres que terminan atrapadas en medio de estas guerras sin sentido que asolan el continente africano. Podemos pensar que este relato cuenta detalles terribles que podrían ser obviados a la hora de hablar de la situación de las mujeres, pero es necesario contar estas historias tal y como son, para poder hacernos una pequeña idea de lo que sufren y han sufrido tantísimas mujeres durante la historia. Aún así tan solo podremos hacernos una pequeña idea, porque desde la comodidad de nuestra casa en occidente jamás nos podemos imaginar el dolor, el miedo y la vergüenza que experimentan y sufren todas estas mujeres.

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