Las heces más caras del mundo

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Miles de civetas asiáticas son explotadas en cautividad con el fin de sustraer sus heces tras haber ingerido bayas de café. Una vez tostadas se convierte en el café más caro del mundo llegando a rondar los 400 euros el kilo.

Civeta
Civeta

En libertad, estos animales comerían granos de café de forma esporádica siendo su alimento más común las frutas y diferentes semillas. En cautividad las civetas llegan a consumir en un mes lo que comerían en todo un año. «Como resultado de tal dieta, los animales desarrollan deficiencias nutricionales y pierden parte de su pelaje, además de ser más proclives a sufrir enfermedades», afirma Ashley Fruno, activista de PETA (Gente para el tratamiento ético de los animales). Las civetas digieren en un día una media de tan solo 25 granos, por ello alcanza precios tan altos.

Las condiciones a las que son sometidas las civetas son nefastas siendo enjauladas en pequeños recintos y privadas de cualquier compañía. La privación de la libertad conlleva comportamientos neuróticos en los animales, tales como dar vueltas de manera frenética en la jaula, morder con ansiedad los barrotes o movimientos constantes de cabeza, y depresiones que arrastran a estos pequeños felinos hasta la muerte.

Los granos de café que “elaboran” las civetas son valorados porque sólo ellas están dotadas de un proceso gástrico-intestinal, el cual, aporta un brebaje a las semillas de café que las hace únicas. El metabolismo de este mamífero es capaz de aprovechar la pulpa de la baya, pero la semilla no la digiere y la devuelve, más rica, a la tierra, según apunta la industria cafetera.

Aunque algunos granjeros afirman que las civetas son liberadas cuando llevan tres años enjauladas, una vez en libertad lo más posibles es que mueran ya que han perdido sus habilidades naturales.

«Las leyes de protección de animales salvajes en los países donde se produce el café de civeta -en su mayoría Indonesia, Filipinas y Vietnam– son pobres o difíciles de aplicar», apunta a Efe la activista, quien remarca que la mayoría de los animales son capturados de manera ilegal.

Ante el bienestar animal prevalece el beneficio económico tal y como afirma el activista de PETA: «Cuando hay demanda de un producto animal, la realidad es que el beneficio económico prevalece. A pesar de que sea imposible mantener viable esta industria colectando los granos de los animales salvajes, muchas marcas se publicitan como “origen silvestre». Ante estas acusaciones Hadi responde: «No podemos recolectar los granos en estado salvaje y procesarlos. No podríamos garantizar su calidad y definitivamente no sabría tan bueno como el de las civetas enjauladas».

El futuro de las civetas estará siempre expuesto como un maltrato. Siempre serán esclavas de su virtud.

Fuente de las imágenes: news.sofpedia.es

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